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Martes 24 de septiembre

Bom Jesú en Braga

Seguimos muy contentos en Guimarães, el colchón es comodísimo y el apartamento también. Además, excepto en domingo, que nos costó un poco, es sencillo aparcar justo delante de la casa.

Ayer nos pateamos Braga, la ciudad vieja, que no estaba mal pero no me parecía merecer el viaje y las complicaciones del tráfico sufridas, pero cambié de opinión en cuanto llegamos a El Bom Jesú. Es un lugar muy arbolado, lleno de templetes, jardines y macizos, pero lo más llamativo son sus escalinatas dobles, nueve en total, y el funicular del XIX que ayuda a salvarlas a los menos preparados o arriesgados físicamente. Ese lugar era mágico y me encantó.

Luego, ya puestos, nos acercamos hasta el mar, a Viana do Castelo, cuyo castillo, una fortificación artillera, nos recorrimos muy felices sin toparnos con nadie, ni siquiera los que pueblan la escuela de hostelería en que se han convertido sus dependencias interiores.

Al final el día fue un poco más paliza de lo previsto, pues por la tarde también caminamos mucho aquí en Guimarães. A la vuelta, cuesta arriba, hasta nuestra ubicación junto al castillo, nos dimos cuenta de pronto de que estábamos bastante más agotaditos de lo esperado.

Pero tuvimos un clima estupendo y había que aprovecharlo, ya que las previsiones para hoy son de mucha lluvia. Por eso andaremos por aquí cerca, visitando el interior del castillo y del palacio de los duques de Braganza.

Parece que llevamos fuera una semana y son apenas tres días. Es lo bueno de romper el ritmo habitual. Todavía me sorprende estar así, vacacionando en pleno curso. Sobre las cinco y media, hora local, se veía aquí por todas partes a chavales con mochilas. Su aspecto de secundaria o bachillerato, vamos, como mis alumnos, me hacía recapacitar de nuevo sobre mi nueva situación.

Y ahora que escribo me doy cuenta de que es la hora de entrada y de empezar la primera clase. Sin embargo, aquí estoy, a unos cientos de kilómetros, de vacaciones otoñales, tecleando en mi móvil, todavía en pijama, arropada y feliz entre las sábanas. Qué suerte.