Publicado en reflexiones

Lunes 2 de diciembre

Otra semana más, cómo pasa el tiempo. Tengo tarea de escritura y el abrigo de G a medias, pero hacia las once me acercaré por el instituto, porque hoy se compra la lotería. No es más que una disculpa, una oportunidad de saludar a los compañeros que puedan estar por allí. Yo siento que ya me tocó el gordo navideño con la jubilación, no me importa el dinero.

Aunque es un hecho que ir todavía me resulta bastante raro, ajeno y sorprendente. He perdido la rutina arropadora de las semanas anteriores y me cuesta volver a encarrilarme. También debo confesar que la visita me produce una cierta desazón, algo de reparo, una curiosa incomodidad, tal vez nostalgia lejana por lo perdido.

Suena el despertador, JC estaba tan profundamente dormido que me da penita este madrugón. Tecleo en la oscuridad. Me levantaré en breve. La aprensión me asalta por un momento. El miedo, el estrés postraumático todavía me anda rondando. Pero hay que seguir. Y sigo.