El martes J estaba perfecto, ayer, sin embargo, cuando JC se acercó a verle, solo pudo intercambiar con él unas palabras. Apenas era capaz de abrir los ojos, menos aún de enterarse de lo que sucedía a su alrededor. Las respiraciones eran extrañas, muy lentas, con largos espacios entre inspiración y espiración. La doctora explicó que todo eso se debe a que su cerebro está ya muy afectado por las toxinas y se acerca el final. Esta tarde nos iremos los dos. Mañana JM y el domingo todos otra vez. Espero.
No pienses que estoy muy triste /si no me ves sonreír /es simplemente despiste /maneras de vivir.
Eso le recitó a JC hace un par de días, en un momento especialmente lúcido. Y era para que consolase a G, porque lo había visto afectado en la última visita. Que tenía que asumir que la muerte es un hecho incontestable por el que todos terminaremos pasando. Que no le importa marcharse. Que ya lo tiene todo muy meditado.
Yo seguiré la rutina de siempre, aunque me resulta extraño pensar en banalidades a estas alturas. Siento que va a coincidir todo con los días de vacaciones de G y B y ese primer viaje juntos que tuvimos que suspender. Me temo que no se irán muy lejos, ni siquiera a Alicante. Ahora toca estar de guardia.