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Sábado 21 de diciembre de 2019

Ayer tuve una mañana divertida y amable en EdE, a pesar de la huelga de Cercanías y de lo que tardó el tren tanto a la ida como a la vuelta. Normalmente me muevo entre multitudes, pero cuando hay menos servicio la acumulación de gente llega a ser angustiosa. Y con andenes y vagones a tope pienso siempre en Rodrigo y le echo de menos un poco más, si es que se puede.

No cosí nada, por la tarde estaba cansada y dolorida, así que me tomé un ibuprofeno, que siempre me da sueño, y me eché una siesta reparadora. Volví a dormirme muy pronto, apenas las once, con lo que a las seis horas ya estoy de nuevo consciente.

Acabo de despertar, son las 5:17, hoy tenemos la fiesta de Navidad de la Aso y volveré a tener el mismo problema de sueño al final del día. Me temo que me sigo moviendo en un círculo vicioso de despertares tempranos, mi tendencia natural.

Anoche vimos un momento a G y B, que salían de fiesta, y aproveché para probarle el abrigo. Sigue habiendo algo mal en una vista, creo que debería ser un poco más larga. Me toca volver a descoserla y se me alarga ad infinitum la tarea.

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Viernes 20 de diciembre de 2019

Último día lectivo de este año, ya no para mí, lo sé, pero es que todavía me organizo siguiendo esas pautas. No sé si harán una fiesta navideña en el instituto, tengo EdE y no quiero faltar. Tampoco me viene mal despegarme de lo que ya no me incumbe. Aún quedan alumnos y compañeros, a algunos los vi hace poco, cuando fui a por la lotería. Sin embargo en breve no habrá mucho que visitar.

Tengo el abrigo bastante avanzado, no tanto como me gustaría. Voy un paso adelante y dos atrás, a base de prueba y error. Debo decir que al menos ya tiene buena pinta, a pesar de sus múltiples defectos. Será abrigado y agradable al tacto. También parecerá de verdad, por más que sea una chapucilla de aficionada. Soy demasiado osada.

Leo a Ignacio Aldecoa, pergeñando un nuevo proyecto, a la vez que mantengo otros dos en candelero, mi novela y una posible colección de cuentos. Publicar no me atrae demasiado, y mucho menos me motiva u obsesiona. Quería enviar el manuscrito a un premio y explorar una autopublicación para mis cuentos, tal vez tanteando alguna editorial juvenil. No tengo ni prisa ni presunciones. Solo me mueve el afán de contar de forma crítica con la máxima precisión y una pizca de belleza.

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Jueves 19 de diciembre de 2019

Rehice tres veces el cuello y la tirilla, las solapas y las costuras decorativas. Un día entero cosiendo y descosiendo. A ver si hoy se me da mejor el asunto y coloco por fin el forro. Otra cosa que me va a dar la lata muchísimo, me temo, porque es grueso y no sé cómo armarlo.

He dormido poco. Son las cinco. Me agobio sin necesidad. No tengo obligaciones, cuando me dé sueño puedo echar una cabezadita. Pero qué le voy a hacer, soy así.

177 días seguidos escribiendo. He vuelto a poner una imagen, pero no es nueva, está ya en otra entrada y en la biblioteca de medios, así que solo es un enlace y no pesa tanto. Me propongo repetir el sistema alguna que otra vez.

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Miércoles 18 de diciembre de 2019

Esto de escribir la fecha es fundamental. Así me doy cuenta de que hoy es el santo de mi hermana. Sigo creyendo muy necesario ser consciente del día en el que vivo. Le pongo un WhatsApp y vuelvo.

Ya estoy de regreso. Lumbalgia aparte, volveré al abrigo en un rato. Luego me iré al centro comercial a comprar un par de cosas y a darme un paseo a cubierto. Han abierto un nuevo supermercado, le echaré un vistazo.

Y poco más. Seguir sopesando tramas para mi nueva novela.

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Martes 17 de diciembre de 2019

Hoy me he despertado más tarde, sobre las siete, y apenas he terminado de leer las noticias me voy a la compra. Deprisa. Antes de que se ponga el supermercado a tope. Pero por qué me agito tanto, no es necesario. Me digo que no debo estresarme, pero es difícil luchar contra esa tendencia, ya Rodrigo me recomendaba aquello de «madre, no seas agobiosa». Desde que no está, mi ansiedad se ha multiplicado exponencialmente.

Luego coseré el forro polar, a ver qué tal queda dentro del abrigo. Y escribiré un ratito. Y se me habrá ido la mañana.

