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Sábado 11 de enero de 2020

A dos meses de un nuevo aniversario de la muerte de Rodrigo, el décimo sexto, escribí una entrada melancólica en su bitácora y todavía me envuelven sus emociones. Ojalá pudiera darle todos los abrazos que se me quedaron pendientes. Ay, cuánto lo echo de menos.

Son las siete menos cuarto, intento reflejar lo que hicimos ayer, como suelo en este diario de vida, pero solo fue un día de transición. La media hora de paseo hasta Santa Justa, el viaje y el reencuentro con la casa y el frío de Madrid. Nos han venido muy bien estas cuatro jornadas en Sevilla, qué gusto plantarse allí en dos horas y media. El AVE es una delicia, bastante más asequible ahora gracias a los descuentos de nuestra provecta edad.

A propósito sobre la vejez que nos acecha, leí un artículo bastante mediocre sobre las fases de la jubilación que proponía algo similar a esto:

1. Tiempo previo en el que se fantasea con la jubilación.
2. Fase de solicitud y espera de que sea concedida.
3. Primera etapa en la que se pretende hacer todo lo que no se pudo o dejó para entonces.
4. Fase de desencanto cuando las actividades no son lo que se creía, o no se necesita más descanso o se agotan las cosas que se querían hacer.
4. Etapa final de aceptación.
No me pareció gran cosa cuando lo leí, principalmente me parecieron de pegote las dos fases previas. Algo más razonable me resultó al recordarlo y escribirlo. En todo caso, estoy en la primera etapa, en el intento de hacer cosas que antes no podía. Ya he comprobado que algunas actividades no me funcionan, pero, menos mal que otras sí y no estoy desanimada.

Seguiré reflexionando sobre ello y los 200 días de diario que llevo ya.

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Viernes 10 de enero de 2020

Son las siete. He dormido como un tronco después de todo un día de caminatas. Ayer empezamos la mañana con marcha, subiendo las 34 rampas de la Giralda. Echamos el resto visitando la catedral y sus múltiples anexos.

Después de comer nos acercamos hasta la Torre del Oro, dimos un paseo en barco por el Guadalquivir, del que salimos arrecidos por el relente. Para recuperar temperatura recorrimos uno de los bancales del río y nos sentamos al sol hasta que casi se escondió tras las casas de la ribera contraria. Entonces regresamos por Sierpes, comiendo un helado, cansados de tanta actividad.

Hoy nos volvemos a casa, contentos de haber roto la monotonía pero también deseosos del abrazo emocional de lo cotidiano. Están bien estas salidas breves.

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Jueves 9 de enero de 2020

No es que escriba temprano, es que aún no me pude dormir. Se me ocurrió tomar una cola con cafeína, yo que llevo años evitándola. Hacía calor y apetecían sus burbujas a media mañana, con un bocatín de jamón. De resultas, no me llega el sueño aunque hayan pasado más de doce horas. La una y veinte, dice el móvil, mientras tecleo. Qué desastre.

No tenemos obligaciones previamente adquiridas, ni necesidad de madrugar mañana. Cuando pueda me dormiré, sin agobios. Y, mientras tanto, voy escribiendo lo que en condiciones normales hago nada más despertar: lo que nos sucedió hoy. Uy, perdón, me refería al día de ayer, el insomnio tiene estos despistes.

En esencia, nuestra mañana consistió en vagabundear por sitios hermosos. Paseando los Reales Alcázares y sus jardines hicimos hambre antes de comer. Y debo decir que disfrutamos con parsimonia cada rincón, artesonado, ventanal, estanque, macizo, naranjo o fuente. Por cierto, ahí conseguí mi primer descuento de jubilauta en la entrada. Poco épico, supongo, pero me hizo ilusión.

Tras una ensalada rápida en el apartamento y un magnífico yogur griego con nueces de postre, nos llegamos hasta la plaza de España. Me resultó maravillosa a más no poder, plena de luz, música, animación y belleza. Como si la viera por primera vez. Terminamos en los jardines de María Luisa, entre Dante, los Álvarez Quintero y Bécquer, coches de caballos, parterres y árboles centenarios.

Cuando se fueron el sol y el calorcito de un día espléndido, volvimos a callejear por las vías más famosas y animadas. Y de nuevo, como ayer, con un helado, síntoma de la buena temperatura y experiencia que desde luego en Madrid ni intentamos en pleno invierno.

