Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Jueves 14 de mayo de 2020

Son las 7:24, hoy amanezco más tarde, aún no leí el diario. Llueve.

La novela va ya totalmente encarrilada, la terminaré en unas 10000 palabras. Y creo que que ya está casi todo previsto. Los vídeos con PowerPoint van también adelante.

Ayer salimos a dar un paseo y vimos a G. Mi rodilla todavía se resiente a veces. La dieta se estanca por la falta de actividad física, yo persisto, y la pérdida va muy despacio, con altibajos. Como todo el tiempo de cuarentena.

Me repito en mis apuntes porque no hay nada nuevo. Y no me quejo. Mejor esta monotonía que otro susto y otra pena. Virgencita que me quede como estoy.

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Miércoles 13 de mayo de 2020

Son las siete y cuarto, he leído las noticias, apunto aquí unas líneas y me propongo terminar un capítulo que tengo casi a puntito de caramelo. Últimamente escribo con más fluidez.

Ayer fuimos a la compra, por primera vez en ocho semanas podíamos ir juntos en el coche. Cargamos un carro cada uno. JC de botellas y yo de comida. Las largas colas para pagar en la caja fueron lo peor. Se nota más público y las medidas de distanciamiento ralentizan mucho.

Las calles también se ven mucho más llenas. Y va casi todo el mundo con mascarilla incluso en el paseo. Me pregunto cómo será esa nueva normalidad los próximos meses. Tengo la sensación de que un porcentaje de gente cree que el final ya está casi conseguido y se relaja demasiado. La actitud camorrista y reventadora de la derecha propicia la irresponsabilidad de sus seguidores. De la inflamación del odio y la mala baba, mejor ni hablamos, para que no nos infecte como a ellos.

Hoy, trece de mayo, pero en 1984, Rodrigo se lanzó a andar. Lo recuerdo porque mi madre estaba en la escena. Se pasó la mañana cantando la canción de la Virgen de Fátima y que le parecía una maravillosa coincidencia.

Ay, Rodrigo.

Buenos días, ayer llovió lo indecible, hoy parece que habrá nubes y claros. Bajan la curva de la pandemia, el número de fallecidos y de nuevos infectados. Llevo 323 días seguidos escribiendo en este blog.

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Martes 12 de mayo de 2020

Hoy tampoco se me ocurren demasiadas cosas que escribir aquí. Son las siete y media, llevo una hora leyendo el periódico, lo usual desde el confinamiento.

Después de ir a la peluquería, luzco una melena más corta y arregladita. No me corría prisa, aún estaba muy decente, porque mi pelo aguanta meses y meses bastante bien.

Qué paradojas vitales, los rizos que tanto me torturaban de niña ahora son una suerte y la envidia de muchos. Y ser miope, que también me angustió la adolescencia, cuando me surgieron las pocas dioptrías que me asolan, resulta que me ha dotado de excelente visión de cerca.

Para JC, sin embargo, era imprescindible. Había adquirido no solo un largo feote, sino un volumen tipo Beatles en los 60. Solo al verle con su aspecto cuidado de siempre me doy cuenta de que le hacía cabezón y le envejecía mucho. Además de que tenía ya un aspecto desastrado impresentable para volver al trabajo. Vuelve a ser él mismo. El corte, por fin, lo ha devuelto a la normalidad. Jajajajaja.

Esta mañana tocan gestiones de piscina y compra. He avanzado medio capítulo de la novela, a ver si lo termino. Y tengo bastante claros los siguientes tres. El de las explicaciones finales no lo veo suficientemente claro aún. Pero no nos apresuremos, cada día su afán.

Buenos días, me pongo a la tarea.

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Lunes 11 de marzo de 2020

Hoy tenemos peluquería, menos mal. Y vuelvo a la actividad escribidora después del fin de semana youtuber.

Ya sé hacer miniaturas para mi canal y he hecho la primera. He subido un vídeo de prueba, en privado, y tengo nuevos retos que superar. Ufffffff. No me rindo.

Pocas cosas más puedo añadir. B nos gestionará la recogida de una mascarilla para cada uno. Aplaudiremos a las ocho. Y no haré bici porque todavía se me resiente la rodilla. Aguanto con una dieta que no me funciona mucho, supongo que porque no quemo lo suficiente. Persevero, no me rindo, como equilibrado y poco. Me consuelo con el lema «al menos no engordar.»

