Publicado en reflexiones

Jueves 3 de octubre

Ayer me cundió mucho en la clase de CC, porque me alcanzó para cortar una falda y para dibujar mis primeros patrones de corpiño.

Había elegido para la falda una tela verde élfica, oscura, de una sarga cómoda para trabajarla ahora y para ponerla luego. Fue deprisa y corriendo, unos minutos antes de tener que salir hacia Leganés, adonde voy con el coche y aparcar es una odisea. Pero ahora, sin embargo, me parece que fue una buena decisión.

El trazado del patrón del cuerpo no fue muy difícil, pero prefería hacerlo allí por eso de consultar las dudas a la profe. Y, en efecto, surgieron unas cuantas que ella solventó enseguida y bien. Estoy contenta.

Ya en casa, por la tarde, pasé los hilos flojos a todas las piezas. Y son seis, nada de una falda sencilita, que si no tiene alguna dificultad no me motiva. Lo hice en el salón, mientras veía-oía una serie con JC. Así que, de pronto, así, en un pispás, estuvo montada con hilvanes, a falta de comprarle una cremallera.

Pero lo interesante es que el patronaje encaja perfectamente a mi figura, no como el de la profe de mercería del año pasado, que había que moldear sobre el cuerpo, vamos, que se hacía a ojo. Menos mal.

Habrá que comprobarlo también en el corpiño y las mangas, que son materia más complicada, pero de momento esto va bien. Y eso es lo que me interesa.