
Para los fastos de hoy hemos decidido comprar comida preparada. No es que sea la más sutil y navideña, pero será más que suficiente. Iré a buscarla con un tiempo prudencial, por si acaso algo no funciona y es necesario recurrir a un plan B. Carga doble, para la cena de hoy y para la comida de mañana. Quizá acabemos hartos de lo mismo, no sé. Pero no será de cocinar en exceso. Espero.
Pasaré una mopa y el polvo, al menos para la comida de mañana. Qué tostón. En el sótano, sin embargo, todo estará revuelto, pues el abrigo sigue sin cuadrar. Lo he deshecho de nuevo y ahora incluso una manga. Pero las labores costureras ya serán para más adelante. Jolines con el patrón, por muy de Burda que sea, no me está saliendo nada bueno.
Ideas inconexas duermen furiosamente. Hoy no estoy muy lúcida. He vuelto a despertarme muy temprano. Escribo esto en la penumbra de la somnolencia. A la noche resistiré mal la cena y me caeré de sueño en cuanto den las once. Aunque, la verdad es que eso me sucede desde hace tanto tiempo, prácticamente desde que tengo memoria, que a qué agobiarme. Si es más de lo mismo. Puede ser que incluso pueda echarme una siestita paliativa antes de salir.