Publicado en viajes

Miércoles 25 de septiembre

A mitad de las vacaciones, constato al escribir la fecha que hoy es el aniversario de la muerte de mi padre. Catorce años hace ya. Ojalá estuvieran con nosotros todos los seres queridos que nos faltan. No me pongo exagerada, comprendo que para los abuelos sería difícil, pues tendrían más de ciento diez años, aunque ya haya bastantes centenarios dando guerra. No sería tan raro en mis padres, que rondarían los noventa y uno y los ochenta y ocho, muy mayores, vale, pero habría sido bastante posible, ahí está la tía S demostrándolo. Y qué decir de los treinta y seis de Rodrigo sin llegar al llanto, ay.

En fin, no quiero ponerme triste, así que paso a mi crónica de viaje y señalo que el día de ayer estuvimos todo el tiempo en esta ciudad de Guimarães. Conseguimos una entrada conjunta para el castillo y el Palacio de los duques de Braganza, que creo que se escribe con una cedilla que no encuentro en el teclado del móvil.

Ambas visitas nos gustaron mucho. El castillo parecía de juguete, de tan pequeño, pero bien cuidado, con pasarelas de madera con buenas barandillas en todas sus zonas visitables. El Palacio no se parecía a ningún otro que yo haya visitado. Dicen los expertos que tiene influjo normando o borgoñés. Me parecieron muy significativas sus numerosas chimeneas y la superafilada cubierta a dos aguas de la entrada a la capilla. El interior era rico en muebles y cerámicas, aunque lo más llamativo para mí fueron los intrincados artesonados de madera, que recordaban la estructura de un barco.

Quiero dejar por escrito también la gustosa sensación de tranquilidad de esta última jornada aquí, que resultó serena, paseadora, lluviosa y dulce. Ojalá las próximas sean parecidas. Porque hoy nos vamos a Oporto y me temo que todo será menos tranquilo. Sin embargo, el viaje debe continuar. Aquí ya no haríamos nada nuevo. Vuelven la exploración y el descubrimiento. A por ellos.

Publicado en viajes

Martes 24 de septiembre

Bom Jesú en Braga

Seguimos muy contentos en Guimarães, el colchón es comodísimo y el apartamento también. Además, excepto en domingo, que nos costó un poco, es sencillo aparcar justo delante de la casa.

Ayer nos pateamos Braga, la ciudad vieja, que no estaba mal pero no me parecía merecer el viaje y las complicaciones del tráfico sufridas, pero cambié de opinión en cuanto llegamos a El Bom Jesú. Es un lugar muy arbolado, lleno de templetes, jardines y macizos, pero lo más llamativo son sus escalinatas dobles, nueve en total, y el funicular del XIX que ayuda a salvarlas a los menos preparados o arriesgados físicamente. Ese lugar era mágico y me encantó.

Luego, ya puestos, nos acercamos hasta el mar, a Viana do Castelo, cuyo castillo, una fortificación artillera, nos recorrimos muy felices sin toparnos con nadie, ni siquiera los que pueblan la escuela de hostelería en que se han convertido sus dependencias interiores.

Al final el día fue un poco más paliza de lo previsto, pues por la tarde también caminamos mucho aquí en Guimarães. A la vuelta, cuesta arriba, hasta nuestra ubicación junto al castillo, nos dimos cuenta de pronto de que estábamos bastante más agotaditos de lo esperado.

Pero tuvimos un clima estupendo y había que aprovecharlo, ya que las previsiones para hoy son de mucha lluvia. Por eso andaremos por aquí cerca, visitando el interior del castillo y del palacio de los duques de Braganza.

Parece que llevamos fuera una semana y son apenas tres días. Es lo bueno de romper el ritmo habitual. Todavía me sorprende estar así, vacacionando en pleno curso. Sobre las cinco y media, hora local, se veía aquí por todas partes a chavales con mochilas. Su aspecto de secundaria o bachillerato, vamos, como mis alumnos, me hacía recapacitar de nuevo sobre mi nueva situación.

Y ahora que escribo me doy cuenta de que es la hora de entrada y de empezar la primera clase. Sin embargo, aquí estoy, a unos cientos de kilómetros, de vacaciones otoñales, tecleando en mi móvil, todavía en pijama, arropada y feliz entre las sábanas. Qué suerte.

Publicado en viajes

Lunes 23 de septiembre

Castillo de Guimaraes

Ayer llegamos a Guimarães, una ciudad encantadora, que me recuerda un poco a Santiago, o a Lugo, por sus casas de piedra y sus ventanales. No obstante, por supuesto, tiene su propia personalidad. Es tan mona y recogida que nos pateamos el centro histórico con verdadero agrado. Aunque he de decir que, sobre todo, el conjunto arquitectónico de castillo, palacio y ermita, pues está justo al lado de donde nos hospedamos. Seguramente será el lugar de darnos paseos también las próximas dos tardes-noches que tenemos previstas aquí.

