
Hoy me planto ante el PC un poco antes, son las ocho. Acabo de hablar con JC, que me llama siempre cuando llega al trabajo, y que ha recordado con tristeza que es el cumple de J. Hace 60. Veremos si esta vida puñetera le deja llegar a los 61.
Y en todo caso, ¿hay alguien que sepa lo que le espera en el siguiente recodo del camino? Ninguno estamos exentos de encontrarnos de frente a la Parca en cualquier momento. Con esa dura reflexión existencial me dispongo a redactar un rato, a salir hasta Sol para comprar tela e incluso a acercarme al Instituto Italiano de Cultura y comprobar in situ sus aulas de idiomas. Una vez allí, ¿por qué no una visita a Rodrigo? Ya veré, que no quiero ponerme aún más melancólica.
Las ocho y cuarto. Pero no salgo de casa para ir al trabajo. Es raro. Reconfortante y sorprendente a la vez.