Empieza la semana novena. A por ella. .

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Domingo 10 de mayo de 2020

Sé que es repetirme, pero cada vez que escribo la fecha me impacta constatar el paso del tiempo. Ya han pasado nueve días de mayo, como se nos marcharon los últimos de marzo y al completo los de abril. Tempus fugit ineluctabile.

Leo en La Vanguardia que en el ejército se están preparando para dos rebrotes de esta pandemia maldita, uno a finales de otoño y otro en el invierno siguiente. Yo contaba con el primero, no se me ocurría un segundo, aunque, bueno, podría ser. Mi estupefacción fue que no quedaba claro si se refería al año 2021 o al 2022. Jopletas, ¿tanto tiempo? La nueva normalidad que nos espera va a ser más ardua de lo que imaginé.

Estamos en fin de semana así que me centro en mis afanes PowerPoint. Pero también voy madurando cómo avanzar la novela. No le quedan muchos capítulos, pero son los más cruciales. Y los más difíciles de escribir. Lo que más complicado me resulta es darle voz a mi malvado particular. Para ello necesito pensar como un tipo embrutecido por el alcohol. Llega a ser doloroso. Y quién me manda a mí sufrir por capricho escribidor… Es lo que me pasa por meterme en estos fregados. En el pecado llevo la penitencia.

No he vuelto al ejercicio, tampoco salimos a pasear. Nos hemos acostumbrado a quedarnos en casa. Sin embargo iré a la compra el lunes o el martes. Y a la peluquería. Incluso a la piscina para conseguir los nuevos carnets, pues toca renovarlos este año. Me propongo recobrar los buenos hábitos de bici y bailes. Y paseantes, vale, prometido. Puede que suene a disculpa barata, pero es que las calles agobiadas de gente no invitan a caminar.

Son las 7:15. Llevo 320 apuntes seguidos en este diario. La mañana se muestra gris, con amenazas de lluvia. Buenos días.

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Sábado 9 de mayo de 2020

Son las 7:20, acabo de escribirle a Rodrigo en su bitácora, todavía no he leído las noticias, pero ya sabemos desde ayer que nuestra comunidad autónoma no pasa aún a la fase 1 de desescalada.

Madrid no cumple los requisitos técnicos. Todavía tiene las UCIs muy llenas y la atención primaria está desmantelada. La pésima gestión de la presidencia nueva se suma a los recortes estructurales y continuados de muchos años. Se vio en el pico alto de la pandemia y no puede volver a pasar.

Seguimos, entonces, confinados, con tiempos estrictos y por rango de edad para salir a hacer deporte o a pasear. Eso significa que seguimos sin poder ir a casa de G, o ellos a la nuestra, aunque podemos hablarnos de lejos.

La novela avanza. Las presentaciones PowerPoint también. A veces estoy más animada, otras ansiosa, también harta. Y aquí seguimos, JC y yo, contentos de estar juntos. Jugando a ser jubilautas . Comprobando que nos apetece a los dos.

Hoy 319 días de escritura. Será una jornada de buen tiempo. Me pongo con el periódico, hasta luego.

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Viernes 8 de mayo de 2020

Son las siete y media. He leído el periódico un rato largo, me desperté pronto y ando un poco alterada.

Supongo que mi organismo echa de menos la actividad física, los kilómetros de bici y los minutos de baile diarios que ya no hago. Desde hace once días. Tengo que volver a los entrenamientos. Mi rodilla ya no se queja y se hace urgente porque la báscula suma gramos a mi peso.

Hoy tengo la vídeo conferencia de cada viernes. Llevo, por fin, un capítulo de adelanto. O dos. Y además avanzo mucho en la creación de vídeos educativos. Eso me anima a seguir con esas dos tareas creativas.

Salimos poco, seguimos igual de confinados, sin hacer uso de la hora de paseo. Se nos ha perdido la costumbre y nos encontramos bien en casa. Además ya queda poco.

He perdido la cuenta de las semanas que llevamos, creo que estamos en la octava. Este diario me obliga a reflexionar sobre el paso del tiempo. Al escribir la fecha fijo la atención en ella y me hago consciente del día en que vivo. Llevo ya muchos anotando mis sucesos cotidianos. Acabo de comprobarlo, son 318, qué barbaridad.

