Publicado en diario del confinamiento

Martes 17 de marzo de 2020

Qué despacio pasa el tiempo y agobio me está entrando porque hoy me toca ir a la compra. También debería pasarme por la consulta médica porque me está subiendo la tensión y no sé cómo pararla. Puede ser por la ansiedad, o por haber ganado unos kilos o por todo junto, pero ayer tenía 145 – 69 y eso me asusta.

Escribí un par de páginas de la novela un poco a la fuerza, no me encuentro bien del todo y además la temática me resulta lejana e inapropiada. No sé si es una fase nueva de mi complejo de impostora o una disculpa del inconsciente para no trabajar más. Me deprime reconocerlo, pero quizá deba aceptar que no se me da esto tan bien como es necesario, que estoy perdiendo el tiempo y el dinero.

Me gustaba ir a EdE. Ahora que no es posible por la cuarentena, podría ser un aliciente seguir las clases por vídeo conferencia, como me proponen. Pero para eso tengo que escribir, que crear materiales. Y es difícil cuando se duda sobre su validez.

No quiero ponerme negativa. Supongo que es resultado de esta situación de alarma y confinamiento.

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Lunes 16 de marzo de 2020

Son las siete y veinte. Amanezco como todos los días, a la hora que mi cuerpo marca, y no por el sonido desagradable del despertador. Es agradable disfrutar de esa oportunidad en día laboral. JC duerme a mi lado mientras tecleo estas líneas, todavía un poco transpuesta.

Estamos en casa. Asintomáticos. Bien. Es lo que escribo a los que preguntan cómo nos va. Y se me hace rarísimo quedarme aquí tanto tiempo. «Tanto», escribo, y apenas son dos días. Dimos un paseo justo antes de que se estableciera el estado de alarma. Comimos con G. Y no hemos tenido ningún otro contacto.

JC sí, cada mañana, en el trabajo. Yo, en principio, he llevado una vida más solitaria. Fui a la compra el martes 10 y recibí a L el jueves. Nada más. Mañana me propongo salir a comprar de nuevo. A ver si no hay muchas aglomeraciones. También debería repostar gasolina.

Comprendo que es este un tiempo extraño, especial, en el que pensar muy seriamente. Reflexiono sobre la libertad y nuestro grado de responsabilidad ciudadana. Sobre el valor del tiempo. Enseguida soy consciente de mi vida privilegiada. Consideramos demasiadas cosas como derechos conseguidos y nos parece que la humanidad avanza, sin caer en la cuenta de que estamos siempre al borde del abismo. Se nos olvida. O es que mejor no queremos ni pensarlo.

He establecido una rutina. Bici estática mañana y noche. Escritura y libros. Pelis y juegos. Tal vez algo de patronaje. Me preocupa coger kilos, debo comer menos y mejor. A ello me lanzo. Buenos días.

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Domingo, idus de marzo de 2020

Ayer salí de casa por primera vez en varios días. Dimos un paseo de quince minutos y solo vimos a gente que sacaba al perro y a otra pareja paseante. Desde hoy ya ni siquiera eso. Hay que permanecer en los domicilios excepto para ir a la compra.

Siento que me duele la espalda y me pesa el trasero de tanta inactividad, así que haré bici estática. Mañana y noche. JC también. De hecho la idea es suya.

Son las seis y cuarto. Muy temprano. He dormido pocas horas. Lo esperable en mí tras varios días de tan escaso movimiento.

A ver si retomo la escritura de LaMeta, después de las últimas correcciones de Nina. Y de enviarla a una agencia literaria. Sin demasiada convicción, la verdad. Pero, bueno, por cerrar ese ciclo.

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Sábado 14 de marzo de 2020

Se ha decretado el estado de alarma. Estamos recluidos en casa JC y yo. Ayer vimos a G, que vino para recoger mi portátil con la idea ya de teletrabajar las próximas dos semanas al menos. Se quedó a comer con nosotros, pero ya nos quedaremos en aislamiento. B tiene un trancazo que parece de los de siempre o podría ser el virus dichoso, pero flojo, pues no le ha impedido seguir yendo a la farmacia cada día. Así que G lo tendrá también o parecido en breve. Es de suponer que se lo habrá contagiado antes incluso de tener los síntomas. Menos mal que parecen solo catarrales y cursan sin fiebre. Esperemos que todo vaya bien.

