
Cuando se echa la vista atrás es cuando se pueden hacer las comparaciones pertinentes, cuando de verdad se conoce y pondera lo sucedido. Como que antes estar todos nos parecía lo normal, no éramos conscientes de la suerte que eso significaba.
Quién hubiera previsto en las navidades de 2003 que eran las últimas de Rodrigo. O el año maldito de 2004 que mis padres no llegarían a las de 2005. Exactamente lo que sucedió con Javi el diciembre pasado, de modo que ayer pensamos lo mismo aunque ninguno dijo nada. G se sentó en el sitio que solía ocupar él, frente a mí y al lado de Ela, cada vez más anchos en la mesa, y no junto a JM y su padre. Así comimos. Y brindamos por los ausentes, que ya son tres, un cuarenta por ciento de nuestro exiguo total.
Estuvimos hablando poco y viendo la tele, concursos, series y unos monólogos muy simplistas, pero que llenaban el tiempo. Salvo algún comentario chusco de G que al menos yo agradecí.
Hoy cambiamos de tercio dedicándonos a mi lado familiar, también con muchas sillas vacías y esa sensación de desconcierto que no nos abandona. Lo que comamos es lo de menos, solo será un intento de estar juntos. B llegará por la tarde. Y poco más darán de sí las festividades de este año. Esperamos no tener que añorarlas en las siguientes.