Publicado en reflexiones

Sábado 14 de diciembre

Ayer tardé siglos en ir y venir, había huelgas de transporte, además de que cundió poco la clase porque mis compañeras no llevaban textos suficientes. Fue raro.

Y ya muchísimo más cuando a la vuelta, en metro, descubrí un mensaje de mi editora que me impresionó doblemente. Primero, porque corroboraba un anuncio previo de Rodrigo. Jolines, se hacía real. Y no tenía yo por qué haberlo imaginado. Era demasiado pronto. No esperaba nada antes de enero. Qué fuerte.

Esto me decía P, mi editora: Te adjunto el informe de lectura de tu novela. Me informan de que como es favorable, se lo han enviado a nuestros editores de ficción para que lo analicen. Mucha suerte. Besos.

Yo solo quería ese informe de lectura como instrumento para ver qué cosas necesitan arreglo en la novela. No pretendía que pasaran a leerla en la editorial, así, sin corregir lo que el informe propone. Qué vergüenza, madre mía, que lo verán sin mejorar. No creo que les interese.

Pero, En fin, lo arreglaré, sea como sea, lo quieran o no. Mi idea era presentarme al premio de novela negra de Getafe. Ahora, sin embargo, esperaré a lo que me digan. Eso sí, con una dosis alta de autoestima. No creo que lo editen, pero el mero hecho de haber pasado ese filtro es un espaldarazo para mi labor de escritura, para confirmar que fue una buena decisión jubilarme y dedicar tiempo a escribir.