Han pasado dos semanas desde que estuvimos en Asturias y seguimos asintomáticos, con lo que está claro que allí ni infectamos ni nos infectaron. Tampoco parece que pasara en Irlanda del Norte, aunque todavía deberíamos esperar unos días más para tener total seguridad.

Madrid ha cerrado todas las tiendas excepto farmacias y supermercados, y se ha pedido contención en los domicilios. Pero muchos impresentables se han marchado a sus segundas residencias en la playa o el pueblo. Y se han llevado la amenaza con ellos a lugares hasta entonces asintomáticos. Posiblemente, además, con peores servicios sanitarios, nada preparados para acoger más población.

El asunto no es bonito y no quiero ni pensar en cómo puede terminar derivando. De momento no conocemos a nadie afectado, ni hospitalizado, pero si esto avanza, es cuestión de estadística. No quiero agobiarme, ni ponerme apocalíptica. Seguimos avanzando. A ver qué tal.

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Viernes 13 de marzo de 2020

El asunto del coronavirus se ha enconado. Se han suspendido las clases. G teletrabajará a partir del lunes. Y aunque JC todavía no tiene medidas, las tendrá, seguramente, en pocos días. (Es lo que supongo que terminará pasando). B, sin embargo, me temo que seguirá al pie del cañón. Las farmacias no cierran nunca. Eso sí, cada vez con más medidas de seguridad sanitaria, que ya iba siendo hora.

Yo ya estoy bastante aislada desde que me jubilé. No me cuesta mantener esa situación. Antes hacía por salir y ahora lo evito. No tengo necesidad alguna, excepto para hacer la compra. Vino L y no sé si me convence que vuelva ya la próxima semana. La pobre. Le dije que viniera esta ya porque sé que lo necesita, pero va a ser mejor que no regrese. Al menos hasta abril.

Tampoco tenemos Taller de Proyectos Narrativos, se suspendieron estas actividades también. Van a implementar vídeo conferencias, dicen. Y comprendo de pronto que me resulta un asunto muy lejano. Tengo el texto paralizado desde antes de ir a Asturias y han pasado demasiadas cosas para mi reloj interno. He dedicado mis energías a los textos de las presentaciones. Y muy especialmente al texto en inglés que estuve preparando, corrigiendo y memorizando tres semanas.

Para recuperar el hilo tendré que releer todo, aunque no es asunto que me resulte difícil, tampoco llevo mucho escrito, ronda las 10.000 palabras. Además, estos días, sí que me dieron para retocar Nina varias veces, ayer mismo, sin ir más lejos. Incluido un proyecto editorial que, comprendo sorprendida, se me deshace entre las manos porque lo siento el colmo de la frivolidad. No tengo cabeza para esos asuntos en semejantes circunstancias.

Porque esto que vivimos, en medio de mi inconsistencia multiplicada, es una crisis sanitaria mundial sin precedentes. Veía a Pedro Sánchez comentando las medidas tomadas, después de haber pospuesto su comparecencia más de dos horas, y comprendía que no es que pueda llegar a ser muy grave. Es que ya lo es.

Mal día hoy. No tengo carne o pescado frescos. Tal vez me acerque a la compra de nuevo. Aunque mi intuición es que debería quedarme. Ya veremos.

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Jueves 12 de marzo de 2020

Esta fue la noche horrenda, hace dieciséis años, en que apenas pudimos dormir, cuando nuestra consciencia iba comprendiendo que no íbamos a encontrar a Rodrigo, que nos lo habían asesinado.

Hoy también me he despertado muy pronto, antes que JC y su alarma para el trabajo. Pienso en todos estos años sin Rodrigo. En lo que nos perdimos, lo que no hemos podido vivir con él.

Luego intento que la rutina cotidiana me ayude a seguir. Con su lema. Pero no es nada fácil, con las alarmas del coronavirus.