El apartamento está puesto con gusto y resulta muy cómodo en espacios y facilidad de movimiento. También en cuanto al sofá, la cama o las almohadas. Es muy moderno, aunque está ubicado en una casa antigua, con muros gruesos e imponentes sillares. Ha sido un gran acierto.

En cuanto al clima, nos movemos en un continuo cambio, con rachas de sol ardiente, casi de verano, y otras de viento fresco otoñal, de esas que te pillan de sorpresa y te dejan heladito. Hoy noto la garganta resentida, posiblemente porque la camiseta que llevé ayer, aunque de manga larga, tiene un escote redondeado demasiado bajo. Así que haré uso de los pañuelos y fulares que me traje en buena previsión. Y me pondré algo más recogido alrededor del cuello.

Aprovecharemos el tiempo de hoy para visitar Braga, una ciudad cercana, porque para mañana se anuncian muchas lluvias. Y ya veremos qué hacer el miércoles pasado por agua que nos espera.

Publicado en viajes

Domingo 22 de septiembre

Son las seis y media en España, mi hora habitual de despertar, pero aquí, en Portugal, es una menos. El móvil la marca bien, pero he dejado el reloj de muñeca anclado en la española, porque es la de mi organismo y me ayuda a entenderme.

Grabado en el Coa

Estamos en el valle del Coa solo por esta noche, y por los pelos hemos conseguido ver algunos de los grabados prehistóricos que lo caracterizan y que nos indujeron a llegarnos hasta aquí. Fue ayer por la tarde, tras una lluvia copiosa que nos hizo temer que se suspendiera la excursión y que finalmente remitió justo cuando empezábamos a ver la primera piedra.

Sigue leyendo «Domingo 22 de septiembre» →
Publicado en reflexiones, viajes

Sábado 21 de septiembre

Escribir la fecha de cada día aquí es una forma de no perder el sentido del tiempo, ya que no tengo que rellenar documentos como antes, ni hay puntos de referencia obligatorios que me mantengan lúcida en ese sentido. En mi clase solía apuntar la fecha en la pizarra, justo arriba a la derecha. Esta es mi pizarra virtual a ese respecto.

Son las siete y media, tenemos una DANA dando vueltas por la península y salimos de viaje en un par de horas. Van a ser las primeras vacaciones otoñales de nuestras vidas y prometen ser lluviosas. No hay término medio, por lo que veo. En julio nos acompañó un calor extenuante y el agua será ahora nuestro referente climático.

Sigo sumida en sensaciones de extrañeza. Paso junto al instituto cada día y me sorprende ver vacío el sitio donde solía yo aparcar. Somos animales de costumbres, cada quien lo hace en su lugar habitual y no ha llegado ningún profe nuevo que necesite el que yo usaba, por lo que parece.

Voy de paseo, a la compra o a mis clases de costura en pleno horario laboral. Imagino qué sucede dentro, las clases, los ruidos, las luchas, el cansancio… Es un privilegio poder verlo desde fuera y saberme libre de tantas obligaciones. Pero a la vez me resulta raro. Todavía no me acostumbro.

Voy a darme una ducha y a organizar los últimos preparativos. Mi novela sigue sin terminar, aunque le queda un poquito menos porque ayer le di un buen empujón. Espero tener la mente despejada y feliz a la vuelta.

Publicado en reflexiones

Viernes 20 de septiembre

Qué raro se me hace estar en estas fechas otoñales y no tener que ir al instituto. Hubo un tiempo en el que las clases empezaban en octubre, pero ya muy remoto, en los ochenta y noventa, hace ya más de treinta años, ya no tengo costumbre.

Ahora me rijo por otros parámetros y siempre me parece que no aprovecho el tiempo lo suficiente. Tengo el prejuicio de que he de estrujarlo al máximo y me siento culpable si no hago muchas cosas y preferiblemente muy intensas. He esperado y ensoñado esta etapa tanto que ahora me sorprende su simplicidad. Aunque lo cierto es que no vagueo nada, tampoco las mañanas me dan para continuos momentos heroicos. Está claro que debo rebajar mis expectativas porque son absurdas.

Me he despertado demasiado pronto, apenas son las cinco. Hoy toca escribir un poco más. Me quedan apenas unas páginas, poquísimas, pero quiero que queden perfectas y que cierren el relato con solvencia.

