Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Martes 26 de mayo de 2020

Hoy cumple A, nuestra sobrina y ahijada. Hoy toca compra como todos los martes, desde siempre, mi costumbre suministradora durante años antes de la pandemia. Y me río de este giro, que se va a hacer muy común me parece a mí.

Ayer escribí tres secuencias. Avanzo adecuadamente. Así que la narrativa va bien. Sigo escribiendo. Queda muy poco para terminar.

Va peor la dieta, no adelgazo nada. Como poco, verdura y proteína. Pero ni por esas. Semanas y semanas. Ningún resultado. No desespero, que lo que hago es bastante sano.

Ayer salimos a pasear y había mucha menos gente, los que sacan a los perros, como antes de. Los demás, es de suponer, habrán tenido suficiente con ir a comercios o bares a cualquier hora y ya no necesitarán salir en esa franja horaria. Se verá.

Anoche, finalmente, vimos a G. Entramos en su casa, nos sentamos a distancia, en el salón y charlamos un buen rato. Hasta que me entró el sueño de loca madrugadora. No pudimos sentarnos en el jardín porque acababa de llover y no había nada seco sobre lo que sentarnos. Jajajajaja.

Hace menos calor. No solo la lluvia de hace unas horas refrescó el ambiente, han bajado las temperaturas. No llegaremos a 30°C. Estupendo. Sigue la desescalada. A ver qué tal regresamos a la nueva normalidad.