Publicado en reflexiones

Jueves 2 de enero de 2020

Hoy llevaremos el coche a revisión y luego comemos con W. Cada día tiene su afán. Son las cinco, de nuevo me he despertado muy temprano, supongo que porque ayer no hice suficiente ejercicio.

Debo moverme más, estas comidas navideñas son lo peor. Todavía no me atreví a pesarme, pero he comprobado que aumenté en volumen. No tomamos dulces, ni nos damos grandes atracones, pero sí comemos más cantidad, más a menudo, y cosas que en otras circunstancias evitamos. Por eso ayer estuvimos a ensalada y yogures, para compensar. Tengo que pedir hora para el endocrino, a ver qué tal van tensión, glucosa y kilos. Ufffffff. Esta es una lucha continua.

El caso es que me he despertado de un sueño profundo y lúcido, en un castillo junto al mar, con una arena y unas palmeras azotadas por el poniente mediterráneo. Imagino que influido por la peli que vimos ayer, gaditana a tope. Pero aun así, me deja una extraña sensación de incomodidad emocional, un poco de cosquilleo ansioso que no se me pasa.

Debo contar que ayer, por fin, pude ponerme a coser y me cundió la mañana. Rehice el cuello del abrigo. Quedó mejor. Aunque todavía no perfecto, sí mucho más aceptable. Lo que ahora falla, en menor grado, ya lo comprendo y creo que puedo solventarlo. Ese patrón con mangas ranglan que me parecía más sencillo me ha resultado muy problemático. No hay que fiarse de las apariencias, está claro.