En casa, por fin, totalmente desubicada, escribo a las siete de la mañana, cuando JC acaba de irse al trabajo. Ayer viajamos desde Coimbra hasta acá. Nos llevó sus buenas cinco horas. Estuvimos luego con G, que se pasó a vernos después de su jornada laboral. Estupendo, le echábamos en falta. Y él a nosotros.
He dormido como una piedra en esta cama tan buena, apenas consigo despejarme, todavía me envuelven las nieblas del sueño y las sensaciones de los distintos lugares en los que hemos estado. El valle del Coa, Guimarães, Oporto y Coimbra siguen pegados a mí.
Pero tengo tareas para hoy. Ya he pagado el curso de Photoshop, debo hacer lo mismo con mi hosting, comprobar si sale el curso de narrativa de EdE y ponerme al día con otras mil obligaciones. Entre otras, escribir.
Lo que me sigue alucinando es que no tengo que ir al instituto. Todavía me emociona y sorprende a la vez. Y as, a lo tonto, resulta que llevo 93 días seguidos escribiendo en esta bitácora. Es la leche en escabeche.