Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Sábado 30 de mayo de 2020

He dormido profundamente, pero solo hasta las cuatro. Es demasiado poco. Llevo horas leyendo o escribiendo en el móvil. Se me cierran los ojos, sin embargo sé que no podré dormirme de nuevo hasta la sobremesa. Pero está JC a mi lado. No me quejo.

Ela, por fin, tiene compañía diaria. Todas las mañanas, que no sé si es suficiente, pero es más que antes. Veremos cómo se producen los acontecimientos.

Terminé la novela y tengo en mente otras tramas. Debo revisar el manuscrito recién terminado y también el de Nina. En este asunto sigo con mi ritmo y no quiero perderlo.

A mi equipo de escritura les gustó el desenlace. Yo también estoy contenta. Este verano, que no va a ser muy de salir, tendré la cabeza entretenida con más narrativa. Me temo que solo podré echar mano de la piscina comunitaria para sentirme un poco de veraneo.

Estamos en fin de semana y ni se nota. Tal vez veamos a G y a B, ahora que ya nos dejan. Todos los días son iguales, confinados y teletrabajando, nos vendrá bien la novedad.

Seguiré también con mi vídeos, por supuesto. Y con mi estudio de la nueva gramática y su terminología.