Ya son casi las dos. Echo de menos mi cama y mi casa. Me había puesto unos tapones porque me molestaba un ruido de máquina en el patio, pero ya cesó. Debo poner a recargar el móvil y dormir. Voy a intentarlo. Buenas noches.

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Unas palabras de Nacho Escolar que me apropio

Este gobierno llega cuatro años tarde porque eso fue el bloqueo: la imposición en el Parlamento del marco que fijaba la derecha, donde los votos de algunos españoles no valían y había diputados de segunda con los que no se podía pactar. Ha hecho falta otro gobierno de Rajoy, un destierro de Pedro Sánchez, una victoria en las primarias, una moción de censura y dos elecciones para llegar a este puerto. Se ha perdido mucho tiempo y, en el camino, la ultraderecha ha llegado al Parlamento.

Pero una de las novedades del debate de investidura fue ver a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias en un rol muy diferente, complementario, colaborativo. Ambos parecen ser más conscientes del peso que llevan sobre sus hombros, de la responsabilidad que comparten. No será solo suya –también de sus organizaciones–. No es necesario que se hagan amigos. Pero si olvidan cuál es su punto más débil, la coalición tendrá los días contados. Para gran victoria histórica de la derecha.

No van a dar tregua al nuevo Gobierno, el primero de coalición de la reciente historia democrática, que afronta una responsabilidad histórica. Si la izquierda se hunde en este intento, a España llegará una contrarreforma conservadora; la misma ola reaccionaria que ya ha inundado medio mundo. Si Sánchez e Iglesias fallan, les sustituirán Abascal y Casado. Si la coalición fracasa, la derecha gobernará durante décadas. «Hasta que la princesa Leonor sea abuela», como pronostica Iñaki Gabilondo.

https://m.eldiario.es/escolar/punto-debil-nuevo-Gobierno_6_982411773.html

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Miércoles 8 de enero de 2020

Leo en el grupo de WhatsApp el lamento de mis compañeros de trabajo, que se quejan de que se les acabó lo bueno. Hoy vuelven a las aulas, ahora mismo se andan preparando, alguno incluso tendrá que salir ya para llegar a la primera hora de clase. Ay, qué lástima

Y yo mientras tanto me arropo con el edredón y tecleo en este dormitorio desconocido y ajeno de un apartamento en el barrio sevillano de Santa Cruz. Una escapadita a contracorriente. Aunque aquí siempre hay gentío, esperamos que menos que en plenas vacaciones navideñas.

Lo siento por ellos, me alegro por nuestra situación, se mantienen las sensaciones de irrealidad, a veces muy incómodas. Y constato nuevamente que me va a costar más tiempo del esperado asumir del todo mi nueva situación.

Llegamos ayer, en el AVE de las 14:30, caminando desde la estación de Santa Justa. Se nos fue el resto de la tarde en avituallarnos, comer y dar una vuelta a la catedral, los Reales Alcázares, el Parque de María Luisa y, ya de noche, la calle Sierpes y sus aledaños.

Luego se hizo tarde, callejeamos y nos perdimos, cenamos en exceso, constatamos en la tele que por fin tenemos un gobierno progresista, (ojalá esta pequeña esperanza que ahora siento se convierta en una estupenda realidad de cambio). Y finalmente nos acostamos en una cama enorme, blanca y mullida, de la que acabo de emerger para tomarme un tecito y planificar el día. Y para escribir esto.

Son las siete y media. Las ventanas solo dan a patios, en un edificio de tres y multitud de escaleras que me recuerdan la ambientación sevillana de la serie Allí abajo. Y el chivato WordPress me avisa de que llevo 197 días seguidos escribiendo en esta bitácora. A punto, entonces, de otro número redondo. Doscientos días serán el sábado. Madre, cómo pasa el tiempo. Y la vida. Por eso hay que aprovecharla.

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Martes 7 de enero de 2020

Ufffffff, por fin acaban las agotadoras festividades navideñas. Hoy todavía es no lectivo, pero mañana vuelve una rutina que aún me condiciona. La verdad es que pienso y me organizo en relación a los calendarios escolares aunque ya no ejerza. Son muchos años de rutina y que reafirman actividades como Photoshop o EdE, que también se rigen por esas mediciones de tiempo.

