Hoy me he despertado más tarde, sobre las siete, y apenas he terminado de leer las noticias me voy a la compra. Deprisa. Antes de que se ponga el supermercado a tope. Pero por qué me agito tanto, no es necesario. Me digo que no debo estresarme, pero es difícil luchar contra esa tendencia, ya Rodrigo me recomendaba aquello de «madre, no seas agobiosa». Desde que no está, mi ansiedad se ha multiplicado exponencialmente.
Luego coseré el forro polar, a ver qué tal queda dentro del abrigo. Y escribiré un ratito. Y se me habrá ido la mañana.
ACTUALIZACIÓN: no puedo coser muchos minutos seguidos sin que se me cargue la espalda. Con varios descansos se me han pasado las horas sin avances significativos. Y ya ni cuento cuando tuve que descoser una parte. Menos mal que al menos tengo cortado el forro. También es mala suerte que se me rebele la técnica, pero es lo que sucede: con tantos pelillos del polar se bloquea la máquina de coser a cada rato. Un desastre por el que voy aún más despacio. Obra escurialense, para variar.