Tenía una canción en la cabeza cuando fui al baño, medio dormida. La vida es bella. Me he despertado emocionada y contenta, con un chute de energía, gracias a ello.
Se la he mandado a mi querida amiga Marga, que lleva una temporada roma, de esas que nos dejan el ánimo desarbolado. Seguro que nuestros hijos celestiales han tenido algo que ver.
He leído las noticias. Sigo animosa a pesar de ellas. Hasta me he propuesto llamar a la peluquería y ver para cuándo me darán citas. Y lo escribo en plural. Para JC y para mí. Resulta que su peluquera de los últimos veinte años está en un ERTE. JC no quiere acudir si le atiende la jefa esclavista, profesional más burda que inteligente. Con ella no.
Llevo hora y media moneando entre leer las noticias y escribir estas notas diarias. La novela avanza, ayer tuve buena inspiración. Mi rodilla va estupenda. Volvimos a pasear hasta la casa de G y B. Charlamos con ellos a distancia y con mascarillas. Echamos de menos darnos un abrazo. Y hoy nos proponemos volver a bailar.
Las 7:59. Me lanzo al nuevo día. Con la emoción y la fuerza de la música que me llegó hace un rato.