ACTUALIZACIÓN: no puedo coser muchos minutos seguidos sin que se me cargue la espalda. Con varios descansos se me han pasado las horas sin avances significativos. Y ya ni cuento cuando tuve que descoser una parte. Menos mal que al menos tengo cortado el forro. También es mala suerte que se me rebele la técnica, pero es lo que sucede: con tantos pelillos del polar se bloquea la máquina de coser a cada rato. Un desastre por el que voy aún más despacio. Obra escurialense, para variar.

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Lunes 16 de diciembre

Son las siete. JC se ha marchado al trabajo y yo he leído las noticias más interesantes todavía arrebujada bajo el edredón. Tengo EdE, unos relatos y un proyecto de libro con ellos. Y también ideas para una nueva novela.

Respecto a la primera, me estoy dando un margen para las correcciones. A ver qué dicen mis lectores cero. N ya contestó y hay coincidencias con la lectora profesional. Aunque constato que la opinión que más me ayuda es esta última, y que fue buena idea encargarla. De momento, entonces, seguirá todo en espera, por ver qué me cuentan los demás y porque necesito espacio y perspectiva para retomarla.

Ahora que he mejorado la lumbalgia, podré volver al abrigo de G. Se me ha añadido nueva tarea: cambiar el forro del que fue de mi padre y ahora lleva él. Está muy desgastado y roto. Yo solo pretendía sacar dimensiones para un segundo abrigo, cruzado esta vez, pero las circunstancias mandan. Lo desmontaré, sacaré los patrones para un forro nuevo, y de paso, también las medidas necesarias. Tengo unos patrones comprados pero no de su talla. Juntando todos los datos, creo que lo conseguiré.

Y la Navidad ahí cerca. Evito incluso pensar en ella. No necesito descanso de un trabajo que ya no ejerzo, pero a JC sí le vendrá estupendamente para recomponerse del estrés. Y poder disfrutar de unos días juntos sin obligaciones es un regalo que siempre nos encanta y disfrutaremos mucho.

Este año, además, compartiremos un tiempo más largo que otras veces, el plus de los días de vacaciones que pretendíamos haber hecho en noviembre con los chicos. El rápido deterioro de J nos llevó a la anulación de los vuelos y de la estancia.

Ni fuimos a Venecia, ni el seguro de los billetes de avión ha terminado cubriendo todos los gastos, no es asunto tan sencillo. Pero, bueno, al menos algo nos devolverá, después de una montaña de papeleo, eso sí. Lo peor es la razón que provocó que no pudiéramos salir y para esa no hay remedio. Ojalá todo pudiera resolverse con un poco de burocracia.

Llevo casi cuarenta minutos escribiendo en el móvil. Ya me preparo. No me voy hasta dentro de dos horas, puedo hacerlo todo con tranquilidad. En breve me llamará JC, en cuanto llegue al trabajo. Espero que hoy sea un buen día para todos.

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Domingo 15 de diciembre de 2019

Apenas quedan dos semanas de este año. Creí que el tiempo se ralentizaría al jubilarme, pero no, justo al revés, vuela enloquecido. Y la proximidad de unos días de vacaciones tampoco me motiva como el año pasado, por ejemplo, cuando me caía de cansancio y las necesitaba para sobrevivir al estrés laboral. Ahora todo toma unas dimensiones y perspectivas diferentes. Tengo que seguir reflexionando sobre eso.

Son las siete. Releo textos de ayer y compruebo que medio dormida no estoy lo suficientemente lúcida. Hago arreglos de estilo. Luego me planteo lo que toca para hoy. Unos colores en el pelo, un buen baño, un poco de lectura, y llegará G. Pasaremos la mañana con él. Puede incluso que comamos juntos. Y por la tarde, una peli, un tanto de escritura para mi clase extra de mañana y no habrá tiempo para más.

173 entradas seguidas contando a diario. Sigo porque todavía tengo cosas que decir. No sé hasta cuándo. ¿Acaso importa?

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Sábado 14 de diciembre

Ayer tardé siglos en ir y venir, había huelgas de transporte, además de que cundió poco la clase porque mis compañeras no llevaban textos suficientes. Fue raro.

Y ya muchísimo más cuando a la vuelta, en metro, descubrí un mensaje de mi editora que me impresionó doblemente. Primero, porque corroboraba un anuncio previo de Rodrigo. Jolines, se hacía real. Y no tenía yo por qué haberlo imaginado. Era demasiado pronto. No esperaba nada antes de enero. Qué fuerte.

