Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Lunes 25 de mayo de 2020

Hace 37 años JC y yo estábamos tan felices en nuestro primer día como padres, contemplando a nuestro bebé… Ay.

Ha pasado más de media vida. Y Rodrigo no sigue entre nosotros. Los cumpleaños, como las fiestas señaladitas, remueven la pena, el dolor de la ausencia, las sensaciones de rabia y de injusticia. Cuesta avanzar de nuevo por la contención y la serenidad.

Tenía este lunes muy remarcado porque hoy empieza la fase 1. Ya podemos ir a cualquier tienda o bar o museo o biblioteca a cualquier hora. Con restricciones, pero podemos. Solo siguen activas las franjas horarias para deporte y paseo.

Sin embargo, la desescalada amenaza ser más caótica de lo diseñado, porque la oposición obstaculiza todo. No hay ni colaboración, ni respeto por la salud o seguridad de la ciudadanía. La bilis y la exaltación del odio están siendo azuzadas.

La unidad inicial y el rollo solidario entre los ciudadanos no les iba bien a los fascistas. En cuanto pudieron, fomentaron la división. No fueran a perder algunos seguidores. Y estamos divididos, encabronados, tensos por esa gentuza manipuladora.

Tenemos ya demasiados ejemplos de su humanidad inexistente. Usan a las víctimas de nuevo para sus fines, sin recato alguno. Sin respeto.

Qué voy a decir yo, que lo he vivido en mis carnes. Deben de mamarlo desde niños. Se llevan por delante lo que sea necesario. Si hay bajas por sus acciones o bajo su responsabilidad, se ningunean y se quita importancia al asunto, o se culpa a otros. Si las víctimas se producen en otras circunstancias, se usan para atacar al contrario.

En fin. Mala gente que camina y va apestando la tierra. Hace calor. Vuelvo a la escritura, a capítulos finales y difíciles. Esta es la semana undécima. Buenos días.

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Domingo 24 de mayo de 2020

Hoy es el cumpleaños de Rodrigo. Le cuento treinta y siete años, pero apenas veinte con nosotros. Una fecha que tenía que ser feliz, pero que desde 2004 nos hace llorar.

Aquí seguimos su padre y yo, tristes sin él en un día como hoy. Sintiendo su ausencia injusta. Con los ojos llenos de lágrimas.

Hoy es domingo, hace calor, la gente quiere salir y reunirse, llevan pocas mascarillas, hacen corros sin distancia de seguridad, porque no han entendido cuántos muertos nos ha costado esta pandemia. Porque no saben lo que duelen las ausencias.

Me rondan la tristeza y el desánimo. No las dejaré entrar. Hace calor. Es domingo. Nos acercaremos a ver a G. Buenos días.

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Sábado 23 de mayo de 2020

Otra anotación, otro fin de semana. El lunes tendremos nuevas libertades, aunque nuestra pequeña ciudad está aumentando los casos sin siquiera haber llegado a la fase 1. La gente se relaja y pierde la tensión. Veremos si no hay un retroceso.

Ayer fue un día productivo. Tengo nuevas ideas para Nina y continúo con el segundo proyecto, que todavía sigue sin título. Mañana subiré otro vídeo y avanzaré lo que pueda en los próximos, como hago los fines de semana.

Sigue el calor. En la buhardilla ya necesito el aire acondicionado. Sin embargo los jardines lucen más bonitos que otros años, las sendas, incluso con los hierbajos a medio cortar, que el ayuntamiento ya está arreglando, se ven preciosas. Tanta lluvia y el confinamiento de jardineros habían asilvestrado los alrededores, pero con un verdor hermoso. Estas temperaturas, me temo, lo agostarán todo enseguida. Qué lástima.

Son las ocho y media. Hoy sí que sí, hago 333 días escribiendo. Y mañana será el cumpleaños de Rodrigo. Ay.

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Viernes 22 de mayo de 2020

Pocos días quedan ya para acabar este tercer mes de confinamiento, algo más de una semana, y parece que nos hemos hecho a las nuevas rutinas. JC sigue confinado. No sabemos cuándo tendrá que reincorporarse. Y yo, con él, me siento mucho más que acompañada. Como toda la población está en casa, no tengo la sensación de estar fuera del mundo de los primeros meses de jubilación. Es como si se hubieran jubilado todos conmigo.

Y además resulta que tenía esbozadas suficientes actividades como para que el aislamiento no me pillase desprevenida. Y las estoy disfrutando.

Soñaba, por ejemplo, con tener tiempo para escribir y ya estoy terminando el borrador de la segunda novela. Me está cundiendo bastante. Quería subir vídeos educativos a YouTube y ya tengo tres en el canal y otros tres casi terminados. Bien es cierto que no he avanzado mucho en edición de vídeo, pero todo llegará.

