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Miércoles 1 de enero de 2020

Como anoche nos acostamos a la una, hoy, primer día del año, he amanecido más tarde. Son las nueve menos cuarto. El cielo está despejado y se ve un hielo blanquecino sobre los coches. JC duerme mientras yo tecleo en la oscuridad, como todas las mañanas desde hace ciento noventa días.

Este año nuevo tiene el dígito de los veinte por primera vez, es el de mi total jubilación, tiene connotaciones de felicidad por el adjetivo histórico de los happy twenties, y espero, contra toda esperanza, que por favor nos sea propicio.

Tengo tarea por delante: el abrigo de G, mi nueva novela, crear y editar vídeos educativos. Y vivir mi nueva vida, encontrarle el quid, que todavía se me escapa. Disfrutar del tiempo que se me ha regalado, la cabeza lúcida, la ilusión por hacer cosas, mi pequeña pero maravillosa familia.

Anoche cenamos los tres, JC, G y yo. Rodrigo nos sigue haciendo falta, aunque no duela tanto, aunque estas sean las décimo sextas navidades sin él. Y esta ocasión cambié el menú: tomamos langostinos a la plancha, pulpo y cordero asado. Otros años nos hemos decantado por los huevos fritos con patatas, pero este salió así, improvisado con lo que tenía buena pinta en el híper la misma mañana. Y lo regamos con nuestras bebidas de siempre, aunque añadimos una botella de lambrusco.

Después seguimos las uvas en la sexta, viendo cómo Cristina Pardo se partía de risa ante la apreciación de su compañero, Iñaki López, que aseguró que ellos eran la marca blanca de las campanadas, el Hacendado de esa retransmisión. Con nuestras uvas limpias sin pepitas, empaquetadas en un estuche que parecía un reloj.

A mí los días señalaitos me dan mucha pereza. Me gustó mucho más la jornada laboriosa e improvisada del lunes. Pero no desecho nada y agradezco la compañía de mis tres hombres (Rodrigo seguro que estuvo a su manera).

Y ahora a seguir avanzando. Me tomaré un tecito, un capotí, en inglés gibraltareño, e intentaré de nuevo que el abrigo cuadre. Por tutatis.

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Último día de 2019

Ayer fue un día productivo y también entrañable, que pasamos juntos los tres, JC, G y yo. Hoy volveremos a cenar juntos.

Empezó la cosa con un viajecito al hípermercado, casi impracticable con montones de gente comprando. Yo me había quedado en casa para revisar un asunto al que me había comprometido, pero enseguida me uní a la causa y vimos mamparas para los baños en el Fontanero Feliz.

Necesitábamos ir al Estupendo Bricolaje a echar un vistazo, cosa que aprovechamos para comer en nuestro italiano favorito, que está en ese mismo centro comercial. Engordante pero exquisita. Ñam.

Idas y venidas al Fontanero, arreglillos en la casa, sobre todo a manos de JC, y se nos hicieron las nueve.

Risas, compañía y actividad. Un día estupendo en familia. Y hoy, qué bien, más. Lo único malo y preocupante, el exceso de comida. A dieta estricta en breve, sin remedio.

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Lunes 30 de diciembre de 2019

Nada llamativo que contar. He dormido más que otras veces, son las siete, supongo que porque ayer dimos tres paseos y la actividad física viene bien.

Voy perfilando un nuevo proyecto narrativo, sigo atascada con la costura deshaciendo sin parar y sin conseguir solventar los problemas, no me he atrevido a pesarme después de tantas comidas navideñas y apenas empecé a presumir de que este año no me he resfriado, amanezco congestionada y mocosa.

La vida corriente que, por cierto, llevo contando 188 días según el chivato de WordPress.

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Domingo 29 de diciembre de 2019

Qué poquitos días quedan ya de este año, a punto de entrar en los veinte, pienso en mi abuela, que vivió los del siglo pasado. ¿Serán felices los de este XXI? El futuro es siempre un enigma.

Ayer vi una versión moderna de Mujercitas, qué navideño, como tantas otras veces de mi vida. Hacía mucho que no seguía una película en la televisión. Fue un espanto de largas tandas publicitarias que cortaban en seco la trama y las emociones en los momentos menos adecuados. Desde luego me dejó sin ganas de repetir la experiencia. No vuelvo a permitir que me destrocen así una peli.

Leí esa novela de Louise May Alcott por primera vez a la tierna edad de nueve años. No exagero, estaba en cuarto de primaria y era Navidad, lo recuerdo muy bien, cuando la profesora de Lengua nos instó a elegir un libro de la biblioteca del aula. Me tocó ese, o fue cosa del azar, da lo mismo, el caso es que desde el primer momento esa historia me cautivó.

Ayer, en el tiempo intermedio de los odiosos anuncios, activé el mute para que no me aturdieran. Y estuve pensando en lo que esa escritora y su visión del mundo influyeron en mí.

Sé que a mis pocos años me impresionó el trabajo emocional de aquella familia. Padre, madre o hermanas reflexionaba sobre sus caracteres y procuraban vencer sus defectos con un esfuerzo consciente del que hablaban con naturalidad. Había cuatro personalidades: orgullosa, presumida, tímida o colérica para identificarse. Yo lo hice. Y, como ellas, luché para pulir mi carácter.