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11 de marzo de 2020

Las 7:38. Tu hora. El día fatídico. Hace dieciséis años.

Pienso en ti hoy, sin ningún acto posible porque todos se han suspendido por la amenaza del coronavirus. Hasta eso nos han robado, porque la alerta en Madrid ha empezado hoy. Casualmente. Un problema menos para los del trifascio, que así no tiene que aguantar que les echemos en cara sus mentiras.

La actualidad informativa es el virus. Ya nadie se acuerda de las víctimas. Ni siquiera en nuestro día, que ha sido astutamente ninguneado.

Nos reuniremos con G y al menos estaremos juntos.

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Martes 10 de marzo de 2020

Ay, el día antes. Con una crisis sanitaria y cierre de colegios mañana. Me iré a la compra. Veré vídeos. Intentaré no pensarlo mucho. Si es que se puede.

Y sí, la florista es la de la mala crítica para el libro de Rodrigo en Amazon. No volveré a encargarle nada. Y ya veremos si no le devuelvo su jugada.

Tristeza.

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Lunes 9 de marzo de 2020

Qué cerca está el once, qué normales y tranquilos parecían estos días previos hace dieciséis años…

Emerjo de entre las sábanas a las nueve menos cuarto, después de haber dormido más de ocho horas, un récord para mí. Y de tres aeropuertos, que son un estrés y un agobio cuando solo se lleva equipaje de mano.

Entre la ingravidez del sueño y mi inconsistencia habitual, disfruto de estar en mi casa, en mi madriguera, con un sol brillante y el día recién comenzado por estrenar.

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Domingo 8 de marzo de 2020

Hoy he dormido mal. Después de una jornada abrumadora de coche y largo paseo por la calzada de los gigantes, volvimos agotaditos al hotel. Cenamos pronto y me metí también muy pronto en la cama.

Ahora son las cinco inglesas, llevo desde las dos dando vueltas en la cama. Supongo que he dormido cuatro horas y media. Or something like this.

Estos tres días aquí de reactivación de la zona donde mi cerebro tiene archivada la lengua inglesa están resultando muy cansados. Me temo que mi estrés está aumentando. Sueño con frases y palabras, mi inconsciente busca fórmulas para expresarme y superar la frustración de reducir mis pensamientos a las estructuras y el vocabulario que soy capaz de usar en inglés. Es curioso esto de soñar con asuntos lingüísticos y no con imágenes.

Porque desde luego los paisajes de ayer en Giants causeway son como para soñarlos. Una maravilla. Aunque, menudo viento, debe de vivir allí, vamos, terrible.

Hoy nos espera una visita a los astilleros del Titanic y una vuelta a casa de dos aviones y tres aeropuertos, que tampoco es moco de pavo. Llegaremos tardecito, y al viajar hacia el Este perdemos una hora; me temo que será agotador.

Así que un finde en Asturias, otro en Irlanda del Norte y el siguiente tampoco podremos descansar, ya que Getafe hace el memorial el sábado 14 por la mañana. Con los actos del propio día 11 entre medias. Ufffffff.

No sé si se me ha ido la mano y será excesivo. En todo caso es lo que hay, así debo seguir. Y si no me viene bien, ya lo sabré para otra ocasión y procuraré suavizar esto de salir de mi zona de confort.

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Sábado 7 de marzo de 2020

Todo salió bien. Es un trago dar un discurso en inglés. Supongo que he tenido incontables fallos, pero creo que me hice entender lo suficiente. JC también dijo unas palabras. Y al final nos aplaudieron puestos en pie, más de 200 personas, me impresionó mucho.

Hoy no había buenos vuelos así que nos vamos mañana. Emplearemos el día en conocer lugares hermosos, si el clima lo permite. Hasta ahora estamos teniendo sol y buenas temperaturas, una gran suerte.

Son las siete en España. Oigo los coches de la calle principal, entra muy poquita luz todavía. Añoro mi casa y mi cama, aunque estas almohadas y colchón son muy cómodos.

Echaré una nueva cabezadita. Hasta pronto.