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Jueves 7 de mayo de 2020

Son las ocho. Llevo una hora leyendo el periódico, lo usual desde la nueva situación. Y es un lujo, un verdadero placer no tener prisa. Lo vengo disfrutando desde que me jubilé, pero es que ahora que JC no tiene que irse al trabajo, más aún.

Puede ser que deba reincorporarse el lunes. Estamos pendientes de saberlo. Estos dos meses juntitos, sin embargo, los hemos vivido con serenidad y agradeciendo la mutua compañía. No hay queja de ninguna clase. Seguramente le voy a echar de menos. Pero no me quejo, que tiene horario de mañana y regresa a la hora de comer y ya tenemos toda la tarde para los dos.

Ayer no hice nada especial, leerme el manuscrito entero otra vez. Encargar una valoración para el primer proyecto y prepararlo para ello. Monear por la Red. Hoy creo que debo intentar volver a mis sesiones de baile, a ver qué tal responde la rodilla.

Y poco más. Escribir, adelantar trabajo de diapositivas, alguna de las domesticidades típicas… Ufffffff, las ocho y media. Allá voy.

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Miércoles 6 de mayo de 2020

Tenía una canción en la cabeza cuando fui al baño, medio dormida. La vida es bella. Me he despertado emocionada y contenta, con un chute de energía, gracias a ello.

Se la he mandado a mi querida amiga Marga, que lleva una temporada roma, de esas que nos dejan el ánimo desarbolado. Seguro que nuestros hijos celestiales han tenido algo que ver.

He leído las noticias. Sigo animosa a pesar de ellas. Hasta me he propuesto llamar a la peluquería y ver para cuándo me darán citas. Y lo escribo en plural. Para JC y para mí. Resulta que su peluquera de los últimos veinte años está en un ERTE. JC no quiere acudir si le atiende la jefa esclavista, profesional más burda que inteligente. Con ella no.

Llevo hora y media moneando entre leer las noticias y escribir estas notas diarias. La novela avanza, ayer tuve buena inspiración. Mi rodilla va estupenda. Volvimos a pasear hasta la casa de G y B. Charlamos con ellos a distancia y con mascarillas. Echamos de menos darnos un abrazo. Y hoy nos proponemos volver a bailar.

Las 7:59. Me lanzo al nuevo día. Con la emoción y la fuerza de la música que me llegó hace un rato.

https://g.co/kgs/QbVLQ1

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Martes 5 de mayo de 2020

Son las 6:25. Me desperté demasiado pronto. Me echo un sueñecito y ya regreso luego.

Las 7:33 y sin poder pegar ojo he subido a la buhardilla para concluir este post. Poco se me ocurre después de mi largo escrito de ayer. Lo único reseñable es que llegó por correo, y con un mes de retraso, el DVD que SEFF editó sobre el acto al que nos invitaron por el Día Europeo de Reconocimiento de las Víctimas del Terrorismo. Y que fue emocionante volver a ver algunos fragmentos. Acababa, por cierto, de escribir un artículo para la revista de la Aso, sin mucha alegría además. Así que fue como un reconocimiento. Externo, sí, pero igualmente gratificante.

Mi rodilla va bien, incluso bajando las dosis de ibuprofeno. Lo hago paulatinamente. Por lo que hoy, que hace una semana, espero poder dejarlo en una única dosis por la noche. Volveré a la compra, esta vez con más cuidadito, aunque no tengo que cargar peso, como la anterior, así que supongo que será fácil.

La desescalada va volviendo osadas a algunas gentes. Los politicastros de la oposición intentan tumbar al gobierno aunque eso suponga muertes. Ya las han provocado sus recortes previos y ni se inmutan. Otras crisis gestionadas por el PP (Prestige, Yakovlev, 11M, metro de Valencia, Madrid Arena) demuestran que no les importa llevarse víctimas por delante. Es triste, pero no se puede esperar otra cosa de ellos. Son el escorpión de la fábula.

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Lunes 4 de mayo de 2020

Supongo que hoy puede ser el último lunes en confinamiento. El paseo de ayer nos mostró a mucha gente por la calle y, sobre todo, a una cierta cantidad de jóvenes reuniéndose sin distancias, sin mascarillas, como si lo de la pandemia ya estuviese resuelto. Es como si pensaran que podemos volver a lo de antes. Solo a ratos, pero lo de antes. Ay, Señor, y el virus sigue ahí con su capacidad de transmisión intacta. Menos mal que no tengo que volver a aulas masificadas, que exponerme a esos contagios de los últimos años. Me he ido muy a tiempo.

