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Sábado 5 de octubre

Escribo aquí para no perder el sentido del tiempo y de la vida. Poner la fecha y contar qué hice el día previo o qué haré en las horas siguientes se ha convertido en una rutina que me ayuda. Avanzo hacia los 100 días seguidos, ya me lo recuerda WordPress, pero no me mueve batir ningún récord, sino mi propia necesidad emocional.

Acabo de redactar mi carta a Rodrigo, la de cada sábado, y constato que estoy manteniendo tres bitácoras, cada una con diferente intención. Es una buena rutina literaria con la que espero seguir disfrutando y mejorando mi estilo.

Anoto, también, mi primera experiencia presencial en la Escuela de Escritores. Estaré con otras cuatro mujeres, muy charlatanas todas, y un profe de la edad de mis hijos, no sé si no me agobiaré a veces. Creo, perdón por la inmodestia, que no necesito que me espoleen para escribir, y que tengo muy buen nivel, que podría hacerlo sola. Pero también soy consciente de que necesito apoyo humano. No estoy buscando técnica, sino entorno emocional, apoyatura psicológica. Creo que ahora los necesitaré más que nunca, porque ando mucho más sola desde la jubilación. He pasado de un sobre-estimulación agobiante (más de cien alumnos y cuarenta compañeros cada día) a la soledad del ama de casa que no soy ni seré nunca.

Por eso me he buscado tres actividades diferentes en las que encontrar nuevos entornos de contacto humano. La costura, la informática y la narrativa no son solo campos que me gustan y a los que puedo por fin dedicar el tiempo que antes no tenía. Espero que funcionen también para seguir activa, creadora, joven y alegre. Y, por supuesto, a mantener a raya esta nueva ansiedad que se ha reavivado últimamente. Seguiré contando.

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Viernes 4 de octubre

Ayer avancé unas páginas de la novela, ya estoy a poquísimo del punto final. Y me agobia que el cierre no sea el adecuado. Ando dubitativa.

Para revisar todo el texto y otros posibles proyectos narrativos, hoy empiezo en EdE un curso presencial que me ilusiona tanto, que me surge el miedo al fracaso. ¿Será bueno el profe?, ¿y los compañeros? Espero que no me defraude. El último on-line ha sido un horror, con los foros siempre callados, menos mal que lo llevaba Margarita, pero en cuanto a los demás participantes ha sido una pura decepción.

De 11 a 13, dentro de un rato. Ya contaré a la vuelta. Ay, qué me podré encontrar.

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Jueves 3 de octubre

Ayer me cundió mucho en la clase de CC, porque me alcanzó para cortar una falda y para dibujar mis primeros patrones de corpiño.

Había elegido para la falda una tela verde élfica, oscura, de una sarga cómoda para trabajarla ahora y para ponerla luego. Fue deprisa y corriendo, unos minutos antes de tener que salir hacia Leganés, adonde voy con el coche y aparcar es una odisea. Pero ahora, sin embargo, me parece que fue una buena decisión.

El trazado del patrón del cuerpo no fue muy difícil, pero prefería hacerlo allí por eso de consultar las dudas a la profe. Y, en efecto, surgieron unas cuantas que ella solventó enseguida y bien. Estoy contenta.

Ya en casa, por la tarde, pasé los hilos flojos a todas las piezas. Y son seis, nada de una falda sencilita, que si no tiene alguna dificultad no me motiva. Lo hice en el salón, mientras veía-oía una serie con JC. Así que, de pronto, así, en un pispás, estuvo montada con hilvanes, a falta de comprarle una cremallera.

Pero lo interesante es que el patronaje encaja perfectamente a mi figura, no como el de la profe de mercería del año pasado, que había que moldear sobre el cuerpo, vamos, que se hacía a ojo. Menos mal.

Habrá que comprobarlo también en el corpiño y las mangas, que son materia más complicada, pero de momento esto va bien. Y eso es lo que me interesa.

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Miércoles 2 de octubre

De nuevo, mi récord

Hoy vuelvo a mi clase de corte y confección (CC) sin haber hecho mis deberes, ni patrones, ni telas, ni costura. Lo lógico tras diez días de vacaciones y total desconexión. Espero entrar en rutina a partir de ya, porque voy a tener los días muy ocupados. Al final me han salido todos los cursos y han cambiado el día de Retoque fotográfico con Photoshop (FS) del lunes al jueves. De esa forma, en lugar de días alternos, tengo lunes y martes seguidos a mi libre disposición, pero el miércoles me toca CC, el jueves FS y el viernes los Proyectos Narrativos (PN).

En una hora me voy a costura, a ver si puedo darme una ducha antes, y las clases de narrativa empiezan ya pasado mañana. Las municipales me dan margen hasta el 17, creo, tendré que comprobarlo.

