Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Sábado 30 de mayo de 2020

He dormido profundamente, pero solo hasta las cuatro. Es demasiado poco. Llevo horas leyendo o escribiendo en el móvil. Se me cierran los ojos, sin embargo sé que no podré dormirme de nuevo hasta la sobremesa. Pero está JC a mi lado. No me quejo.

Ela, por fin, tiene compañía diaria. Todas las mañanas, que no sé si es suficiente, pero es más que antes. Veremos cómo se producen los acontecimientos.

Terminé la novela y tengo en mente otras tramas. Debo revisar el manuscrito recién terminado y también el de Nina. En este asunto sigo con mi ritmo y no quiero perderlo.

A mi equipo de escritura les gustó el desenlace. Yo también estoy contenta. Este verano, que no va a ser muy de salir, tendré la cabeza entretenida con más narrativa. Me temo que solo podré echar mano de la piscina comunitaria para sentirme un poco de veraneo.

Estamos en fin de semana y ni se nota. Tal vez veamos a G y a B, ahora que ya nos dejan. Todos los días son iguales, confinados y teletrabajando, nos vendrá bien la novedad.

Seguiré también con mi vídeos, por supuesto. Y con mi estudio de la nueva gramática y su terminología.

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Viernes 29 de mayo de 2020

Hoy es el segundo día que despierto sola, en mi lado de la cama, demasiado vacía sin JC. Es un hueco emocionalmente grande, que me hace pensar en la soledad de los que pierden a su pareja.

Ahí es fácil llegar a vernos, más a nuestra edad que empieza a ser provecta, y mucho más aún si pensamos en la pandemia en que vivimos. En teoría, tenemos un cincuenta por ciento cada uno de nosotros de quedarnos solos. O uno u otro. Es raro que podamos irnos los dos a la vez. Pero, qué digo, por estadística y como mujer, seguro que yo tengo algunos puntos más. Hay más viudas que viudos.

Y aunque él se ofreció a dejarme pasar antes a mí, como buen caballero, los dos sabemos que no se nos da a elegir. Y se me llena el alma de miedos, y me pongo triste, y estoy deseando que vuelva hoy, pero para quedarse, no como anoche, que apenas pasó por casa dos o tres horas. Aunque se lo agradezco, yo lo que quiero es que se quede todo el rato, que se confine conmigo un poco más.

Le digo que no se preocupe, que estoy bien aquí, que aguante y resuelva lo que corresponda, que le apoyo en todo, que venga cuando pueda, pero que no se sienta culpable si no puede venir. Y es verdad. Y los dos resistimos, cada uno en su trinchera. Le espero dentro de unas horas, posiblemente esté aquí antes de que empiece mi clase.

Porque hoy es viernes y tengo videoconferencia (descubrí hace poco que se escribe junto y sin tilde). Solo quedan cinco sesiones. La de hoy, que es la última de mayo, y cuatro más de junio. Somos cada vez menos. No sé si vamos a llegar.

La de hoy es una sesión difícil porque es el final de la novela. Y es áspero meterse en la cabeza de un machista sicopático. Tampoco creo que pasen un buen rato con la lectura mis pobres compañeros. Sin embargo lo que más difícil me resulta es esta ausencia de JC, que se me hace más patente después de haber compartido dos meses y medio de confinamiento.

Siguen el calor y los 30°C. Se acaban las clases y llegan los exámenes. Pobres mis compañeros, de la que me libré. En poco llegarán profes nuevos a las plazas de plantilla, la de G, que nunca se ocupó, y la mía. Y se jubilarán otros pocos, y me iré alejando emocionalmente del instituto, aunque esté tan cerca de casa.

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Jueves 28 de mayo de 2020

Otro mes que se acaba, parece increíble. Son las 7:26. Anoche me dormí tardísimo, esperando noticias del pobre JC, que tuvo que salir pitando porque su madre se había caído en casa y los de Cruz Roja iban en su rescate. Menos mal que al menos hicimos esa gestión de ayuda y teleasistencia, porque la ambulancia llegó en quince minutos. Llamaron a las cinco y media, informando de lo sucedido, y estaban allí a las seis menos cuarto.

Se la llevaron a La Paz. Y allí se fue también JC, pero no le dejaron pasar a verla. En parte porque andan todavía colapsados, en otra como medida de protección. El coronavirus tiene a la sanidad aún más tensionada que antes. Sigue atendiendo urgencias como puede, con pocos medios, como ya vimos hace unos meses con la misma Ela o con Javier. Pero es que ahora una parte sigue dedicada al dichoso covid19, así que la situación es límite.