Mi rodilla va bien, doy paseos sin problemas. Otra cosa es la bicicleta. Y el baile. Todavía no los practico. Pero inicié una desescalada también de antiinflamatorios. Jajajajaja. Espero volver pronto a un ejercicio razonable. Sigo comiendo poco y equilibrado, menos algún lujo el día de mi cumpleaños. No bajo demasiado, desde luego no lo deprisa que me gustaría, pero no tengo muchas más opciones.

En cuanto a mis tareas cotidianas de creación, avanzo despacio el asunto de las presentaciones PowerPoint, y no sé cómo seguir con los últimos capítulos de la novela. Le queda poco, se va volviendo más difícil porque todo debe cuadrar. Tengo páginas avanzadas respecto a la próxima entrega. Y voy solventando cosas sobre la marcha, las últimas. Ya superé, por fin, las 20,000 palabras. Supongo que no llegaré a 40,000.

Estoy en la fase final, la de picar piedra, porque ya no es demasiado interesante, ya no es adentrarse en lo desconocido y muy creativo. Es como volver de una excursión, que está una cansada, ya se pasó la adrenalina de hacer cumbre, no quedan bocadillos, llevas poca agua y hay que caminar unos kilómetros todavía para llegar a casa.

Y me atrapa una cierta desidia respecto a qué hacer con ella cuando la termine. Ya tengo otra acabada, esperando no sé muy bien qué. Así que cuando me entra la pereza, me digo que para qué seguir, si es una mediocridad que nunca verá la luz.

Claro que tampoco me esfuerzo en buscarles salida a mis textos. Me da una pereza infinita promocionarlos, buscar editores, autopublicar… Con la que está cayendo no creo que las editoriales estén para muchas alharacas lo que queda de año. Ya veremos, por ejemplo, lo que me cuentan los de Urano y las regalías, pospuestas por el confinamiento.

Sé que hay muchas empresas diminutas, bastantes son incluso unipersonales. No escribo mal, sería cosa de que a alguien le gustase y viera interesante lo que cuento. Pero me falta vanidad. O afán de protagonismo. O confianza en mi valía. O ambición, ansia de lucimiento, no sé. No me falla la constancia de escribir cada día, pero sí la de llamar a tantas puertas.

A lo peor es que me sobra orgullo, que me incomoda irles mendigando atención a tantos desconocidos. Con el libro de Rodrigo me impulsaban el amor por él, la necesidad de que se hicieran públicas su historia y su recuerdo. Quería dejar la memoria de lo sucedido. Y ahora, por comparación, cualquier escrito mío es una frivolidad vergonzante.

Solo escribo. Y cuento lo que quiero dejar como legado. Son hechos críticos, basados en impresiones y recuerdos. Poca cosa, poca enjundia. No creo que sea tampoco un género novelesco de moda, últimamente lo que peta es la novela negra. Bueno, la romántica nunca se fue. Y la histórica también sigue en alza.

Aunque ¿para qué? Hay miles de ilusos como yo inundando el mercado de manuscritos malísimos. Puedo intentar algún premio, sin ninguna confianza, con menos esperanza aún.

Porque no sé si mis textos sirven para algo en esta locura de mundo. Les dedico esfuerzo y tiempo. Necesito tener un objetivo, esa función sí la cumplen. Luego me pregunto a mí misma ¿si yo hubiese acabado ya mi papel en este mundo, sería eso todo lo que puedo y quiero dejar? Y no lo sé. De momento me parece una herencia muy mediocre. Pero solo soy un grano de arena en el desierto, polvo en el viento. No nací para perdurar.

Vale, me gustaría terminar mis diapositivas y redactar algunas novelas más. Lo que llevo no me parece todavía suficiente. Ahí sí soy ambiciosa. Por eso sigo. Si pongo mis energías más en la producción durante algún tiempo tampoco pasa nada. Me doy permiso, entonces. De promociones posibles ya veré más adelante. Esto es todo. De momento. Son las 7:09. Hace calor. Empieza un nuevo día.