Son las siete menos cinco. Oigo cómo se cierra el portón del garaje. JC se va al trabajo. Tengo la mañana por delante y ya no hay texto que revisar. Me propongo recoger el sótano para coser mis nuevos proyectos, dos abrigos para G. También he de dedicarme a algunas domesticidades, pero de eso no hablo, solo son rutina.
Ayer fui de ruta telistica y no compré, qué desastre, entretela. Tengo aquí de variadas características. Creo que la más indicada debe ser la que adquirí con una tela Chanel y no he usado nunca. Tendré que buscarla.
Sigo alterada y triste. Procuro distraer la mente, pero la ansiedad se ha disparado de nuevo. Entre las sensaciones de estrés postraumático, irrealidad y miedo, fluye también la de ser un fraude como escritora y haber embarcado a amigos en una tarea tediosa y desagradable. No son buenos momentos.
Menos mal que anoche cenamos con G y B. Al menos un par de horas de distensión. Recogimos gafas nuevas, compramos otras deportivas y un chaquetón negro muy ponible. Fue un día consumista, de telas en la mañana y de variopinteces en la tarde. Pero muy agradable la finalidad y la compañía.
Ah, que no se me olvide, ya son 154 días escribiendo aquí sin parar.