Ayer fuimos los tres a recoger las cenizas de J y se las llevamos a Ela. Estarán en su habitación, ahora vacía y silenciosa, hasta que se puedan dejar en la sierra, en primavera. La urna es biodegradable.
Hoy empezamos la semana intentando volver a la normalidad. JC ha pedido el día para gestiones y por la tarde hemos quedado con los chicos para cenar y no sé si alguna otra cosa.
Anoche lo di por acabado y envié mi manuscrito a cinco amigos, cuatro mujeres y un hombre. Serán mis lectores cero. Ya terminado el primer borrador, me siento como una impostora que les hace leer una chufa sin valor alguno. Me da hasta vergüenza.
Me angustia haber dedicado tantos meses de trabajo a este texto mediocre y no puedo evitar el miedo de ser un fraude. Pero debo someterme al escrutinio de lectores externos. Otra cosa es que no se atrevan a hacerme críticas.
Leo que muchos escritores tienen estos mi mismos sentimientos encontrados. Menos mal. No soy la única. Aunque eso no significa que me parezca a ellos en la calidad literaria.