Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Martes 5 de mayo de 2020

Son las 6:25. Me desperté demasiado pronto. Me echo un sueñecito y ya regreso luego.

Las 7:33 y sin poder pegar ojo he subido a la buhardilla para concluir este post. Poco se me ocurre después de mi largo escrito de ayer. Lo único reseñable es que llegó por correo, y con un mes de retraso, el DVD que SEFF editó sobre el acto al que nos invitaron por el Día Europeo de Reconocimiento de las Víctimas del Terrorismo. Y que fue emocionante volver a ver algunos fragmentos. Acababa, por cierto, de escribir un artículo para la revista de la Aso, sin mucha alegría además. Así que fue como un reconocimiento. Externo, sí, pero igualmente gratificante.

Mi rodilla va bien, incluso bajando las dosis de ibuprofeno. Lo hago paulatinamente. Por lo que hoy, que hace una semana, espero poder dejarlo en una única dosis por la noche. Volveré a la compra, esta vez con más cuidadito, aunque no tengo que cargar peso, como la anterior, así que supongo que será fácil.

La desescalada va volviendo osadas a algunas gentes. Los politicastros de la oposición intentan tumbar al gobierno aunque eso suponga muertes. Ya las han provocado sus recortes previos y ni se inmutan. Otras crisis gestionadas por el PP (Prestige, Yakovlev, 11M, metro de Valencia, Madrid Arena) demuestran que no les importa llevarse víctimas por delante. Es triste, pero no se puede esperar otra cosa de ellos. Son el escorpión de la fábula.