Escribo aquí para no perder el sentido del tiempo y de la vida. Poner la fecha y contar qué hice el día previo o qué haré en las horas siguientes se ha convertido en una rutina que me ayuda. Avanzo hacia los 100 días seguidos, ya me lo recuerda WordPress, pero no me mueve batir ningún récord, sino mi propia necesidad emocional.
Acabo de redactar mi carta a Rodrigo, la de cada sábado, y constato que estoy manteniendo tres bitácoras, cada una con diferente intención. Es una buena rutina literaria con la que espero seguir disfrutando y mejorando mi estilo.
Anoto, también, mi primera experiencia presencial en la Escuela de Escritores. Estaré con otras cuatro mujeres, muy charlatanas todas, y un profe de la edad de mis hijos, no sé si no me agobiaré a veces. Creo, perdón por la inmodestia, que no necesito que me espoleen para escribir, y que tengo muy buen nivel, que podría hacerlo sola. Pero también soy consciente de que necesito apoyo humano. No estoy buscando técnica, sino entorno emocional, apoyatura psicológica. Creo que ahora los necesitaré más que nunca, porque ando mucho más sola desde la jubilación. He pasado de un sobre-estimulación agobiante (más de cien alumnos y cuarenta compañeros cada día) a la soledad del ama de casa que no soy ni seré nunca.
Por eso me he buscado tres actividades diferentes en las que encontrar nuevos entornos de contacto humano. La costura, la informática y la narrativa no son solo campos que me gustan y a los que puedo por fin dedicar el tiempo que antes no tenía. Espero que funcionen también para seguir activa, creadora, joven y alegre. Y, por supuesto, a mantener a raya esta nueva ansiedad que se ha reavivado últimamente. Seguiré contando.