Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Jueves 7 de mayo de 2020

Son las ocho. Llevo una hora leyendo el periódico, lo usual desde la nueva situación. Y es un lujo, un verdadero placer no tener prisa. Lo vengo disfrutando desde que me jubilé, pero es que ahora que JC no tiene que irse al trabajo, más aún.

Puede ser que deba reincorporarse el lunes. Estamos pendientes de saberlo. Estos dos meses juntitos, sin embargo, los hemos vivido con serenidad y agradeciendo la mutua compañía. No hay queja de ninguna clase. Seguramente le voy a echar de menos. Pero no me quejo, que tiene horario de mañana y regresa a la hora de comer y ya tenemos toda la tarde para los dos.

Ayer no hice nada especial, leerme el manuscrito entero otra vez. Encargar una valoración para el primer proyecto y prepararlo para ello. Monear por la Red. Hoy creo que debo intentar volver a mis sesiones de baile, a ver qué tal responde la rodilla.

Y poco más. Escribir, adelantar trabajo de diapositivas, alguna de las domesticidades típicas… Ufffffff, las ocho y media. Allá voy.