Publicado en reflexiones

Último día de noviembre

Son las siete y media, llevo ya noventa minutos despierta, escribiendo o echando un vistazo a las noticias.

Tenemos una compañera nueva en Narrativa, una mujer encantadora, ME. A cambio, la pequeño-burguesa desagradable no ha vuelto. Al parecer ni el viernes que falté yo, por J, ni ayer. Tampoco me importaría que fuera permanente, menuda impresentable.

El profe se quedó un tanto choqueado con mis relatos breves. Esperaba más novela, pero ya no me alcanzan las fuerzas para seguir revisándola a trozos. Quizás lo necesite, pero lo haré con alguien que la lea completa. El troceado no me renta. A ver lo que me dicen mis lectores cero, especialmente de los desenlaces.

La otra compañera también estaba flaqueando. Es que ya llevamos demasiados meses en lo mismo. Yo me propongo este mes de relatos, para organizar un libro con ellos. Y empezar una nueva propuesta en enero. Ahí es na.

Pero hoy lo que prima es coser, que G sigue yendo por ahí con el abrigo horroroso. A ver si termino yo uno más razonable.