Publicado en viajes

Lunes 30 de septiembre

Pues ya está, se acaban el mes y las vacaciones. Son las seis y media, una hora menos en Portugal, y es la última mañana en Coimbra. Enseguida nos pondremos en marcha para volver a casa.

Casa. Casita. Si son buenas las vacaciones, el regreso también es una gozada. Por lo menos para mí. Me apetece mucho disfrutar de nuevo de mi cama, mis libros, mi vida corriente. Tengo esperándome las clases de costura, de photoshop, de narrativa (espero) y el gusto enorme de terminar mi novela. Muy cerca estoy ya. También están a la vuelta de la esquina otras experiencias difíciles, como la enfermedad de J. Iremos llevándolas como buenamente podamos.

Ayer aquí fue un domingo tranquilo, con una mañana entera en el parque infantil de los pequenhitos, que disfruté como si fuera la niña de hace cincuenta años. La tarde de paseos y música callejera nos despidió con la canción de Elvis que nos recuerda siempre a Rodrigo, I can’t help falling in love. Con ella y el corazón caldeado de esperanza nos subimos a este apartamento y cenamos un guiso de bacalao por última vez.

Nos vamos a casita, qué bien.