Esta Noche de Reyes de hoy no tiene relevancia para mí desde mi niñez. No la he celebrado ni cultivado nunca, ni siquiera cuando nuestros hijos eran pequeños. Saldré, sin embargo, a comprar vituallas para comer mañana con Ela en el día de su cumpleaños.
Ayer tuvimos el día tranquilo que necesitábamos, y lo dediqué a la costura casi en su totalidad. Debía haber salido a pasear al menos, pero me enfangué con la tarea costurera y se me fue el santo al cielo.
Poco más reseñable, excepto que se agradece tener por fin un día de relax. Después de la mañanita de urgencias no pensé que me hubiera estresado tanto, pero me sorprendieron varios estallidos míos, intemperantes, de crispación soterrada.
Hoy tecleo algo más tranquila, tras leer los periódicos. A ver si consigo terminar el abrigo. Perdí la cuenta de la cantidad de veces que he deshecho la tarea. Va a verse un poco rozado. Menos mal que es un buen paño.