Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Martes 19 de mayo de 2020

A las 7:38 de una mañana soleada y más cálida que las anteriores, me propongo salir a comprar víveres, como todas las semanas.

He escrito un capítulo y empezado el siguiente. Me sale con más fluidez. Hubo momentos en las primeras semanas en que escribir cuatro carillas me costaba muchísimo y ahora lo hago en media mañana. Se me acaba la novela. Creo que me quedan tres capítulos. Me van a sobrar sesiones de junio o reviso título, inicio y final, progresión del protagonista, etc. Incluso planteo nuevo proyecto para empezar otro en el verano.

Espero libros con las novedades gramaticales de la RAE para que mis vídeos no se queden obsoletos nada más empezar. Estoy motivada para seguir avanzando.

La dieta regular, no por comer mucho, sino porque no bajo de peso y sí aumento de volumen. Me pesa el trasero. Salgo a pasear cada día, pero no debe de ser suficiente. Intentaré unos días más estrictos de forma alternativa.

Tengo que encargar un ramo para nuestra ahijada, que cumple en pocos días. Me pongo a ello. Ta luek.

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Lunes 18 de mayo de 2020

Empezamos la décima semana. Después de un finde de estreno del canal de YouTube. Subí dos vídeos. Tengo otros dos preparados y otro par a medias. Para darme un margen de publicación que no me agobie.

Pero hoy debo volver a la novela. Y me cuesta hacer esas transiciones de una actividad a otra. Me obligo a pensar en una próxima secuencia, en su personaje, y no se me ocurre nada.

Ayer me salté la dieta y comí pan y palomitas. Hoy regreso a la senda de la contención. Ayer dimos el último aplauso, el doble de largo. Y un paseo corto, porque nos agobia encontrarnos con tanta gente. Y vimos media temporada de El último reino. Es la última serie que nos tiene atrapados. Aunque la inverosimilitud empieza a molestarnos, nuestro frikismo todavía nos mantiene. Y lo que leímos sobre el autor en la Wikipedia, que nos hizo mucha gracia:

«Tras trabajar para la BBC, se trasladó a Estados Unidos donde comenzó las sagas históricas por las que se ha hecho famoso. Según Cornwell la decisión de escribir procede de una necesidad estrictamente económica: al no tener tarjeta de residente, solo la actividad intelectual le estaba permitida para ganarse la vida dentro de la legalidad.»

Jajajajaja. Estiró entonces el filón del personaje y un ambiente histórico que conoce. Me encantan los protagonistas porque casi todos tienen una faceta desagradable muy bien conseguida.

Informe final: son las ocho menos cuarto, luce el sol, suben las temperaturas y me tocan tinte y ducha todavía antes de sentarme a escribir. A media mañana también un poco de limpieza casera. Buenos días.

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Domingo 17 de mayo de 2020

Son las siete. Veo moverse las hojas del pruno de delante, hace el mismo viento que anoche, en el paseo, rebajaba la sensación térmica. Hoy parece, por el contrario, que no lloverá, que se inicia la escalada de temperaturas. Y que superaremos los veintes y en tres o cuatro días los treinta grados centígrados. Vuelve el calor. No me disgustaba el clima gris y templado, veremos qué tal nos va el nuevo.

Hoy me he propuesto subir dos vídeos. Me puede la vergüenza escénica y el síndrome del impostor. JC me dice que YouTube está lleno de cantamañanas y materiales malísimos sin autocrítica alguna. Me insiste en que yo tengo no solo algo que contar, sino solvencia. Se lo agradezco. Pero me sigo sintiendo absurda.

Sin embargo en algún momento debo empezar. Ya he dedicado horas a ese proyecto y lo he anunciado. He buscado otros y tampoco son gran cosa. En mi gremio mis materiales son bastante aceptables. Y, sobre todo, si los continúo y llegan a ser un curso completo. Además, llevo años dándole vueltas a este proyecto.

Así que me pongo a la tarea. Buenos días.

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Sábado 16 de mayo de 2020

Son las siete y veinte, empieza otra mañana gris. Hace poco vi en Facebook un recuerdo del año pasado en que me quejaba de la corrección de exámenes y del calor. Esta primavera sigue extrañamente lluviosa. A cambio, como es de esperar, las plantas están encantadas y bellísimas, da igual que sean árboles, flores o césped.

Quedan seis semanas de Taller y vídeo conferencias. La pandemia se va a extender en el tiempo y yo ya no me planteo dos horas de viaje en transporte público para llegar hasta la sede. Tampoco me apetece volver a algo online, que es muy frío y distante. Tengo un corrector contratado para mi primera novela y si me gusta su trabajo puedo pedirle más ayudas con otros textos. Es un as que me guardo en la manga.

