Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Miércoles 25 de marzo de 2020

Esta mañana no se me ocurre gran cosa que contar. Ayer salí a la compra y escribí un post en mi página de autora comparando las tres últimas veces que fui al supermercado. Con eso, la novela, y las sucesivas correcciones he cubierto mi cupo.

Son las ocho. Dormí de menos, aunque muy profundo. Me invade una somnolencia incómoda. Leo el periódico y se me cierran los ojos, pero si dejo a un lado la lectura para echar una siestita, se me escapa el sueño y no me duermo. Día tonto, entonces, me espera hoy.

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Martes 24 de marzo de 2020

Es temprano, las siete menos diez. Hoy toca la compra semanal y eso me pone nerviosa. Es la tercera vez que la hago en condiciones especiales. Y estamos en la segunda semana de confinamiento. No sé cuántas más pueden quedar. Otras dos más seguro, porque ya están anunciadas, pero es muy probable que sean más. Solo tengo que mirar a Italia para hacerme una idea.

Estamos bien. El miedo es subterráneo y parece bajo control, aunque a veces se asoma un poco y resquebraja toda la aparente serenidad. Procuramos mantenernos ocupados. De momento mi único problema es que no quiero engordar, pero noto cómo me redondeo.

Lo sé. Como problema es más que vergonzante y muy de primer mundo. Hago bici y sigo vídeos de iniciación al baile para quemar calorías, pero está claro que no es suficiente. No me atrevo a ponerme a dieta, sería bajar las defensas, ahora no es el momento. Sí debería reducir la ingesta, que muchas veces se produce solo por calmar los nervios. No es fácil, sin embargo.

Hablamos con G cada día. Un rato largo. Y él siempre nos habla de películas que está viendo, de lo que hace o cómo se siente. Es raro estar cerca y no poder vernos, pero nos consuela saber que si fuese necesario nos podemos ayudar.

Escribo, lo sigo haciendo, más que nada por disciplina. Pero mi cabeza no está centrada y además me duele a menudo, últimamente. Ayer hice solo una página. En fin, tampoco me quejo, ese ritmo tampoco es malo si soy capaz de seguirlo los próximos días.

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Lunes 23 de marzo de 2020

Después de una semana de reclusión nos dicen que necesitamos dos más. Un mes entero, al menos. Y hacemos apuestas. JC cree que ese será el máximo, el 15 de abril. Yo opino que llegaremos a los primeros días de mayo. Aunque ahora se me ocurre que es posible que dure más aún, que se convierta en nuestra forma de vivir durante dos o tres meses. Habrá que irlo pensando en el día a día.

En nuestro ocio hemos vuelto a los clásicos. Después de revisionar La Regenta, estamos con Fortunata y Jacinta. Explotamos las colecciones de DVDs que tenemos desde hace años. Algunas más podrían ser interesantes de nuevo.

No escribí casi nada en el finde, una página, así que me toca ponerme en serio ya hoy. Son las seis y media, llueve mucho, leeré el periódico y luego me levantaré. En esto de llevar un ritmo vital tengo la experiencia de mis meses de jubilauta y mis horarios auto impuestos.

Continúo con miedo a lo que pueda venir. Prevención, mal rollo, consciencia de que esto no son unas vacaciones aunque sea agradable tener a JC en casa conmigo todo el tiempo. Vivo el presente. Solo me miro los pies y sigo.

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Domingo 22 de marzo de 2020

Anoche no me podía dormir, caí finalmente cerca de la una, así que hoy me he despertado más tarde. Luce el sol después de un día lluvioso y gris.

Quizá el cuerpo echaba de menos los ocho kilómetros de bici estática. Solo hice dos, llamó G, interrumpí la actividad y ya no la recuperé. A cambio JC y yo bailamos quince minutos con el vídeo de twist del que hablaba en post anterior.

Fue divertido y cansado. Por supuesto bailamos tan fatal como era esperable, como auténticos patos mareados. Hasta que JC empezó a sentirse ahogado. Y relacionamos esa pequeña dificultad pulmonar con su frío de tres días atrás. Lo dejamos allí, pero por la tarde tenía febrícula, 37,4 °C. Vimos series y ninguna nos convenció demasiado.

Por la noche, los vecinos del 3 nos contaron por WhatsApp que han pasado los cuatro una variante floja y casera del virus dichoso. Tal vez JC esté pasándola también. Como ellos decían, mucho más flojo que una gripe. O quizá sea lo que tuvo B, que nos terminó contagiando G en los días previos a la cuarentena. Sería posible, ha pasado el tiempo previsto.

