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Lunes 23 de septiembre

Castillo de Guimaraes

Ayer llegamos a Guimarães, una ciudad encantadora, que me recuerda un poco a Santiago, o a Lugo, por sus casas de piedra y sus ventanales. No obstante, por supuesto, tiene su propia personalidad. Es tan mona y recogida que nos pateamos el centro histórico con verdadero agrado. Aunque he de decir que, sobre todo, el conjunto arquitectónico de castillo, palacio y ermita, pues está justo al lado de donde nos hospedamos. Seguramente será el lugar de darnos paseos también las próximas dos tardes-noches que tenemos previstas aquí.

El apartamento está puesto con gusto y resulta muy cómodo en espacios y facilidad de movimiento. También en cuanto al sofá, la cama o las almohadas. Es muy moderno, aunque está ubicado en una casa antigua, con muros gruesos e imponentes sillares. Ha sido un gran acierto.

En cuanto al clima, nos movemos en un continuo cambio, con rachas de sol ardiente, casi de verano, y otras de viento fresco otoñal, de esas que te pillan de sorpresa y te dejan heladito. Hoy noto la garganta resentida, posiblemente porque la camiseta que llevé ayer, aunque de manga larga, tiene un escote redondeado demasiado bajo. Así que haré uso de los pañuelos y fulares que me traje en buena previsión. Y me pondré algo más recogido alrededor del cuello.

Aprovecharemos el tiempo de hoy para visitar Braga, una ciudad cercana, porque para mañana se anuncian muchas lluvias. Y ya veremos qué hacer el miércoles pasado por agua que nos espera.