Sobre las doce le dieron el alta y JC se la llevó a su casa y se quedó a pasar la noche con ella.

Así que me despierto sola por primera vez en muchísimo tiempo. Así son las cosas, que en un instante dan la vuelta a tu vida. Veremos qué se puede hacer. Yo hace meses que le habría puesto una cuidadora. Una que nos recomendaron y podía quedarse a dormir si era necesario. Sin embargo sus hijos prefieren contratar a través de una empresa pequeña, que conocen de no sé qué.

Mala situación, mala alternativa. O dar de alta a una desconocida, solo por referencias de C, la chica de confianza de mi hermana, y meterla en casa día y noche. Dar dinero a un intermediario que a saber en qué condiciones contrata a qué pobre gente. Y a saber qué rotaciones, qué otras visitas a ancianos, qué medidas de seguridad implementa. Y meter a varios desconocidos en su casa día y noche.

Para mañana, en todo caso, le tocaría el relevo a JM. Tendrán que organizar turnos mientras les llega una solución. Menuda papeleta.

Hace sol. Se esperan máximas de 30°C. Ayer terminé mi segunda novela, que no llega a las 32.000 palabras. Fue duro meterme en la cabeza de un machista maltratador y asesino. Hoy lo reviso. Lo hice poco empático. Sin pena ni remordimientos. Quizá debería incluir algunos. Lo someteré al escrutinio del grupo.

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Miércoles 27 de mayo de 2020

Son las 6:25, hace calor. Miro las previsiones meteorológicas y compruebo que hoy volvemos a los 30°C. Mecachis, otra vez.

Empieza la mañana, entra ya un poco de luz. Y yo amanezco dándole vueltas a cómo acometer el último capítulo de la novela que me traigo entre manos. Voy a terminar el primer borrador en breve. Esta misma semana. Muy posiblemente para la entrega de este viernes.

El trabajo narrativo me ha resultado mucho más fluido y rápido en este segundo proyecto. Supongo que porque no ya tengo la presión agobiante del trabajo y porque se agradece la compañía del grupo (el del año pasado, online, fue decepcionante). Pero, también, todo hay que decirlo, porque esta segunda es una novela corta, lineal, de una sola trama, menos ambiciosa técnicamente que la primera.

Error de principiante eso de intentarlo todo a la primera. Reflexiono sobre mi estilo, conscientemente sobrio, y me pregunto cómo es que no pretendí lo mismo en la estructura, las técnicas y la voz. Remodulo, entonces, mi perspectiva como escritora.

Sé que quise un reto para no aburrirme. Al menos puedo decir que no lo hice por presunción o pedantería. También sé que fui creando y transformando, que improvisé, que no tenía las cosas tan claras como esta segunda ocasión. En fin. Se puede mejorar. Me propongo hacerlo. No solo en los detalles que me señaló el corrector, sino en el concepto general de la novela.

Todavía estoy asimilando sus propuestas. Debo darme más tiempo. Noto que se van reubicando y construyendo nuevas posibilidades. Siento que me viene muy bien darles todavía un poco más de margen.

Así que no me va a faltar trabajo en las próximas semanas. Eso está genial. Pero lo que toca ahora mismo el segundo proyecto. Luego, ya veremos.

Ídem de lienzo respecto a mis vídeos didácticos. Mucho me queda todavía por hacer. Poco público me está viendo, porque el curso oficial se acaba y los alumnos ya no andan mirando vídeos. Pero ahí seguiré, creando un sistema completo. El próximo septiembre espero que esté más articulado. Cometeré errores y me arrepentiré de ellos, vaya todo eso por delante. Sin embargo, también estaré contenta por seguir haciendo cosas creativas.

Son las siete. Ya leí las noticias. La derechona sigue su miserable campaña de acoso y derribo. Su afán, siempre cerca del golpismo, se lleva todo por delante: la decencia, la democracia, a las víctimas, la salud, la paz y a la ciudadanía. Viviremos otra jornada de crispación extrema totalmente innecesaria, excepto para sus fines desestabilizadores. Paso de hacerme mala sangre. Buenos días.

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Martes 26 de mayo de 2020

Hoy cumple A, nuestra sobrina y ahijada. Hoy toca compra como todos los martes, desde siempre, mi costumbre suministradora durante años antes de la pandemia. Y me río de este giro, que se va a hacer muy común me parece a mí.