Eso es lo que me parecía curioso ayer, que aun siendo tan niña asumí tal asunto como una buena idea, sin que nadie me la impusiese. Está claro que tengo una tendencia a la introspección, no se me ocurre otra forma de explicarlo.

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Sábado 28 de diciembre

Hoy es el día de los Inocentes, comprendo según escribo la fecha. Habrá que estar atentos a las bromas. A ver si son distinguibles en estos tiempos aciagos y de sucesos extremos, ahora que es cada vez más complicado separar la realidad de la ficción.

Por fin podemos disfrutar de una jornada de tranquilidad y descanso, sin nada previsto, ni visita, ni quedada. Tras las gestiones y papeleos varios de ayer, y las costumbres y reuniones propias de estas fiestas, qué gusto tener un día sencillo y sin más pretensiones.

186 publicaciones seguidas, voy aumentando este récord que no pretendía serlo.

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Viernes 27 de diciembre de 2019

No puedo dormir. Son las dos menos cuarto de la madrugada. Cuando salimos a las ocho a cenar con unos amigos no pensé que eso me descolocaría más de lo normal, tampoco era para tanto, ni volvimos a casa tan tarde. Estas fechas terminan siendo un caos de horarios infames y comidas extemporáneas, me temo. Apenas conseguí atrapar un sueño intermitente, sobre las doce, y media hora después me despejé del todo. Un desastre.

Debo confesar que me había echado una siesta y que esa pudo ser otra razón más para este insomnio que no cede. He leído un buen rato, he bajado a la cocina y me he tomado un vaso de leche con galletas, he añadido una pildorilla de valeriana… Todo en vano. Al final he decidido escribir aquí porque mañana no tendré tiempo antes de las cosas cotidianas, como acostumbro, y por ver si eso me tranquiliza. Ya aviso que, de momento, no.

Así que apunto las novedades de la mañana de ayer, que empezamos JC y yo con un viaje en Cercanias hasta Sol y siguió con un paseo agradable de buenísima temperatura hasta el Banco de España. Allí cambiamos unos billetes de las antiguas pesetas que había encontrado por fin, después de quince años de búsqueda infructuosa. (Los había guardado tan bien que hasta la fecha, oiga. No son muchos euros, habría sido una cantidad más interesante en el pasado, pero nunca es tarde si la dicha es buena). La salida terminó con otra caminata estupenda por el Paseo del Prado hasta Atocha, donde cogimos de nuevo el tren hasta nuestro humilde hogar.

Comimos temprano y yo dormí todo lo que ahora no me sale mientras él se enfrascaba en el último libro de El Gran Wyoming, ese fue mi error. Tuve ya toda una tarde de ese mal humor que caracteriza una mala siesta, salí sin ganas y por el compromiso previo y volví con el estómago revuelto aunque había comido con moderación (una pechuga de pollo a la plancha con una ensalada).

Y aquí estoy, las dos y media, empezando a sentir el peso del sueño en los párpados. Dejaré el móvil y volveré a intentar dormirme. Buenas noches.

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Jueves 26 de diciembre de 2019

Qué risas ayer, menos mal que al menos nos reímos juntos. La comida navideña fue agradable y distendida, pero no se marchan las sensaciones de irrealidad. Y por eso ahora me parece todo un sueño, aunque haga poquísimo que sucedió y la lógica me diga a gritos que no hay razones para tanto desconcierto.

Llevamos varias comidas copiosas a base de dulces, fritos y grasas, alejados de toda prudencia (me dan miedo los kilos que se me sumarán, tanta dieta para esto). Vemos a familiares y amigos, salimos por el centro, nos hacemos regalos… Unas vacaciones tópicas, entonces, como las de mucha gente, si se analizan con desapego. Sin embargo las sensaciones de incomodidad emocional permanecen intactas.

Claro que ya nada me pilla de nuevas. Tengo muchos años y algo he aprendido de mis vicisitudes previas. Me analizo porque me gusta saber lo que me pasa, pero ya descubrí hace eones que la consciencia no está reñida con la fluidez. Toca dejarse llevar. Ya vendrán momentos más fáciles. O diferentes. O lo que sea.

No debo agobiarme si persiste la sensación de vivir entre bambalinas, actriz que sabe que está en una obra de teatro. En el fondo esa es la mayor de las verdades. ¿Y si como plantea la teoría de la caverna de Platón lo que creo sensaciones de extrañeza son percepciones lúcidas de la auténtica realidad?

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Navidad 2019

Cuando se echa la vista atrás es cuando se pueden hacer las comparaciones pertinentes, cuando de verdad se conoce y pondera lo sucedido. Como que antes estar todos nos parecía lo normal, no éramos conscientes de la suerte que eso significaba.

