Supongo que hoy puede ser el último lunes en confinamiento. El paseo de ayer nos mostró a mucha gente por la calle y, sobre todo, a una cierta cantidad de jóvenes reuniéndose sin distancias, sin mascarillas, como si lo de la pandemia ya estuviese resuelto. Es como si pensaran que podemos volver a lo de antes. Solo a ratos, pero lo de antes. Ay, Señor, y el virus sigue ahí con su capacidad de transmisión intacta. Menos mal que no tengo que volver a aulas masificadas, que exponerme a esos contagios de los últimos años. Me he ido muy a tiempo.
Mi rodilla va bien, doy paseos sin problemas. Otra cosa es la bicicleta. Y el baile. Todavía no los practico. Pero inicié una desescalada también de antiinflamatorios. Jajajajaja. Espero volver pronto a un ejercicio razonable. Sigo comiendo poco y equilibrado, menos algún lujo el día de mi cumpleaños. No bajo demasiado, desde luego no lo deprisa que me gustaría, pero no tengo muchas más opciones.
En cuanto a mis tareas cotidianas de creación, avanzo despacio el asunto de las presentaciones PowerPoint, y no sé cómo seguir con los últimos capítulos de la novela. Le queda poco, se va volviendo más difícil porque todo debe cuadrar. Tengo páginas avanzadas respecto a la próxima entrega. Y voy solventando cosas sobre la marcha, las últimas. Ya superé, por fin, las 20,000 palabras. Supongo que no llegaré a 40,000.
Estoy en la fase final, la de picar piedra, porque ya no es demasiado interesante, ya no es adentrarse en lo desconocido y muy creativo. Es como volver de una excursión, que está una cansada, ya se pasó la adrenalina de hacer cumbre, no quedan bocadillos, llevas poca agua y hay que caminar unos kilómetros todavía para llegar a casa.
Y me atrapa una cierta desidia respecto a qué hacer con ella cuando la termine. Ya tengo otra acabada, esperando no sé muy bien qué. Así que cuando me entra la pereza, me digo que para qué seguir, si es una mediocridad que nunca verá la luz.
Claro que tampoco me esfuerzo en buscarles salida a mis textos. Me da una pereza infinita promocionarlos, buscar editores, autopublicar… Con la que está cayendo no creo que las editoriales estén para muchas alharacas lo que queda de año. Ya veremos, por ejemplo, lo que me cuentan los de Urano y las regalías, pospuestas por el confinamiento.
Sé que hay muchas empresas diminutas, bastantes son incluso unipersonales. No escribo mal, sería cosa de que a alguien le gustase y viera interesante lo que cuento. Pero me falta vanidad. O afán de protagonismo. O confianza en mi valía. O ambición, ansia de lucimiento, no sé. No me falla la constancia de escribir cada día, pero sí la de llamar a tantas puertas.
A lo peor es que me sobra orgullo, que me incomoda irles mendigando atención a tantos desconocidos. Con el libro de Rodrigo me impulsaban el amor por él, la necesidad de que se hicieran públicas su historia y su recuerdo. Quería dejar la memoria de lo sucedido. Y ahora, por comparación, cualquier escrito mío es una frivolidad vergonzante.
Solo escribo. Y cuento lo que quiero dejar como legado. Son hechos críticos, basados en impresiones y recuerdos. Poca cosa, poca enjundia. No creo que sea tampoco un género novelesco de moda, últimamente lo que peta es la novela negra. Bueno, la romántica nunca se fue. Y la histórica también sigue en alza.
Aunque ¿para qué? Hay miles de ilusos como yo inundando el mercado de manuscritos malísimos. Puedo intentar algún premio, sin ninguna confianza, con menos esperanza aún.
Porque no sé si mis textos sirven para algo en esta locura de mundo. Les dedico esfuerzo y tiempo. Necesito tener un objetivo, esa función sí la cumplen. Luego me pregunto a mí misma ¿si yo hubiese acabado ya mi papel en este mundo, sería eso todo lo que puedo y quiero dejar? Y no lo sé. De momento me parece una herencia muy mediocre. Pero solo soy un grano de arena en el desierto, polvo en el viento. No nací para perdurar.
Vale, me gustaría terminar mis diapositivas y redactar algunas novelas más. Lo que llevo no me parece todavía suficiente. Ahí sí soy ambiciosa. Por eso sigo. Si pongo mis energías más en la producción durante algún tiempo tampoco pasa nada. Me doy permiso, entonces. De promociones posibles ya veré más adelante. Esto es todo. De momento. Son las 7:09. Hace calor. Empieza un nuevo día.