Ayer escribí tres secuencias. Avanzo adecuadamente. Así que la narrativa va bien. Sigo escribiendo. Queda muy poco para terminar.

Va peor la dieta, no adelgazo nada. Como poco, verdura y proteína. Pero ni por esas. Semanas y semanas. Ningún resultado. No desespero, que lo que hago es bastante sano.

Ayer salimos a pasear y había mucha menos gente, los que sacan a los perros, como antes de. Los demás, es de suponer, habrán tenido suficiente con ir a comercios o bares a cualquier hora y ya no necesitarán salir en esa franja horaria. Se verá.

Anoche, finalmente, vimos a G. Entramos en su casa, nos sentamos a distancia, en el salón y charlamos un buen rato. Hasta que me entró el sueño de loca madrugadora. No pudimos sentarnos en el jardín porque acababa de llover y no había nada seco sobre lo que sentarnos. Jajajajaja.

Hace menos calor. No solo la lluvia de hace unas horas refrescó el ambiente, han bajado las temperaturas. No llegaremos a 30°C. Estupendo. Sigue la desescalada. A ver qué tal regresamos a la nueva normalidad.

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Lunes 25 de mayo de 2020

Hace 37 años JC y yo estábamos tan felices en nuestro primer día como padres, contemplando a nuestro bebé… Ay.

Ha pasado más de media vida. Y Rodrigo no sigue entre nosotros. Los cumpleaños, como las fiestas señaladitas, remueven la pena, el dolor de la ausencia, las sensaciones de rabia y de injusticia. Cuesta avanzar de nuevo por la contención y la serenidad.

Tenía este lunes muy remarcado porque hoy empieza la fase 1. Ya podemos ir a cualquier tienda o bar o museo o biblioteca a cualquier hora. Con restricciones, pero podemos. Solo siguen activas las franjas horarias para deporte y paseo.

Sin embargo, la desescalada amenaza ser más caótica de lo diseñado, porque la oposición obstaculiza todo. No hay ni colaboración, ni respeto por la salud o seguridad de la ciudadanía. La bilis y la exaltación del odio están siendo azuzadas.

La unidad inicial y el rollo solidario entre los ciudadanos no les iba bien a los fascistas. En cuanto pudieron, fomentaron la división. No fueran a perder algunos seguidores. Y estamos divididos, encabronados, tensos por esa gentuza manipuladora.

Tenemos ya demasiados ejemplos de su humanidad inexistente. Usan a las víctimas de nuevo para sus fines, sin recato alguno. Sin respeto.

Qué voy a decir yo, que lo he vivido en mis carnes. Deben de mamarlo desde niños. Se llevan por delante lo que sea necesario. Si hay bajas por sus acciones o bajo su responsabilidad, se ningunean y se quita importancia al asunto, o se culpa a otros. Si las víctimas se producen en otras circunstancias, se usan para atacar al contrario.

En fin. Mala gente que camina y va apestando la tierra. Hace calor. Vuelvo a la escritura, a capítulos finales y difíciles. Esta es la semana undécima. Buenos días.

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Domingo 24 de mayo de 2020

Hoy es el cumpleaños de Rodrigo. Le cuento treinta y siete años, pero apenas veinte con nosotros. Una fecha que tenía que ser feliz, pero que desde 2004 nos hace llorar.

Aquí seguimos su padre y yo, tristes sin él en un día como hoy. Sintiendo su ausencia injusta. Con los ojos llenos de lágrimas.

Hoy es domingo, hace calor, la gente quiere salir y reunirse, llevan pocas mascarillas, hacen corros sin distancia de seguridad, porque no han entendido cuántos muertos nos ha costado esta pandemia. Porque no saben lo que duelen las ausencias.

Me rondan la tristeza y el desánimo. No las dejaré entrar. Hace calor. Es domingo. Nos acercaremos a ver a G. Buenos días.

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Sábado 23 de mayo de 2020

Otra anotación, otro fin de semana. El lunes tendremos nuevas libertades, aunque nuestra pequeña ciudad está aumentando los casos sin siquiera haber llegado a la fase 1. La gente se relaja y pierde la tensión. Veremos si no hay un retroceso.

Ayer fue un día productivo. Tengo nuevas ideas para Nina y continúo con el segundo proyecto, que todavía sigue sin título. Mañana subiré otro vídeo y avanzaré lo que pueda en los próximos, como hago los fines de semana.