Quién hubiera previsto en las navidades de 2003 que eran las últimas de Rodrigo. O el año maldito de 2004 que mis padres no llegarían a las de 2005. Exactamente lo que sucedió con Javi el diciembre pasado, de modo que ayer pensamos lo mismo aunque ninguno dijo nada. G se sentó en el sitio que solía ocupar él, frente a mí y al lado de Ela, cada vez más anchos en la mesa, y no junto a JM y su padre. Así comimos. Y brindamos por los ausentes, que ya son tres, un cuarenta por ciento de nuestro exiguo total.

Estuvimos hablando poco y viendo la tele, concursos, series y unos monólogos muy simplistas, pero que llenaban el tiempo. Salvo algún comentario chusco de G que al menos yo agradecí.

Hoy cambiamos de tercio dedicándonos a mi lado familiar, también con muchas sillas vacías y esa sensación de desconcierto que no nos abandona. Lo que comamos es lo de menos, solo será un intento de estar juntos. B llegará por la tarde. Y poco más darán de sí las festividades de este año. Esperamos no tener que añorarlas en las siguientes.

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Nochebuena 2019

Para los fastos de hoy hemos decidido comprar comida preparada. No es que sea la más sutil y navideña, pero será más que suficiente. Iré a buscarla con un tiempo prudencial, por si acaso algo no funciona y es necesario recurrir a un plan B. Carga doble, para la cena de hoy y para la comida de mañana. Quizá acabemos hartos de lo mismo, no sé. Pero no será de cocinar en exceso. Espero.

Pasaré una mopa y el polvo, al menos para la comida de mañana. Qué tostón. En el sótano, sin embargo, todo estará revuelto, pues el abrigo sigue sin cuadrar. Lo he deshecho de nuevo y ahora incluso una manga. Pero las labores costureras ya serán para más adelante. Jolines con el patrón, por muy de Burda que sea, no me está saliendo nada bueno.

Ideas inconexas duermen furiosamente. Hoy no estoy muy lúcida. He vuelto a despertarme muy temprano. Escribo esto en la penumbra de la somnolencia. A la noche resistiré mal la cena y me caeré de sueño en cuanto den las once. Aunque, la verdad es que eso me sucede desde hace tanto tiempo, prácticamente desde que tengo memoria, que a qué agobiarme. Si es más de lo mismo. Puede ser que incluso pueda echarme una siestita paliativa antes de salir.

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Lunes 23 de diciembre de 2019

Mañana es Nochebuena y pasado, Navidad. Días de comilonas y celebraciones enajenantes, porque la familia se reduce y los años y las ausencias nos van pesando. Qué desbarajuste emocional y físico, y qué raro se me hace ahora que no tengo vacaciones.

Recuerdo a madres sin hijos contemporáneas a la muerte de Rodrigo que querían borrar estas fechas de un plumazo y me congracio con mi suerte de haber estado trabajando en esos ásperos años de duelo. La mente ocupada en periodos lectivos y la necesidad de descansar en vacaciones navideñas les dieron sentido a mis calendarios. Ahora, jubilada, siento muy vacías estas jornadas de comidas interminables y malestar gástrico en las que no puedo disfrutar de mis aficiones, esas de las que no necesitaba reposo alguno.

Pero no nos pongamos estupendos, yo no soy la medida de todas las cosas. Me está costando centrarme. Apenas comienzo a hacer rutina, surgen nuevas eventualidades que me desconciertan. Tal vez deba darle la vuelta al razonamiento, quizá es que ahora tengo que funcionar de otra manera que nunca antes pensé y no tenía prevista.

Así que de momento dejaré fluir las horas y los días evitando esta conciencia luterana mía que me obliga a aprovechar cada minuto en algo productivo, que me exige eficacia y ritmos innecesarios. A ver si me sale.

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Domingo 22 de diciembre de 2019

Ayer estuvimos en la fiesta de la Aso. Desde las dos, cuando salimos de casa, hasta las diez, que llegamos agotaditos. Ayudamos al principio, éramos pocos y había mucho que hacer, luego llegó el mogollón, yo me senté con un ataque de lumbalgia y otros se dedicaron al reparto de comestibles y juguetes.

Un día tontorrón con bocatas y roscón sería el resumen rimado al estilo del Infante don Juan Manuel. Jajajajaja. Me reiría más si no estuviera preocupada por el aumento de peso navideño. La zampada de anoche y lo que queda todavía. Ufffffff.

Me avisa el sistema de que este post hace el número 180. Seis meses de escritura continua, los de mi nueva libertad laboral. Sigo sintiéndome extraña, entre agradecida y asustada. Por eso mantengo este blog tan asiduamente, porque reflexionar me ayuda.

La larga tradición de quince años escribiendo a Rodrigo me certifica como redactora constante. Esta bitácora es igual de longeva, aunque de ambas no se muestran todas las entrsdas. Desde febrero procuro mantener también la de mi nombre, o más certeramente, de profe, filóloga y escribidora. Es la de duelo la que se ha quedado anclada. No la borré, pero ya no actualizo.

Iba a cerrar el texto cuando me doy cuenta de que he escrito dos adverbios en – mente, qué aberración, y pulo un poco más las rimas internas. Estoy poseída por el espíritu de correcciones múltiples. Jajajajaja. Vuelvo a reírme. Está bien esto de empezar el día con risas. Y se pondrá mejor porque veremos a G.