Publicado en reflexiones

Jueves 19 de septiembre

A las 6:40 tecleo todavía en la cunita, mientras JC se arregla para ir al trabajo. Está totalmente oscuro. Se nota que ya casi estamos en otoño.

Ayer hice tres patrones a partir de la falda recta. El primero, de cuatro piezas. Otro eliminando las pinzas para evasé. Y finalmente un tercero con quillas, para una falda muy larga. Posiblemente haré una con ese último patrón, pero más adelante.

Al final he consensuado conmigo misma un horario personal.

  • Lunes, informática. Y clases de Photoshop, si salen. En todo caso, vídeos para mi canal.
  • Martes, costura en casa para tener algo hecho para la clase del día siguiente.
  • Miércoles taller de costura y compras
  • Jueves escritura en casa.
  • Viernes más escritura y clases en EdE

Ya se va JC, cada vez más pronto, son las 6:50. Me quedo sola y programo lo que debo hacer. Una ducha, recoger un poco la casa y la habitación. Salir a dar un paseo. Escribir. Esos son los planes de momento. Luego, claro está, los puedo cambiar sobre la marcha.

Siguen las sensaciones de extrañeza pero predominan ya las de felicidad por la independencia conseguida.

Publicado en reflexiones

Miércoles 18 de septiembre

Las 7:49. Un nuevo día. Hoy toca patronaje y exploración de la zona para ver si puedo aparcar y llevarme el coche. De lo que haré allí todavía no he decidido un plan de trabajo. Porque está claro que no habrá una estructura externa, la profe se adecua a lo que se le pida, no tiene un plan formativo. Pero por otra parte, ¿realmente necesito una enseñanza reglada? Me agrada y conviene más un grupo con el que coser, que me ayude a tomar medidas y a rectificar las prendas cuando sea necesario. Por fin alguien con quien hablar de esas cosas y con quien aprender los trucos del oficio.

Respecto a la otra afición, la escritura, ando un poco desanimada, pues el curso en EdE de los viernes por la mañana de momento tiene pocos participantes apuntados. Cifro las esperanzas de que finalmente aumente el número de locos como yo en la jornada de puertas abiertas de la próxima semana. Si no fuera posible, dejaré el asunto de lado, o seguiré online si me veo muy perdida.

Por si suena la flauta y tengo suerte, me he preinscrito también en otro curso de photoshop del catálogo municipal. Pensé que algo informático podría ser interesante, aunque me temo que el nivel sea muy bajo y lento, pero habrá que verlo para poder juzgar.

Publicado en reflexiones

Martes 17 de septiembre

Hoy me planto ante el PC un poco antes, son las ocho. Acabo de hablar con JC, que me llama siempre cuando llega al trabajo, y que ha recordado con tristeza que es el cumple de J. Hace 60. Veremos si esta vida puñetera le deja llegar a los 61.

Y en todo caso, ¿hay alguien que sepa lo que le espera en el siguiente recodo del camino? Ninguno estamos exentos de encontrarnos de frente a la Parca en cualquier momento. Con esa dura reflexión existencial me dispongo a redactar un rato, a salir hasta Sol para comprar tela e incluso a acercarme al Instituto Italiano de Cultura y comprobar in situ sus aulas de idiomas. Una vez allí, ¿por qué no una visita a Rodrigo? Ya veré, que no quiero ponerme aún más melancólica.

Las ocho y cuarto. Pero no salgo de casa para ir al trabajo. Es raro. Reconfortante y sorprendente a la vez.

Publicado en reflexiones

Día 78

Aquí estoy, a las ocho y media de la mañana, sentada ante mi ordenador y no frente a una clase. Qué lujo, no termino de hacerme a la idea.

Vuelvo a tener por delante montañas de cosas posibles: escribir el final de la novela, que cada vez tengo más claro y está más cerca, ir a la compra para rellenar un frigo medio vacío, llegarme hasta Sol y comprar tela de toile para mis prácticas de costura, encargar comida de dieta, elegir unas playeras blancas de esas que se pueden llevar con faldas y pantalones pesqueros… Pero lo primero ha sido redactar estas líneas. Bueno, perdón, no es del todo cierto, porque empiezo cada día leyendo las noticias en el móvil, todavía arropada por el calor de las sábanas y la somnolencia del recién despertar.

Así son mis jornadas iniciales de jubilauta. Dejo constancia de ellas para ulteriores comparativas. Desde que soy pensionista ya no subo imagen en cada post. Esa ha sido otra decisión improvisada. Pero mola.

Publicado en reflexiones

Día 77

Despertar repentinamente a las cinco con una crisis de ansiedad y miedo no es nada agradable. Me he ido tranquilizando poco a poco, y y ahora, tres horas después, tengo sueño. A ver si consigo dormir un poco más.