Aunque puedo hacerlo sola, me viene bien tener un contrapeso. Me gustaría más un equipo de trabajo, pero a ver dónde lo encuentro. La constancia no abunda, por lo que veo.

Ayer salí a pasear por la mañana. Quizá debería hacerlo hoy también. Luego volveré a mis vídeos. Que ya va tocando publicar. Y ver si mis esfuerzos sirven para algo o son trabajo inútil.

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Viernes 15 de mayo de 2020 San Isidro

Semana novena y sin visos de salida de la fase 0 en Madrid. La presidenta se dedica a las fotos y el postureo, pero no avanza en los mínimos sanitarios imprescindibles. Los recortes de largos años no se redimen con cuatro banalidades. Y menos aún si la intención es hacerlos provisionales y desmontables. O ni eso, porque asegura que contratará el personal necesario pero no llega a hacerlo, esperando que una promesa vaga sea suficiente.

Hoy es viernes y tengo mi vídeo conferencia de Narrativa, el único hito que rompe la rutina. Llevo más de tres mil palabras, dos capítulos. Y, según mis planes, solo me quedan cuatro más, entre ocho o diez mil palabras. A ver si consigo terminar.

Ya solo somos tres alumnas y el profe. En realidad las otras dos son de la casa, con lo que soy la única que ha permanecido trabajando hasta ahora. L revisa una novela ya escrita, C y yo avanzamos semanalmente. Como unas campeonas. No sé si nos darán las sesiones para plantear el final a las dos. En mi caso, voy a hacer lo posible.

Son las siete y media. Me propongo darme un baño e incluso lanzarme a pasear antes de las nueve, que es el plazo para paseos de mi edad y condición. Buenos días.

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Jueves 14 de mayo de 2020

Son las 7:24, hoy amanezco más tarde, aún no leí el diario. Llueve.

La novela va ya totalmente encarrilada, la terminaré en unas 10000 palabras. Y creo que que ya está casi todo previsto. Los vídeos con PowerPoint van también adelante.

Ayer salimos a dar un paseo y vimos a G. Mi rodilla todavía se resiente a veces. La dieta se estanca por la falta de actividad física, yo persisto, y la pérdida va muy despacio, con altibajos. Como todo el tiempo de cuarentena.

Me repito en mis apuntes porque no hay nada nuevo. Y no me quejo. Mejor esta monotonía que otro susto y otra pena. Virgencita que me quede como estoy.

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Miércoles 13 de mayo de 2020

Son las siete y cuarto, he leído las noticias, apunto aquí unas líneas y me propongo terminar un capítulo que tengo casi a puntito de caramelo. Últimamente escribo con más fluidez.

Ayer fuimos a la compra, por primera vez en ocho semanas podíamos ir juntos en el coche. Cargamos un carro cada uno. JC de botellas y yo de comida. Las largas colas para pagar en la caja fueron lo peor. Se nota más público y las medidas de distanciamiento ralentizan mucho.

Las calles también se ven mucho más llenas. Y va casi todo el mundo con mascarilla incluso en el paseo. Me pregunto cómo será esa nueva normalidad los próximos meses. Tengo la sensación de que un porcentaje de gente cree que el final ya está casi conseguido y se relaja demasiado. La actitud camorrista y reventadora de la derecha propicia la irresponsabilidad de sus seguidores. De la inflamación del odio y la mala baba, mejor ni hablamos, para que no nos infecte como a ellos.

Hoy, trece de mayo, pero en 1984, Rodrigo se lanzó a andar. Lo recuerdo porque mi madre estaba en la escena. Se pasó la mañana cantando la canción de la Virgen de Fátima y que le parecía una maravillosa coincidencia.

Ay, Rodrigo.

Buenos días, ayer llovió lo indecible, hoy parece que habrá nubes y claros. Bajan la curva de la pandemia, el número de fallecidos y de nuevos infectados. Llevo 323 días seguidos escribiendo en este blog.

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Martes 12 de mayo de 2020

Hoy tampoco se me ocurren demasiadas cosas que escribir aquí. Son las siete y media, llevo una hora leyendo el periódico, lo usual desde el confinamiento.

Después de ir a la peluquería, luzco una melena más corta y arregladita. No me corría prisa, aún estaba muy decente, porque mi pelo aguanta meses y meses bastante bien.

Qué paradojas vitales, los rizos que tanto me torturaban de niña ahora son una suerte y la envidia de muchos. Y ser miope, que también me angustió la adolescencia, cuando me surgieron las pocas dioptrías que me asolan, resulta que me ha dotado de excelente visión de cerca.

