Son las siete. He dormido como un tronco después de todo un día de caminatas. Ayer empezamos la mañana con marcha, subiendo las 34 rampas de la Giralda. Echamos el resto visitando la catedral y sus múltiples anexos.
Después de comer nos acercamos hasta la Torre del Oro, dimos un paseo en barco por el Guadalquivir, del que salimos arrecidos por el relente. Para recuperar temperatura recorrimos uno de los bancales del río y nos sentamos al sol hasta que casi se escondió tras las casas de la ribera contraria. Entonces regresamos por Sierpes, comiendo un helado, cansados de tanta actividad.
Hoy nos volvemos a casa, contentos de haber roto la monotonía pero también deseosos del abrazo emocional de lo cotidiano. Están bien estas salidas breves.