Para esta semana JC y yo tenemos como plan especial desconectar tres o cuatro jornadas. Aprovecharemos así aquellos días de noviembre que no pudimos salir de viaje. Algo tranquilo, y me temo que mucho menos sofisticado que la semana en Venecia que tuvimos que anular. Pero lo importante es que nos sirva para recuperar energías.

No olvido unas líneas para el día de Reyes, el cumple de Ela. Salió charlatán y divertido, alrededor de viandas variopintas y un par de partidas de Trivial. Raro, como todo en las últimas semanas. Por ejemplo, faltó el chocolate, porque no había ni un brick de leche en la casa. Y eso rompe con la tradición de décadas. Pero nos adaptamos a las circunstancias e hicimos una merienda de salados.

A ver qué tal se nos da (hoy y en los días sucesivos) el regreso a una comida sobria y los intentos de desconexión. Seguiremos informando.

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Lunes 6, día de Reyes

Tantos días de comer con unos y con otros, por variados motivos, descontrolada ya la prudencia, son un verdadero desastre. Pobre organismo, en breve sometido a las restricciones de una dieta después de semanas de excesos. Pero algo hay que hacer para que los kilos de más no se queden permanentemente.

Hoy cumple Ela ochenta y seis años. La acompañaremos en su día, como siempre, y así pondremos el habitual cierre a estas fiestas. Intento convencerme de que casi todo es igual, pero no. Cada Navidad es distinta, no importa cuántas lleve experimentadas. Constato que esta sigue siendo la de la extrañeza, de principio a fin.

Hoy alcanzo los 195 días seguidos de escritura en este blog. Números redondos de seis meses y medio. No sé cuánto más puedo avanzar, no tengo más planes que dejarme fluir.

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Domingo 5 de enero de 2020

Esta Noche de Reyes de hoy no tiene relevancia para mí desde mi niñez. No la he celebrado ni cultivado nunca, ni siquiera cuando nuestros hijos eran pequeños. Saldré, sin embargo, a comprar vituallas para comer mañana con Ela en el día de su cumpleaños.

Ayer tuvimos el día tranquilo que necesitábamos, y lo dediqué a la costura casi en su totalidad. Debía haber salido a pasear al menos, pero me enfangué con la tarea costurera y se me fue el santo al cielo.

Poco más reseñable, excepto que se agradece tener por fin un día de relax. Después de la mañanita de urgencias no pensé que me hubiera estresado tanto, pero me sorprendieron varios estallidos míos, intemperantes, de crispación soterrada.

Hoy tecleo algo más tranquila, tras leer los periódicos. A ver si consigo terminar el abrigo. Perdí la cuenta de la cantidad de veces que he deshecho la tarea. Va a verse un poco rozado. Menos mal que es un buen paño.

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Sábado 4 de enero de 2020

Ayer no fue el día tranquilo de actividades que pretendíamos con G. Estuvimos en urgencias con Ela. Ya está muy mayor y es de suponer que estos sustos se irán incrementando. Más sola que nunca desde que murió J, es independiente y no quiere ayuda ni compañía externa. Supongo que lo normal, seguro que yo haría algo parecido en su caso, pero nos deja en total indefensión a los que debemos cuidarla, porque no se deja.

Al parecer anteanoche se resbaló al salir de la ducha y se dio un golpe en un costado, pero no le pareció de importancia. Sin embargo, la mañana siguiente, la de ayer, se despertó muy dolorida, nos llamó y hubo que acercarla al hospital.

Allí, tras muchas horas de servicio de urgencias masificado, los médicos constataron una costilla fisurada. Estuvimos con ella todo ese tiempo, siete u ocho horas, pero luego la dejamos sola en su casa, donde ella quería ir por encima de todas las cosas. Lo normal, creo que yo también lo querría venirme a la mía en sus circunstancias.

Ni contratar una pulsera de teleasistencia pudimos, al ser ya el puente de Reyes. Así que estos días, los más cruciales, no hay manera de ayudarla. Porque traerla a esta casa nuestra de escaleras está totalmente contraindicado para sus dificultades de movimiento y su necesidad de reposo.