Para JC, sin embargo, era imprescindible. Había adquirido no solo un largo feote, sino un volumen tipo Beatles en los 60. Solo al verle con su aspecto cuidado de siempre me doy cuenta de que le hacía cabezón y le envejecía mucho. Además de que tenía ya un aspecto desastrado impresentable para volver al trabajo. Vuelve a ser él mismo. El corte, por fin, lo ha devuelto a la normalidad. Jajajajaja.

Esta mañana tocan gestiones de piscina y compra. He avanzado medio capítulo de la novela, a ver si lo termino. Y tengo bastante claros los siguientes tres. El de las explicaciones finales no lo veo suficientemente claro aún. Pero no nos apresuremos, cada día su afán.

Buenos días, me pongo a la tarea.

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Lunes 11 de marzo de 2020

Hoy tenemos peluquería, menos mal. Y vuelvo a la actividad escribidora después del fin de semana youtuber.

Ya sé hacer miniaturas para mi canal y he hecho la primera. He subido un vídeo de prueba, en privado, y tengo nuevos retos que superar. Ufffffff. No me rindo.

Pocas cosas más puedo añadir. B nos gestionará la recogida de una mascarilla para cada uno. Aplaudiremos a las ocho. Y no haré bici porque todavía se me resiente la rodilla. Aguanto con una dieta que no me funciona mucho, supongo que porque no quemo lo suficiente. Persevero, no me rindo, como equilibrado y poco. Me consuelo con el lema «al menos no engordar.»

Empieza la semana novena. A por ella. .

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Domingo 10 de mayo de 2020

Sé que es repetirme, pero cada vez que escribo la fecha me impacta constatar el paso del tiempo. Ya han pasado nueve días de mayo, como se nos marcharon los últimos de marzo y al completo los de abril. Tempus fugit ineluctabile.

Leo en La Vanguardia que en el ejército se están preparando para dos rebrotes de esta pandemia maldita, uno a finales de otoño y otro en el invierno siguiente. Yo contaba con el primero, no se me ocurría un segundo, aunque, bueno, podría ser. Mi estupefacción fue que no quedaba claro si se refería al año 2021 o al 2022. Jopletas, ¿tanto tiempo? La nueva normalidad que nos espera va a ser más ardua de lo que imaginé.

Estamos en fin de semana así que me centro en mis afanes PowerPoint. Pero también voy madurando cómo avanzar la novela. No le quedan muchos capítulos, pero son los más cruciales. Y los más difíciles de escribir. Lo que más complicado me resulta es darle voz a mi malvado particular. Para ello necesito pensar como un tipo embrutecido por el alcohol. Llega a ser doloroso. Y quién me manda a mí sufrir por capricho escribidor… Es lo que me pasa por meterme en estos fregados. En el pecado llevo la penitencia.

No he vuelto al ejercicio, tampoco salimos a pasear. Nos hemos acostumbrado a quedarnos en casa. Sin embargo iré a la compra el lunes o el martes. Y a la peluquería. Incluso a la piscina para conseguir los nuevos carnets, pues toca renovarlos este año. Me propongo recobrar los buenos hábitos de bici y bailes. Y paseantes, vale, prometido. Puede que suene a disculpa barata, pero es que las calles agobiadas de gente no invitan a caminar.

Son las 7:15. Llevo 320 apuntes seguidos en este diario. La mañana se muestra gris, con amenazas de lluvia. Buenos días.

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Sábado 9 de mayo de 2020

Son las 7:20, acabo de escribirle a Rodrigo en su bitácora, todavía no he leído las noticias, pero ya sabemos desde ayer que nuestra comunidad autónoma no pasa aún a la fase 1 de desescalada.

Madrid no cumple los requisitos técnicos. Todavía tiene las UCIs muy llenas y la atención primaria está desmantelada. La pésima gestión de la presidencia nueva se suma a los recortes estructurales y continuados de muchos años. Se vio en el pico alto de la pandemia y no puede volver a pasar.

Seguimos, entonces, confinados, con tiempos estrictos y por rango de edad para salir a hacer deporte o a pasear. Eso significa que seguimos sin poder ir a casa de G, o ellos a la nuestra, aunque podemos hablarnos de lejos.

La novela avanza. Las presentaciones PowerPoint también. A veces estoy más animada, otras ansiosa, también harta. Y aquí seguimos, JC y yo, contentos de estar juntos. Jugando a ser jubilautas . Comprobando que nos apetece a los dos.

Hoy 319 días de escritura. Será una jornada de buen tiempo. Me pongo con el periódico, hasta luego.