Lamento, sin embargo, no haber seguido con las sesiones de baile y de bici. Deberíamos volver. Aunque nos han servido mucho, porque tenemos totalmente interiorizados los pasos que aprendimos juntos. Ya no se nos olvidan.

Hoy, como todos los viernes, tengo Taller de Proyectos Narrativos y dos capítulos para compartir en él. Por la tarde, también, una reunión con el corrector. La cosa se va poniendo interesante.

Han subido las temperaturas hasta más de 30°C, el calor me entontece y molesta mucho. Espero que no se instale todavía y vuelva a bajar. Llevamos mascarillas para nuestro paseo diario, desde hoy de forma obligatoria. La verdad es que resultan un agobio respiratorio, pero también que van genial contra los pólenes. Esta primavera tan lluviosa se han multiplicado exponencialmente, así que las mascarillas nos vienen genial. Son los pobres ojos los únicos que ahora sufren la alergia más directamente.

Son las seis y media. Llevo 332 días seguidos escribiendo en este blog. Mañana haré un número verdaderamente muy redondo. Espero acordarme de esos tres treses. Buenos días.

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Jueves 21 de mayo de 2020

Me he despertado a las cuatro, en medio de una pesadilla. Tenía que volver al instituto y con un horario infame. Ni siquiera podía elegir niveles, todo estaba hecho de antemano. Nos habían devuelto a las aulas a los pensionistas. Como si no hubiera suficientes profes jóvenes y en el paro necesitados de trabajar.

Son las seis. Después de leer las noticias del día, se me cierran los ojos. A ver si consigo dormir un poco más.

Nada. Imposible. En fin, ya subí mi tercer vídeo a YouTube, tengo capítulo y medio para mañana y tres vídeos más casi terminados. Lo único en que voy mal es en ansiedad y en que la dieta no prospera. Un paseo diario no debe de ser suficiente para quemar lo que necesito. Un tostón.

Sigo sintiendo sueño, aunque cuando intento dormir, no lo consigo. Intentaré estar calmada un rato, de algo servirá, supongo.

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Miércoles 20 de mayo de 2020

Hoy se me ha hecho más tarde, son las ocho y media, porque anoche no conseguía coger el sueño. Acabo de leer el periódico y me propongo seguir con la novela.

Ayer se me fue el día entre la salida a la compra y unos repasos de PowerPoint, así que tengo que ponerme a ello ya.

El viernes tengo día literario, con el Taller por la mañana y la revisión de Nina por la tarde. Va a ser intenso. Sigo esperando los libros de la actualización terminológica de la RAE, llegarán entre hoy y el lunes, dicen. Otra cosa que hacer luego, obviamente, será estudiarlos. Ya contaré.

Cada tarde damos un paseo, y seguimos aplaudiendo aunque pensábamos dejarlo el domingo pasado. Pero es que todavía oímos a otros que lo hacen. Y mientras se oigan a nuestro alrededor, nosotros seguimos.

Hoy mi madre habría cumplido 89 años y yo hago un número redondo, 330 días, de escritura continuada.

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Martes 19 de mayo de 2020

A las 7:38 de una mañana soleada y más cálida que las anteriores, me propongo salir a comprar víveres, como todas las semanas.

He escrito un capítulo y empezado el siguiente. Me sale con más fluidez. Hubo momentos en las primeras semanas en que escribir cuatro carillas me costaba muchísimo y ahora lo hago en media mañana. Se me acaba la novela. Creo que me quedan tres capítulos. Me van a sobrar sesiones de junio o reviso título, inicio y final, progresión del protagonista, etc. Incluso planteo nuevo proyecto para empezar otro en el verano.

Espero libros con las novedades gramaticales de la RAE para que mis vídeos no se queden obsoletos nada más empezar. Estoy motivada para seguir avanzando.

La dieta regular, no por comer mucho, sino porque no bajo de peso y sí aumento de volumen. Me pesa el trasero. Salgo a pasear cada día, pero no debe de ser suficiente. Intentaré unos días más estrictos de forma alternativa.

Tengo que encargar un ramo para nuestra ahijada, que cumple en pocos días. Me pongo a ello. Ta luek.

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Lunes 18 de mayo de 2020

Empezamos la décima semana. Después de un finde de estreno del canal de YouTube. Subí dos vídeos. Tengo otros dos preparados y otro par a medias. Para darme un margen de publicación que no me agobie.

Pero hoy debo volver a la novela. Y me cuesta hacer esas transiciones de una actividad a otra. Me obligo a pensar en una próxima secuencia, en su personaje, y no se me ocurre nada.