En conclusión, una sensación de impotencia desesperante a la que se unían todo tipo de casualidades incómodas, como que teníamos el coche grande en el taller, había niebla y un tráfico más lento de lo normal, todas las trabas más increíbles para el aparcamiento en el barrio, y los servicios telefónicos colapsados e inoperantes por el fin de semana de cuatro días.

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Viernes 3 de enero de 2020

De nuevo estoy despierta a las cinco, el móvil no había llegado al 100%, en su afán de proteger la memoria, con lo que tendré que ponerlo a recargar dentro de un rato. He leído los periódicos, reflexiono sobre mis tabletas (ya tengo dos, soy una irresponsable tecnológica) y sobre cómo seguir con el abrigo, ahora que por fin está encarrilado.

El tiempo pasa muy deprisa. Ya casi se acaban las vacaciones, solo que no hago cuenta atrás porque no tengo que volver al trabajo. Mi única obligación es el Taller de Proyectos, y no regreso hasta el día 21, todavía hay tiempo. Quiero ponerme a escribir, a planificar, pero estamos inmersos en una vorágine navideña, que no cesa hasta el día 6. Me sorprende constatar que es en tres días, entonces. No voy a regresar ni a Photoshop ni a costura. Me centraré en las dos novelas, la terminada, a falta de repaso, y la que estoy empezando. Y veremos si soy capaz de acometer mis afanes de youtuber.

Asumo que me voy a equivocar a lo largo del camino porque ya lo he hecho. Por ejemplo, veo que he elegido demasiadas actividades, que en mi afán de tener que salir de casa se me fue la mano. Elegí materias que me obligaban a trabajar también por mi cuenta, lo que multiplicaba el tiempo invertido necesario. Eso significa que si vuelvo a buscar algo fuera, debería no demandar deberes. Pensé que Photoshop podía ser así, pero no. Además de un profe presuntuoso que se tira hora y media explicando, y mal, se me requiere una dedicación que ni ni ganas ni tiempo.

En costura vuelve a suceder, como en una experiencia previa, que es un grupo que se reúne para hacerse trapos. No se enseña de forma organizada. Creo que la profe sabe más que la de la mercería getafense, eso al menos. Pero está lejos, cuarenta y cinco minutos en metro o en coche no me los quita nadie. Y el ambiente me resulta deprimente, entre cotilleos televisivos y simplismos varios. Aparco la intención de ese aprendizaje. No me motiva hacerme prendas, tengo mucha ropa acumulada para las ocasiones en que puedo ponérmela, ahora que ya no trabajo. Intenté que fuera solo hacer cosas allí, pero no cundieron la enseñanza, el apoyo de la profe, la motivación, ni las compañeras.

En un rato quedamos con G para arreglillos varios en su hogar. Estaremos encantados de verle y charlar con él, como ayer con W. Y en dos semanas con el TEAM. Ay, madre, que no cesa la actividad navideña jajajajaja 🙂

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Jueves 2 de enero de 2020

Hoy llevaremos el coche a revisión y luego comemos con W. Cada día tiene su afán. Son las cinco, de nuevo me he despertado muy temprano, supongo que porque ayer no hice suficiente ejercicio.

Debo moverme más, estas comidas navideñas son lo peor. Todavía no me atreví a pesarme, pero he comprobado que aumenté en volumen. No tomamos dulces, ni nos damos grandes atracones, pero sí comemos más cantidad, más a menudo, y cosas que en otras circunstancias evitamos. Por eso ayer estuvimos a ensalada y yogures, para compensar. Tengo que pedir hora para el endocrino, a ver qué tal van tensión, glucosa y kilos. Ufffffff. Esta es una lucha continua.

El caso es que me he despertado de un sueño profundo y lúcido, en un castillo junto al mar, con una arena y unas palmeras azotadas por el poniente mediterráneo. Imagino que influido por la peli que vimos ayer, gaditana a tope. Pero aun así, me deja una extraña sensación de incomodidad emocional, un poco de cosquilleo ansioso que no se me pasa.

Debo contar que ayer, por fin, pude ponerme a coser y me cundió la mañana. Rehice el cuello del abrigo. Quedó mejor. Aunque todavía no perfecto, sí mucho más aceptable. Lo que ahora falla, en menor grado, ya lo comprendo y creo que puedo solventarlo. Ese patrón con mangas ranglan que me parecía más sencillo me ha resultado muy problemático. No hay que fiarse de las apariencias, está claro.