Hoy es San José, el día del padre y el cumpleaños de B. Seguimos en cuarentena y me he despertado con ataque de angustia a las tres.
He leído el periódico, mala idea, pues las novedades sobre el dichoso virus no incitan a la calma. Ahora debería intentar volver a dormir un poco, pero me conozco y sé que ya no va a ser posible. Me he tomado un par de píldoras de hierbas relajantes de farmacia, valeriana, espino blanco y no sé qué más. Algo mejor sí que me siento, después de una hora me han hecho efecto.
Ayer abrí un canal de YouTube, ahora estoy peleándome con la portada y el logo. Intentaré un vídeo enseguida, aunque con medios escasos. No estoy segura de que salga algo potable, pero desde luego es el momento. Por necesidad educativa y como forma de encauzar mi tiempo solidariamente.
G nos llama todos los días, qué majo, y hablamos unos buenos quince o veinte minutos. Cada vez tengo más miedo de que esta pandemia nos afecte. Temo por JC y por G mucho más que por mí misma. Me planteo qué podemos hacer para protegernos.
Puede ser que estos días de reclusión y poco movimiento nos hagan engordar, reflexiono a veces. Pero eso es preferible a una dieta demasiado estricta que nos pueda bajar las defensas. Debemos estar fuertes. Hay quien se toma productos que supuestamente suben las defensas, no les tengo yo ni la mínima confianza en su efectividad. Así que esperamos la batalla con las pocas armas de las que disponemos.