Ayer me salté la dieta y comí pan y palomitas. Hoy regreso a la senda de la contención. Ayer dimos el último aplauso, el doble de largo. Y un paseo corto, porque nos agobia encontrarnos con tanta gente. Y vimos media temporada de El último reino. Es la última serie que nos tiene atrapados. Aunque la inverosimilitud empieza a molestarnos, nuestro frikismo todavía nos mantiene. Y lo que leímos sobre el autor en la Wikipedia, que nos hizo mucha gracia:

«Tras trabajar para la BBC, se trasladó a Estados Unidos donde comenzó las sagas históricas por las que se ha hecho famoso. Según Cornwell la decisión de escribir procede de una necesidad estrictamente económica: al no tener tarjeta de residente, solo la actividad intelectual le estaba permitida para ganarse la vida dentro de la legalidad.»

Jajajajaja. Estiró entonces el filón del personaje y un ambiente histórico que conoce. Me encantan los protagonistas porque casi todos tienen una faceta desagradable muy bien conseguida.

Informe final: son las ocho menos cuarto, luce el sol, suben las temperaturas y me tocan tinte y ducha todavía antes de sentarme a escribir. A media mañana también un poco de limpieza casera. Buenos días.

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Domingo 17 de mayo de 2020

Son las siete. Veo moverse las hojas del pruno de delante, hace el mismo viento que anoche, en el paseo, rebajaba la sensación térmica. Hoy parece, por el contrario, que no lloverá, que se inicia la escalada de temperaturas. Y que superaremos los veintes y en tres o cuatro días los treinta grados centígrados. Vuelve el calor. No me disgustaba el clima gris y templado, veremos qué tal nos va el nuevo.

Hoy me he propuesto subir dos vídeos. Me puede la vergüenza escénica y el síndrome del impostor. JC me dice que YouTube está lleno de cantamañanas y materiales malísimos sin autocrítica alguna. Me insiste en que yo tengo no solo algo que contar, sino solvencia. Se lo agradezco. Pero me sigo sintiendo absurda.

Sin embargo en algún momento debo empezar. Ya he dedicado horas a ese proyecto y lo he anunciado. He buscado otros y tampoco son gran cosa. En mi gremio mis materiales son bastante aceptables. Y, sobre todo, si los continúo y llegan a ser un curso completo. Además, llevo años dándole vueltas a este proyecto.

Así que me pongo a la tarea. Buenos días.

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Sábado 16 de mayo de 2020

Son las siete y veinte, empieza otra mañana gris. Hace poco vi en Facebook un recuerdo del año pasado en que me quejaba de la corrección de exámenes y del calor. Esta primavera sigue extrañamente lluviosa. A cambio, como es de esperar, las plantas están encantadas y bellísimas, da igual que sean árboles, flores o césped.

Quedan seis semanas de Taller y vídeo conferencias. La pandemia se va a extender en el tiempo y yo ya no me planteo dos horas de viaje en transporte público para llegar hasta la sede. Tampoco me apetece volver a algo online, que es muy frío y distante. Tengo un corrector contratado para mi primera novela y si me gusta su trabajo puedo pedirle más ayudas con otros textos. Es un as que me guardo en la manga.

Aunque puedo hacerlo sola, me viene bien tener un contrapeso. Me gustaría más un equipo de trabajo, pero a ver dónde lo encuentro. La constancia no abunda, por lo que veo.

Ayer salí a pasear por la mañana. Quizá debería hacerlo hoy también. Luego volveré a mis vídeos. Que ya va tocando publicar. Y ver si mis esfuerzos sirven para algo o son trabajo inútil.

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Viernes 15 de mayo de 2020 San Isidro

Semana novena y sin visos de salida de la fase 0 en Madrid. La presidenta se dedica a las fotos y el postureo, pero no avanza en los mínimos sanitarios imprescindibles. Los recortes de largos años no se redimen con cuatro banalidades. Y menos aún si la intención es hacerlos provisionales y desmontables. O ni eso, porque asegura que contratará el personal necesario pero no llega a hacerlo, esperando que una promesa vaga sea suficiente.

Hoy es viernes y tengo mi vídeo conferencia de Narrativa, el único hito que rompe la rutina. Llevo más de tres mil palabras, dos capítulos. Y, según mis planes, solo me quedan cuatro más, entre ocho o diez mil palabras. A ver si consigo terminar.

Ya solo somos tres alumnas y el profe. En realidad las otras dos son de la casa, con lo que soy la única que ha permanecido trabajando hasta ahora. L revisa una novela ya escrita, C y yo avanzamos semanalmente. Como unas campeonas. No sé si nos darán las sesiones para plantear el final a las dos. En mi caso, voy a hacer lo posible.

Son las siete y media. Me propongo darme un baño e incluso lanzarme a pasear antes de las nueve, que es el plazo para paseos de mi edad y condición. Buenos días.