Yo tengo dolor de cabeza toda la semana, y mocos alérgicos. Pero nada de fiebre. Quizá termine mostrando los mismos síntomas que JC. Hasta ahora lo atribuía yo a la tensión, que está un poco alta. En fin, no queda más remedio que esperar. Me tomo la medicación que el endocrino me recetó al respecto. Y aquí ando.

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Sábado 21 de marzo de 2020

Son las siete. Empieza otro día extraño de confinamiento. Recojo las novedades con cierta ansia. Como, por ejemplo, que ayer volví, por fin, a mi grupo de Proyectos Narrativos. Después de dos semanas de viajes y otra de actividades lectivas suspendidas, tuve una clase por vídeo conferencia en mi buhardilla, qué lujo. Ver las caras y oír las voces de los compañeros, tras un mes de alejamiento, me prestó mucho, que dicen los de Asturias. Además, su compañía creativa es una motivación para perseverar en la escritura.

Pero no fundamento todo en mis afanes novelescos. Me propongo, además, aprender un poco de baile, en concreto de twist. Anoche descubrí una clase de iniciación en YouTube que me pareció adecuada para nosotros. Mostraba unos pasos básicos, realmente muy sencillos. Y pensé que nos podía servir como actividad física divertida, perfecta para complementar el puro ejercicio sin más ornamentos de la bicicleta estática. JC accedió a intentar seguir conmigo ese vídeo didáctico de media hora. Jajajajaja. Promete al menos unas cuantas risas.

Ayer, también, llegó la primavera. La astronómica, porque la floral lleva ya un mes apuntando. Miro por la ventana, veo el cielo despejado y que el pruno ya tiene su melena roja. Este año se ha adelantado, otras veces las florecillas rosadas rodearon más la fecha del aniversario.

Finalmente apunto que los primucos de Cantabria tienen nena nueva. Enar, así, sin hache, es la hija de Alejandro. Ha llegado en plena pandemia, sí, pero también con la primavera y en el día de la felicidad. Es una nota de esperanza que demuestra que la vida sigue a pesar del coronavirus y los confinamientos. Nuestros mejores deseos para ella y los suyos. Para todos.

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Viernes 20 de marzo de 2020

Sexto día de reclusión, aquí, en México, en Colombia, en Bélgica o en Alemania. Por lo que cuentan los escribidores, todos estamos igual.

Hoy tengo la vídeo conferencia de EdE. Y he soñado con mis editores. A falta de reunión real, he tenido esa onírica. El miedo aumenta y me traiciona el subconsciente.

Seguimos en casa. Asintomáticos. No salimos excepto a la compra semanal. JC saca basura alguna noche y cuando llenó el depósito de los coches. G se reporta por teléfono y B celebró ayer un cumpleaños raro, lejos de familia y amigos.

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Jueves 19 de marzo de 2020

Hoy es San José, el día del padre y el cumpleaños de B. Seguimos en cuarentena y me he despertado con ataque de angustia a las tres.

He leído el periódico, mala idea, pues las novedades sobre el dichoso virus no incitan a la calma. Ahora debería intentar volver a dormir un poco, pero me conozco y sé que ya no va a ser posible. Me he tomado un par de píldoras de hierbas relajantes de farmacia, valeriana, espino blanco y no sé qué más. Algo mejor sí que me siento, después de una hora me han hecho efecto.

Ayer abrí un canal de YouTube, ahora estoy peleándome con la portada y el logo. Intentaré un vídeo enseguida, aunque con medios escasos. No estoy segura de que salga algo potable, pero desde luego es el momento. Por necesidad educativa y como forma de encauzar mi tiempo solidariamente.

G nos llama todos los días, qué majo, y hablamos unos buenos quince o veinte minutos. Cada vez tengo más miedo de que esta pandemia nos afecte. Temo por JC y por G mucho más que por mí misma. Me planteo qué podemos hacer para protegernos.

Puede ser que estos días de reclusión y poco movimiento nos hagan engordar, reflexiono a veces. Pero eso es preferible a una dieta demasiado estricta que nos pueda bajar las defensas. Debemos estar fuertes. Hay quien se toma productos que supuestamente suben las defensas, no les tengo yo ni la mínima confianza en su efectividad. Así que esperamos la batalla con las pocas armas de las que disponemos.

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Miércoles 18 de marzo de 2020

Me gusta tener cerca a JC cada día. Aunque andemos en puntas opuestas de la casa, cada uno enfrascado en sus actividades, esta reclusión se parece a unas vacaciones. Nos faltan las caminatas y las visitas culturales, por supuesto, y no olvido la gravedad de esta crisis sanitaria. Sin embargo, me sirve de experiencia vital para hacerme una idea de lo que sería estar jubilados los dos.

Pero, lo que decía, no quiero pasar por insensata. Sé que esta situación es de emergencia, que hay personas sufriendo y muriendo, que estamos en alarma, que no sabemos cómo ni cuándo va a terminar. Por supuesto que no se me está olvidando.

