Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Sábado 13 de junio de 2020

Son las 7:25. Llevo dos horas despierta. Cerré las ventanas y ahora tengo calor. Las abro de nuevo y vuelvo a estos apuntes. Buenos días.

Presenté mi nuevo proyecto narrativo a mis compañeros de escritura y les pareció bien, aun incluso siendo solo un boceto burdo. Se me ocurren más concreciones después de sus propuestas. Y me quedan dos sesiones todavía para testarlas. A ver qué sale.

Sigo comiendo poco y de dieta, pero no solo no bajo de peso, sino que voy aumentando. Muy despacio, pero aumentando. Supongo que es porque no me muevo gran cosa. Me resulta muy frustrante. Tengo que dedicarle tiempo a buscar un buen endocrino, alguien que no sea un gordólogo que solo se dedica a poner dietas de adelgazamiento. Pero estas fechas preveraniegas son malísimas y además quiero evitar los centros sanitarios. Ufffffff. Necesitaría, también, recuperar los chequeos habituales, pero me da grima. Dejaré pasar el verano y en septiembre ya veremos.

Hoy vienen G y B a comer, qué bueno esto de regresar a una cierta normalidad. Y, como los fines de semana previos, elaborar nuevos vídeos para el canal. Sin prisas, porque a estas alturas ya no tengo público estudiantil que lo necesite.

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Viernes 12 de junio de 2020

Si no escribo nada más despertarme, se me va el santo al cielo. Son las diez. Dentro de una hora tengo mi videoconferencia y no había anotado nada aquí todavía. Qué horror.

Llevo dos días completos enfangada en mi primera novela, cargándola de otras emociones y dándole nuevas perspectivas. Y por eso, hoy, de pronto, siento ajenos mis textos para la nueva, la que quiero proponerle a mi grupo. Acabo de comprobar por mí misma, entonces, que se me da mal escribir dos historias simultáneamente. A no ser, como hago respecto a los vídeos, que les adjudique tiempos diferentes y me ciña a los horarios. De momento me concederé un poco más de margen y lo voy a intentar.

Todo esto sucede porque quiero dales contenido a las sesiones del taller que me quedan, la verdad sea dicha. Si no fuese por esa obligación, estaría de lleno con Nina y nada más. Sin embargo, hagamos del defecto virtud, puedo buscar más propuestas de creación y someterlas a su escrutinio y así darme a mí misma más posibilidades. ¿O será una locura? He de reflexionar sobre el asunto un poco más. Me quedan tres sesiones, tampoco es cosa de dispersarme mucho. Será suficiente con bosquejar el nuevo proyecto.

La ola ártica que nos deja a 10ºC por las noches todavía nos acompaña. Es un clima agradable, nada habitual en estas fechas, que dicen las previsiones que no durará más allá del domingo. Qué lástima, con lo bien que se duerme con esas temperaturas. En fin, tampoco hay que extrañarse si llega el calor, porque la próxima semana será el solsticio de verano y eso es lo esperable. Mientras tanto, disfruto de esta buhardilla fresquita.

Me pongo a repasar mis textos, que hace días que no los miro. Hasta mañana.

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Jueves 11 de junio de 2020

Escribo la fecha y constato que además de once hoy también es jueves, como aquel maldito de marzo que arrancó a Rodrigo de nuestras vidas. Ya le he escrito en su bitácora, ahora anoto en esta unos párrafos y enseguida seguiré corrigiendo más textos. Parece que escribir es mi ocupación predominante.

Seguimos teniendo temperaturas bajas por la noche, lo que refresca mucho el ambiente, además, claro, de la casa, cuando la ventilo cada mañana. Llevamos ya muchos días así, pero no me quejo, son de lo más agradables. Salimos poco, JC teletrabaja, y yo dedico sus mismas horas a la tarea que me he autoimpuesto, pero que, claramente, hago porque me gusta.

Poco más se me ocurre hoy, que tecleo desde la buhardilla, sintiendo la brisa que corre desde aquí hasta los confines de la casa, escaleras abajo, y que me está haciendo dudar si debo ponerme algo de manga larga.

El canal de YouTube tiene pocas visitas, pero, poquito a poco, avanza. Yo sigo elaborando vídeos y subiéndolos cada cuatro días. Los hago con bastante soltura, voy mejorando el tiempo y optimizando esfuerzos. Sé que técnicamente son muy sencillos, pero lo que cuento de sintaxis me parece que está bastante bien, que es práctico, claro y ajustado a la ciencia lingüística. Por eso continúo el experimento. Lo haré mientras tenga ganas y algo que contar. Siempre de mis materias, claro. Yo soy de los youtubers de la rama educativa, no de los que narran sus vidas 😉

Y repecto a las novelas, estoy revisando el primer proyecto con las aportaciones que me hizo el corrector, que me parecen muy sensatas y válidas. Ayer estuve toda la mañana, hoy me propongo hacer lo mismo, porque para el viernes ya tengo texto y estructura preparados. Lo que no sé es si seré capaz de llevar a la vez correcciones en la uno y escritura creativa en la tres. Voy a probarlo. Hay a quien le funciona la alternancia. Yo, en principio, creo que preferiría centrarme en una tarea y no acometer la siguiente hasta haberla acabado, pero quiero intentarlo. Puede que sea eficaz tener alternativa cuando una trama o un texto me sature.

