Publicado en reflexiones, viajes

Sábado 21 de septiembre

Escribir la fecha de cada día aquí es una forma de no perder el sentido del tiempo, ya que no tengo que rellenar documentos como antes, ni hay puntos de referencia obligatorios que me mantengan lúcida en ese sentido. En mi clase solía apuntar la fecha en la pizarra, justo arriba a la derecha. Esta es mi pizarra virtual a ese respecto.

Son las siete y media, tenemos una DANA dando vueltas por la península y salimos de viaje en un par de horas. Van a ser las primeras vacaciones otoñales de nuestras vidas y prometen ser lluviosas. No hay término medio, por lo que veo. En julio nos acompañó un calor extenuante y el agua será ahora nuestro referente climático.

Sigo sumida en sensaciones de extrañeza. Paso junto al instituto cada día y me sorprende ver vacío el sitio donde solía yo aparcar. Somos animales de costumbres, cada quien lo hace en su lugar habitual y no ha llegado ningún profe nuevo que necesite el que yo usaba, por lo que parece.

Voy de paseo, a la compra o a mis clases de costura en pleno horario laboral. Imagino qué sucede dentro, las clases, los ruidos, las luchas, el cansancio… Es un privilegio poder verlo desde fuera y saberme libre de tantas obligaciones. Pero a la vez me resulta raro. Todavía no me acostumbro.

Voy a darme una ducha y a organizar los últimos preparativos. Mi novela sigue sin terminar, aunque le queda un poquito menos porque ayer le di un buen empujón. Espero tener la mente despejada y feliz a la vuelta.