Sigue el calor. En la buhardilla ya necesito el aire acondicionado. Sin embargo los jardines lucen más bonitos que otros años, las sendas, incluso con los hierbajos a medio cortar, que el ayuntamiento ya está arreglando, se ven preciosas. Tanta lluvia y el confinamiento de jardineros habían asilvestrado los alrededores, pero con un verdor hermoso. Estas temperaturas, me temo, lo agostarán todo enseguida. Qué lástima.

Son las ocho y media. Hoy sí que sí, hago 333 días escribiendo. Y mañana será el cumpleaños de Rodrigo. Ay.

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Viernes 22 de mayo de 2020

Pocos días quedan ya para acabar este tercer mes de confinamiento, algo más de una semana, y parece que nos hemos hecho a las nuevas rutinas. JC sigue confinado. No sabemos cuándo tendrá que reincorporarse. Y yo, con él, me siento mucho más que acompañada. Como toda la población está en casa, no tengo la sensación de estar fuera del mundo de los primeros meses de jubilación. Es como si se hubieran jubilado todos conmigo.

Y además resulta que tenía esbozadas suficientes actividades como para que el aislamiento no me pillase desprevenida. Y las estoy disfrutando.

Soñaba, por ejemplo, con tener tiempo para escribir y ya estoy terminando el borrador de la segunda novela. Me está cundiendo bastante. Quería subir vídeos educativos a YouTube y ya tengo tres en el canal y otros tres casi terminados. Bien es cierto que no he avanzado mucho en edición de vídeo, pero todo llegará.

Lamento, sin embargo, no haber seguido con las sesiones de baile y de bici. Deberíamos volver. Aunque nos han servido mucho, porque tenemos totalmente interiorizados los pasos que aprendimos juntos. Ya no se nos olvidan.

Hoy, como todos los viernes, tengo Taller de Proyectos Narrativos y dos capítulos para compartir en él. Por la tarde, también, una reunión con el corrector. La cosa se va poniendo interesante.

Han subido las temperaturas hasta más de 30°C, el calor me entontece y molesta mucho. Espero que no se instale todavía y vuelva a bajar. Llevamos mascarillas para nuestro paseo diario, desde hoy de forma obligatoria. La verdad es que resultan un agobio respiratorio, pero también que van genial contra los pólenes. Esta primavera tan lluviosa se han multiplicado exponencialmente, así que las mascarillas nos vienen genial. Son los pobres ojos los únicos que ahora sufren la alergia más directamente.

Son las seis y media. Llevo 332 días seguidos escribiendo en este blog. Mañana haré un número verdaderamente muy redondo. Espero acordarme de esos tres treses. Buenos días.

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Jueves 21 de mayo de 2020

Me he despertado a las cuatro, en medio de una pesadilla. Tenía que volver al instituto y con un horario infame. Ni siquiera podía elegir niveles, todo estaba hecho de antemano. Nos habían devuelto a las aulas a los pensionistas. Como si no hubiera suficientes profes jóvenes y en el paro necesitados de trabajar.

Son las seis. Después de leer las noticias del día, se me cierran los ojos. A ver si consigo dormir un poco más.

Nada. Imposible. En fin, ya subí mi tercer vídeo a YouTube, tengo capítulo y medio para mañana y tres vídeos más casi terminados. Lo único en que voy mal es en ansiedad y en que la dieta no prospera. Un paseo diario no debe de ser suficiente para quemar lo que necesito. Un tostón.

Sigo sintiendo sueño, aunque cuando intento dormir, no lo consigo. Intentaré estar calmada un rato, de algo servirá, supongo.

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Miércoles 20 de mayo de 2020

Hoy se me ha hecho más tarde, son las ocho y media, porque anoche no conseguía coger el sueño. Acabo de leer el periódico y me propongo seguir con la novela.

Ayer se me fue el día entre la salida a la compra y unos repasos de PowerPoint, así que tengo que ponerme a ello ya.

El viernes tengo día literario, con el Taller por la mañana y la revisión de Nina por la tarde. Va a ser intenso. Sigo esperando los libros de la actualización terminológica de la RAE, llegarán entre hoy y el lunes, dicen. Otra cosa que hacer luego, obviamente, será estudiarlos. Ya contaré.

Cada tarde damos un paseo, y seguimos aplaudiendo aunque pensábamos dejarlo el domingo pasado. Pero es que todavía oímos a otros que lo hacen. Y mientras se oigan a nuestro alrededor, nosotros seguimos.

Hoy mi madre habría cumplido 89 años y yo hago un número redondo, 330 días, de escritura continuada.