Espero que no sea excesivo y me provoque ansiedad. Nada de quedarme en casa, nada de sentir que ya no tengo motivos para arreglarme cada mañana. Va a ser estupendo. No me va a dar tiempo a aburrirme 😉

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Martes 1 de octubre

En casa, por fin, totalmente desubicada, escribo a las siete de la mañana, cuando JC acaba de irse al trabajo. Ayer viajamos desde Coimbra hasta acá. Nos llevó sus buenas cinco horas. Estuvimos luego con G, que se pasó a vernos después de su jornada laboral. Estupendo, le echábamos en falta. Y él a nosotros.

He dormido como una piedra en esta cama tan buena, apenas consigo despejarme, todavía me envuelven las nieblas del sueño y las sensaciones de los distintos lugares en los que hemos estado. El valle del Coa, Guimarães, Oporto y Coimbra siguen pegados a mí.

Pero tengo tareas para hoy. Ya he pagado el curso de Photoshop, debo hacer lo mismo con mi hosting, comprobar si sale el curso de narrativa de EdE y ponerme al día con otras mil obligaciones. Entre otras, escribir.

Lo que me sigue alucinando es que no tengo que ir al instituto. Todavía me emociona y sorprende a la vez. Y as, a lo tonto, resulta que llevo 93 días seguidos escribiendo en esta bitácora. Es la leche en escabeche.

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Lunes 30 de septiembre

Pues ya está, se acaban el mes y las vacaciones. Son las seis y media, una hora menos en Portugal, y es la última mañana en Coimbra. Enseguida nos pondremos en marcha para volver a casa.

Casa. Casita. Si son buenas las vacaciones, el regreso también es una gozada. Por lo menos para mí. Me apetece mucho disfrutar de nuevo de mi cama, mis libros, mi vida corriente. Tengo esperándome las clases de costura, de photoshop, de narrativa (espero) y el gusto enorme de terminar mi novela. Muy cerca estoy ya. También están a la vuelta de la esquina otras experiencias difíciles, como la enfermedad de J. Iremos llevándolas como buenamente podamos.

Ayer aquí fue un domingo tranquilo, con una mañana entera en el parque infantil de los pequenhitos, que disfruté como si fuera la niña de hace cincuenta años. La tarde de paseos y música callejera nos despidió con la canción de Elvis que nos recuerda siempre a Rodrigo, I can’t help falling in love. Con ella y el corazón caldeado de esperanza nos subimos a este apartamento y cenamos un guiso de bacalao por última vez.

Nos vamos a casita, qué bien.

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Domingo 29 de septiembre

Último día en Coimbra, último día también de vacaciones, empiezo malamente porque he dormido mal. Ayer volvió la ansiedad y me costó coger el sueño. Hoy me despierto abotargada y macilenta, con los pelos revueltos por estas almohadas tan blandurrias que tenemos y el miedo rondando mi alma otra vez.

Pero hay que seguir y hoy toca cruzar al otro lado del río, pues ya tenemos toda esta zona centro explorada. Ayer visitamos la zona alta, con cuestas tremendas, aunque nunca tan largas como las de Oporto, menos mal que hacía fresquito.

Estuvo bien ver los edificios universitarios, los gabinetes de química, de física y de ciencias naturales, con sus aulas de graderías, el gran patio de las escuelas, el Palacio, la capilla y la biblioteca ioanina, que fue lo que más me emocionó. Había salido un sol brillante que hacía lucir los monumentos en todo su esplendor, pero se fue volviendo tórrido y llegamos a unos 26 grados que nos impelieron a refugiarnos en casa.

Por la tarde, ya superado el calorazo, volvimos a subir, aunque esta vez para pasear un jardín botánico tan dieciochesco como el de Madrid, aunque con otras hechuras y árboles. Nos impresionaron algunos ejemplares gigantes de liquidambar, pero muy en especial un extenso bosque de bambues.

Lo cierto es que quisimos quedarnos un día más aquí para evitar entrar en Madrid un domingo por la tarde, con todo el mogollón de tráfico de fin de semana. Pero, como siempre, nos empiezan a entrar las ansias de volver, aunque en la supuesta normalidad del día a día haya asuntos difíciles de sobrellevar.

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Sábado 28 de septiembre

Amanecemos hoy en Coimbra, en un bonito y recién reformado apartamento, en lo alto de una larga y estrecha escalera, que me hace dudar si estamos en Portugal o en Ámsterdam.

Como en Oporto, hemos dejado el coche en un parking y vamos andando a todas partes. Ayer apenas salimos de exploración y de compras, después de unos cientos de kilómetros desde Oporto y habiendo pasado por Aveiro. No hubo manera de ver ese pueblito, su canal y sus góndolas excepto desde el coche. Pero nos acercamos después a la cercana Playa de Costa Nova, donde las casas imitaban la decoración rayada de las antiguas casetas de principios del XX y nos tomamos allí un chisme. La paradoja de «un té de melisa» según la camarera. Jajajajaja.

