Ayer mis intentos madrugadores de escribir con el móvil se fueron varias veces por un desagüe virtual que no termino de entender pero me afecta de vez en cuando. Por más que actualizaba, no recogía mis añadidos, así que abandoné la calidez del edredón y rehice lo necesario de nuevo con el pc por cuarta o quinta vez.
Era una lucha desagradable, que me frustraba mucho, y cuando terminé todavía me espoleaba un cierto gusanillo ansioso, así que me lancé a escribir un cierre a la novela.
Y por fin la terminé.
No sé si me convence del todo el desenlace, pero he puesto un punto final y es una sensación muy liberadora.
El texto tiene unas 53.000 palabras que ahora tengo que revisar, especialmente esas últimas páginas que no he corregido ni filtrado tanto como las otras. Pero, en fin, hay que revisarlo todo en general. Ya he empezado a corregir los pequeños detalles del principio que es necesario que casen con la trama a la perfección. De hecho voy por la página 75 de un total de 170. Le calculo unas 200 en libro impreso, aunque todo depende también del tamaño de la letra y yo solo sé comparar con el libro de Rodrigo.
Estoy contenta. Ufffffff. Se me ha quitado un gran peso de encima. Ahora toca ya otra tarea, la correctora, de modo que anímicamente me permite abrir campo a novedades. Como mi interés en hacerme youtuber, cosa que me me anda rondando de nuevo con fuerza. Y no es fácil hacer con una cierta calidad. Sigo en ello, no hay prisa.