Publicado en viajes

Domingo 22 de septiembre

Son las seis y media en España, mi hora habitual de despertar, pero aquí, en Portugal, es una menos. El móvil la marca bien, pero he dejado el reloj de muñeca anclado en la española, porque es la de mi organismo y me ayuda a entenderme.

Grabado en el Coa

Estamos en el valle del Coa solo por esta noche, y por los pelos hemos conseguido ver algunos de los grabados prehistóricos que lo caracterizan y que nos indujeron a llegarnos hasta aquí. Fue ayer por la tarde, tras una lluvia copiosa que nos hizo temer que se suspendiera la excursión y que finalmente remitió justo cuando empezábamos a ver la primera piedra.

Apenas nos enseñaron unas pocas, pero en cada lienzo había al menos cuatro dibujos, todos de animales. Uros, cabras, ciervos y caballos. Me resultó impresionante saber su antigüedad, entre veinte y veinticinco mil años, e imaginar la vida del hombre paleolítico allí. Otras posibles excursiones enseñan otras piezas neolíticas o de la edad del hierro, con figuras humanas incluidas que nosotros no hemos llegado a ver, pero con esta pequeña muestra nos quedamos más que satisfechos.

El valle del Coa es recogido y feraz, hermoso incluso ahora, tras el árido verano. Está plagado de vides, almendros y olivos. La guía nos iba explicando sus características mientras nos llevaba en un todoterreno astroso trotando durante más de siete kilómetros. Era una carretera infernal de curvas sin visibilidad y gravilla aportada para evitar que un posible embarrado la hiciera intransitable.

Elegimos este apartamento donde ahora estamos en un mapa de booking, pensando que se encontraba bastante cerca. Pero en esta zona las distancias no son tan sencillas, y los pocos kilómetros que nos separan de la zona cero también son de curvas y puertos. Eso sí, bien asfaltados y señalizados, no como los de la excursión.

Este valle y este río debieron convertirse en una presa e inundarse en los años noventa, pero justo entonces empezaron los descubrimientos arqueológicos que finalmente lo evitaron. Menos mal, porque enseguida fueron considerados patrimonio de la humanidad por la Unesco. Ahora mismo, veinte años después, se siguen encontrando nuevos grabados y tienen la misma protección y denominación en el lado español. Siega Verde es su versión hispana, aunque lo más significativo, más de diecisiete kilómetros de grabados en ambas riberas del río Coa, está en este lado portugués.

Hoy viajaremos hasta Guimaraes, a otro apartamento que será nuestra sede durante tres noches. La intención es recorrer las ciudades y paisajes más importantes de la zona norte de este país que nos acoge con tanta cordialidad. Nos hemos sentido más extranjeros y cuestionados en otros lugares de España que aquí. Veremos si la sensación se mantiene en las ciudades.