Nos quedaremos en esta ubicación hasta el lunes. No sé cuánto más nos alcanzará esta ciudad universitaria, de callejas estrechas y vidilla provinciana. Aquí dos días completos tal vez sea excesivo, pero nos lo tomaremos con calma, disfrutando cada palmo, porque ya son las últimas jornadas de vacaciones.

Parece que llevamos dos semanas fuera, o más, ese es el poder regenerativo de salir de casa. A cambio, sin haberlo previsto, tenemos a G solito en la suya y a mi hermana en Alicante, rehaciendo su hogar de allí mientras se queda en el nuestro. De haberlo sabido con anterioridad, algo habríamos previsto, pero bueno, gracias a estos teléfonos que todo lo hacen posible, estamos en contacto.

90 días seguidos escribiendo marcan el ritmo y el tiempo que llevo desde mi despedida laboral. No sé a qué récord llegaré, no me propongo ninguno. Solo contaré cuando tenga algo que decir. El quid de la cuestión está, supongo, en que en estos tres meses todo me resulta novedoso y como no termino de hacer rutina todo me parece interesante y lo anoto.

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Viernes 27 de septiembre

El castillo del queso

Cuando ayer volvimos a nuestro apartamento después de recorrer al completo las dos rutas del autobús turístico elegido, una por la mañana y otra por la tarde, pude tener una idea más completa de Oporto.

La ciudad me sigue pareciendo ruidosa y caótica. Supongo que esa es una parte de su encanto. Veo muchos edificios bonitos, azulejados, entre ciertos monumentos históricos, pero también otros tantos cochambrosos, viejos, sucios, abandonados o incluso ruinosos. La zona vieja fue hermosa y reluciente hace un siglo, pero ahora está muy deteriorada. Y aunque se ven obras de rehabilitación por todas partes, que son parte del ruido, el polvo y más complicaciones de tráfico, todavía le falta mucho para recuperar su antiguo esplendor.

Me parecieron curiosas las costumbres de vestuario estudiantiles, todos de negro y con capa, y las extrañas numeraciones de las calles. Investigaré más al respecto. Hoy ya nos vamos a Coimbra y en breve volveremos a casa. Siempre la echo de menos, aunque lo estemos pasando bien.

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Jueves 26 de septiembre

Amanezco en Oporto, a mi hora de siempre, en un nuevo apartamento, luminoso y amplio, que da a la calle principal con tres enormes ventanales. No hay ruidos, al menos todavía, aunque estamos al pie de una zona peatonalizada llena de tiendas.

Empiezo a sentir el paso de algún vehículo. Las calzadas y las aceras de todas las ciudades portuguesas que hemos visitado son adoquinadas, lo que aumenta el ruido del tráfico y la incomodidad de la marcha a pie. Menos mal que tengo mis botitas kickers, tan todoterreno, que me salvan.

Llegamos ayer, dejamos el coche en un parking recomendado por Luis, el encargado del apartamento, hicimos una compra en un supermercado próximo y comimos inmediatamente después para poder salir enseguida a descubrir la ciudad.

No contábamos con que haría tanto calor, las pendientes empinadas e incómodas, el gentío, el enorme ruido… Me sentí desencantada con una ciudad sucia y desagradable. El muelle plagado de bullicio, música y algarabía me resultó incómodo y la caminata posterior, cuesta arriba, por calles polvorientas en obras, de tráfico agobiante y bajo un sol inclemente terminaron de destrozar mi ánimo.

Tuvimos que descansar a la sombra un rato para poder visitar la estación de San Bento, azulejada y plena de viajeros y de turistas a la vez. Me congracié un poco con la ciudad luego, en la explanada de la catedral, y más aún cuando pude echar una cabezadita sentada bajo el pelourinho. Sí, tan agotada estaba que me dormí unos minutos, con la cabeza en el hombro de JC.

Eso y una botellita de agua me dieron las energías suficientes para volver a casa. Aunque, como el día previo, terminé yéndome a dormir muy temprano. Hoy no sé si seré capaz de tanto esfuerzo. Creo que pagaremos un bus turístico para que nos pasee por las zonas más interesantes sin tener que hacer tales esfuerzos andariegos.

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87 días seguidos

Voy acercándome a otra cifra mágica, el 90. O ya puestos, el 100. De momento, mientras tenga algo nuevo que contar, aquí lo haré. Sería absurdo otra cosa.

Y mientras, ahora mismo, compruebo que son las ocho y media en Portugal y comprendo que empieza la segunda hora en ese trabajo que ya no ejerzo. Tela marinera. Me siento afortunada por poder disfrutar de vacaciones en este momento, pero también ajena a mí misma, como que no termino de creérmelo. Supongo que es cuestión de tiempo.

Ah, por cierto, y me han dado plaza en el curso de Photoshop del catálogo municipal. Así que tengo cubiertos dos de mis tres ámbitos de actuación. Ya solo falta que salga el curso de escritura para hacer pleno.