Ayer fue un curioso día de emociones relacionadas con Rodrigo. La primera de ellas, un padre «huérfilo», con esa palabra que conozco por primera vez, un absoluto sinsentido etimológico y cuya sonoridad no me gusta nada. Tuve con él una conversación telefónica y tendré alguna más.
La segunda resultó un encuentro con A, compañera de trabajo de hace más de quince años y con la que, aun viviendo en el barrio, no me había vuelto a reunir. En todo este tiempo coincidimos solo una vez, en una consulta médica, creo. Me habló del libro, que leyó y quiere que le dedique.
La tercera, la respuesta sorprendente y muy emotiva de la fotógrafa italiana que dedicó una toma a Rodrigo en un proyecto solidario y fraternal que se dedicó a nuestras víctimas en aquel país por el décimo aniversario de los atentados. Yo le escribí entonces un mensaje de agradecimiento en Facebook. Lo descubrió ayer y se sintió muy emocionada por ello. Nos comunicamos un ratito.
Tuve una mañana muy productiva con la novela, también. Hoy asumo la costura como bálsamo reparador y de contraste. Me vendrá bien.