Publicado en reflexiones

Miércoles 13 de noviembre

Ayer fue un curioso día de emociones relacionadas con Rodrigo. La primera de ellas, un padre «huérfilo», con esa palabra que conozco por primera vez, un absoluto sinsentido etimológico y cuya sonoridad no me gusta nada. Tuve con él una conversación telefónica y tendré alguna más.

La segunda resultó un encuentro con A, compañera de trabajo de hace más de quince años y con la que, aun viviendo en el barrio, no me había vuelto a reunir. En todo este tiempo coincidimos solo una vez, en una consulta médica, creo. Me habló del libro, que leyó y quiere que le dedique.

La tercera, la respuesta sorprendente y muy emotiva de la fotógrafa italiana que dedicó una toma a Rodrigo en un proyecto solidario y fraternal que se dedicó a nuestras víctimas en aquel país por el décimo aniversario de los atentados. Yo le escribí entonces un mensaje de agradecimiento en Facebook. Lo descubrió ayer y se sintió muy emocionada por ello. Nos comunicamos un ratito.

Tuve una mañana muy productiva con la novela, también. Hoy asumo la costura como bálsamo reparador y de contraste. Me vendrá bien.