Ayer estuvimos en la fiesta de la Aso. Desde las dos, cuando salimos de casa, hasta las diez, que llegamos agotaditos. Ayudamos al principio, éramos pocos y había mucho que hacer, luego llegó el mogollón, yo me senté con un ataque de lumbalgia y otros se dedicaron al reparto de comestibles y juguetes.
Un día tontorrón con bocatas y roscón sería el resumen rimado al estilo del Infante don Juan Manuel. Jajajajaja. Me reiría más si no estuviera preocupada por el aumento de peso navideño. La zampada de anoche y lo que queda todavía. Ufffffff.
Me avisa el sistema de que este post hace el número 180. Seis meses de escritura continua, los de mi nueva libertad laboral. Sigo sintiéndome extraña, entre agradecida y asustada. Por eso mantengo este blog tan asiduamente, porque reflexionar me ayuda.
La larga tradición de quince años escribiendo a Rodrigo me certifica como redactora constante. Esta bitácora es igual de longeva, aunque de ambas no se muestran todas las entrsdas. Desde febrero procuro mantener también la de mi nombre, o más certeramente, de profe, filóloga y escribidora. Es la de duelo la que se ha quedado anclada. No la borré, pero ya no actualizo.
Iba a cerrar el texto cuando me doy cuenta de que he escrito dos adverbios en – mente, qué aberración, y pulo un poco más las rimas internas. Estoy poseída por el espíritu de correcciones múltiples. Jajajajaja. Vuelvo a reírme. Está bien esto de empezar el día con risas. Y se pondrá mejor porque veremos a G.