Esto me decía P, mi editora: Te adjunto el informe de lectura de tu novela. Me informan de que como es favorable, se lo han enviado a nuestros editores de ficción para que lo analicen. Mucha suerte. Besos.

Yo solo quería ese informe de lectura como instrumento para ver qué cosas necesitan arreglo en la novela. No pretendía que pasaran a leerla en la editorial, así, sin corregir lo que el informe propone. Qué vergüenza, madre mía, que lo verán sin mejorar. No creo que les interese.

Pero, En fin, lo arreglaré, sea como sea, lo quieran o no. Mi idea era presentarme al premio de novela negra de Getafe. Ahora, sin embargo, esperaré a lo que me digan. Eso sí, con una dosis alta de autoestima. No creo que lo editen, pero el mero hecho de haber pasado ese filtro es un espaldarazo para mi labor de escritura, para confirmar que fue una buena decisión jubilarme y dedicar tiempo a escribir.

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Viernes 13 de diciembre de 2019

De pronto me doy cuenta de que ya casi no queda año y escribo sus dígitos de dos mil diecinueve. Tecleo en la buhardilla, con el aire acondicionado porque hace frío, mientras pienso en prepararme para ir a mi ya única clase, la de Proyectos Narrativos de EdE. Estas dos semanas han sido tranquilas, sin salir a costura o a PhotoShop, aunque la próxima y última no no será tanto porque recuperamos el viernes perdido por el puente y me acercaré el 16 y el 20.

Mantengo todavía dolores de espalda e ingesta de ibuprofeno, pero se van calmando, y en cuanto a mi estado general, me asusta el posible deterioro de mis capacidades orales, porque ya no tengo que hablar durante horas cada día. ¿Me estaré volviendo menos ágil en la dicción y en encontrar la palabra apropiada para cada contexto? Me consuelo pensando que al menos escribo, y que eso también es un esfuerzo lingüístico importante.

Apunto, por último, una reflexión sobre la enfermedad repentina y rápida de J y su muerte inesperada. Es que nos ha puesto delante de las nuestras con una crudeza terrible. Luego el estrés postraumático hace el resto. Y vuelve el miedo a perder a JC y a G y a quedarme sola en el mundo. Además, se suma una aprensión subterránea por mi propio final que puede estar tan a la vuelta de la esquina como el suyo. ¿Quién podía haber imaginado en las últimas navidades que no llegaría a estas? Así nos está pasando ya demasiadas veces para no estar prevenidos.

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Jueves 12 de diciembre

Ayer estuve cosiendo unas horas y se acentuó mi dolor de espalda. Esta mañana debería comprobarlo dedicándome en exclusiva a escribir. Pero no sé, estoy tardando mucho con el abrigo, y tengo el segundo bolsillo a medias. Al menos sería prudente terminarlo.

Revisaré los cuentos para mañana, redactaré mi artículo de los viernes y poco más. Ayer salí a Correos y a caminar, hoy, ya veremos. Mi peso fluctúa dos kilos arriba y abajo, no sé a qué atenerme. Supongo que los antiinflamatorios retienen líquidos. No estoy a dieta estricta, pero sigo cuidando mucho lo que como y es bastante deprimente mi tendencia a ir acumulando. Si sigo así terminaré volviendo a la cifra de salida, qué tostón.

He vuelto a jugar a Civilization II, me entretiene y desestresa cada noche, gracias al portátil de mi padre, con su antiguo XP y su ventilador siempre sonando. Quince años tiene el pobre aparatejo, pero me sirve todavía, y tiene un perfil con su nombre, sus cosas y una foto de mamá y él como pantalla.

Ya pronto Navidad y demasiadas sillas vacías.

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Miércoles 11 de diciembre

Hoy toca costura y sigue sin apetecerme ir a la clase. Cuarenta y cinco minutos me cuesta llegar, una paliza de MetroSur, porque si voy en coche no puedo aparcar cerca. Y solo de pensar en ir cargada con el peso del abrigo y mi espalda contracturada me agobio. Estuve viendo vídeos de cómo hacer los bolsillos y a eso me voy a aferrar. Y a ver si consigo que no se enconen las contracturas, que coser me carga mucho.

Al final, entonces, si dejo costura y Photoshop, solo tengo los viernes en EdE. Me pregunto si será suficiente. Tampoco pasa nada, si más adelante necesito más actividades, puedo apuntarme a otras. Creo que se me fue la mano al programar tres. Con dos habría sido bastante. Pero ya que salían quise probar. No es un drama constatar que no me gustan y cambiarlas por otra cosa.

Creo que prefiero dedicar mi tiempo a YouTube y a la escritura. De momento, más que suficiente.