Intento avanzar en mi proyecto narrativo. Lo hago a base de disciplina, porque ahora mismo no es lo que me apetece escribir. Lo dejaría a un lado si se me ocurriera otra cosa más ilusionante. No es que de pronto me haya surgido una nueva inspiración. Simplemente me siento alterada y me cuesta centrarme. Por eso sigo. Porque un horario y un ritmo me son imprescindibles.

Lo único nuevo que me ronda la cabeza es hacer vídeos didácticos, sencillos, de ayuda docente. Los que llevo posponiendo seis meses porque no me alcanza la técnica y no quería que fueran un churro. Ahora que podrían ser medianamente aceptables por la situación de cuarentena, debería lanzarme a ver si realmente soy capaz. Y si sirven para algo.

Demasiadas cosas para tan poco tiempo me parecen. Lo intentaré. Empiezo por darme una ducha y desayunar. Luego avanzaré unas cuantas líneas, después me pongo ante la cámara y hago mis primeras pruebas. Ahí voy.

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Martes 17 de marzo de 2020

Qué despacio pasa el tiempo y agobio me está entrando porque hoy me toca ir a la compra. También debería pasarme por la consulta médica porque me está subiendo la tensión y no sé cómo pararla. Puede ser por la ansiedad, o por haber ganado unos kilos o por todo junto, pero ayer tenía 145 – 69 y eso me asusta.

Escribí un par de páginas de la novela un poco a la fuerza, no me encuentro bien del todo y además la temática me resulta lejana e inapropiada. No sé si es una fase nueva de mi complejo de impostora o una disculpa del inconsciente para no trabajar más. Me deprime reconocerlo, pero quizá deba aceptar que no se me da esto tan bien como es necesario, que estoy perdiendo el tiempo y el dinero.

Me gustaba ir a EdE. Ahora que no es posible por la cuarentena, podría ser un aliciente seguir las clases por vídeo conferencia, como me proponen. Pero para eso tengo que escribir, que crear materiales. Y es difícil cuando se duda sobre su validez.

No quiero ponerme negativa. Supongo que es resultado de esta situación de alarma y confinamiento.

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Lunes 16 de marzo de 2020

Son las siete y veinte. Amanezco como todos los días, a la hora que mi cuerpo marca, y no por el sonido desagradable del despertador. Es agradable disfrutar de esa oportunidad en día laboral. JC duerme a mi lado mientras tecleo estas líneas, todavía un poco transpuesta.

Estamos en casa. Asintomáticos. Bien. Es lo que escribo a los que preguntan cómo nos va. Y se me hace rarísimo quedarme aquí tanto tiempo. «Tanto», escribo, y apenas son dos días. Dimos un paseo justo antes de que se estableciera el estado de alarma. Comimos con G. Y no hemos tenido ningún otro contacto.

JC sí, cada mañana, en el trabajo. Yo, en principio, he llevado una vida más solitaria. Fui a la compra el martes 10 y recibí a L el jueves. Nada más. Mañana me propongo salir a comprar de nuevo. A ver si no hay muchas aglomeraciones. También debería repostar gasolina.

Comprendo que es este un tiempo extraño, especial, en el que pensar muy seriamente. Reflexiono sobre la libertad y nuestro grado de responsabilidad ciudadana. Sobre el valor del tiempo. Enseguida soy consciente de mi vida privilegiada. Consideramos demasiadas cosas como derechos conseguidos y nos parece que la humanidad avanza, sin caer en la cuenta de que estamos siempre al borde del abismo. Se nos olvida. O es que mejor no queremos ni pensarlo.

He establecido una rutina. Bici estática mañana y noche. Escritura y libros. Pelis y juegos. Tal vez algo de patronaje. Me preocupa coger kilos, debo comer menos y mejor. A ello me lanzo. Buenos días.

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Domingo, idus de marzo de 2020

Ayer salí de casa por primera vez en varios días. Dimos un paseo de quince minutos y solo vimos a gente que sacaba al perro y a otra pareja paseante. Desde hoy ya ni siquiera eso. Hay que permanecer en los domicilios excepto para ir a la compra.

Siento que me duele la espalda y me pesa el trasero de tanta inactividad, así que haré bici estática. Mañana y noche. JC también. De hecho la idea es suya.

Son las seis y cuarto. Muy temprano. He dormido pocas horas. Lo esperable en mí tras varios días de tan escaso movimiento.

A ver si retomo la escritura de LaMeta, después de las últimas correcciones de Nina. Y de enviarla a una agencia literaria. Sin demasiada convicción, la verdad. Pero, bueno, por cerrar ese ciclo.