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Miércoles 10 de junio de 2020

Hace un año estaba viviendo mis últimos días de docencia y mi última EvAU. Reviso las fotos del móvil y compruebo que la última con fecha en la pizarra es del 18 de junio de 2019. Parece que todo sucedió en otra vida. Ahora vivo otra existencia.

Mañana vuelve a ser jueves y once. No hay tregua, el tiempo pasa, a veces deprisa, a veces lento, pero inexorable. Y me quedan tres sesiones de Narrativa. Y luego, las vacaciones.

Me apetecen, aunque parezca que no hago sino lo que quiero. Llevo buena marcha de trabajo y de presión, aunque sean autoimpuestos. Necesito un cambio. Y va a llegar de una manera poco glamourosa, con la obra. Veremos cómo lo sobrellevo.

G anda contento, reservando para sus vacaciones, no sé si con poca consciencia de que el maldito coronavirus sigue ahí o con la fuerza juvenil que todo lo arrolla. O ambas. Espero que les salga muy bien. Nosotros resistiremos hasta septiembre u octubre, luego se verá. Este verano, como mucho, los mismos chapuzones esporádicos en la piscina que otros años. Incluso menos.

Me desperté demasiado pronto. No son ni las siete y ya he dedicado una hora a las noticias y media a este blog. Sigue el tiempo fresco y agradable.

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Martes 9 de junio de 2020

Buenos días fresquitos, son las ocho y diez, escribo desde mi buhardilla, tras una hora larga entretenida en leer noticias. Siguen el viento del Este y las temperaturas agradables, casi frías, en la madrugada. Por eso puedo airear toda la casa solo dejando las ventanas abiertas en ángulo vertical, esa posición tan cómoda para la intimidad y para que no entre una lluvia posible. Ayer, durante horas, evitamos el toldo por si volvían a caer granizos, como el domingo, o se producían los chubascos previstos. Ojalá este tiempo se mantenga, es delicioso.

Ayer JC llevó a Ela a La Paz. Tiene una fractura fea, que con otra edad supondría una operación, pero que el traumatólogo descartó. La dejará con menos movilidad, pero los riesgos de una intervención son peores. Además de que la paciente no quería someterse a ella, todo hay que decirlo. Por la tarde, el pobre JC apenas había comido, tuvo que volver a irse a su casa. Los técnicos habían encontrado un huequito para medir y dejar todo preparado para la instalación de aire acondicionado que finalmente harán la próxima semana. Bien. Otra cosa resuelta. Hasta hoy, Ela había rechazado la idea, según ella por innecesaria, aunque llevaba ya varios días quejándose del calor. En estos momentos, sin embargo, resulta del todo imprescindible. Porque, desde luego, con sus años y con una recuperación que durará al menos tres meses, no se puede ir a Cercedilla, como hizo por las bravas el verano anterior. Además de frío, la bomba de calor también ayudará en el invierno, haciendo más eficaz y barato calentar el piso que con los radiadores eléctricos antiguos que todavía usaba.

Estuve sola casi todo el día y me cundió para escribir unos cientos de palabras de mi nuevo proyecto. No llegan a mil, sin embargo me animan a continuar. Hoy, más. Aunque también toca ir la compra, como todos los martes. Miedo me da, no obstante, que ya en fase 2, han vuelto a abrirse los centros comerciales y puede haber un repunte de gentes merodeantes. En todo caso, como las tiendas no abren hasta las diez y el híper lo hace a las nueve, me propongo escaparme a primera hora, para evitar el bullicio. En breve, ya que son las 8:35. Hasta mañana, entonces.

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Lunes 8 de junio de 2020

Son las siete. El álbum de fotos del teléfono me muestra fotografías de hace un año, del bautizo y la fiesta de Andrei Daniel, y luego de mi aula y fechas de junio en la pizarra. Parece que sucedió hace mucho más tiempo, no doce meses, sino veinte o treinta. Cuántas vivencias en este periodo, especialmente las de la cuarentena.

Recuerdo a mis últimos alumnos. A los pequeños, los de trece, en clase, en la Feria del Libro, en el salón de actos, por los pasillos. Y a los de segundo de bachillerato y sus denodados esfuerzos por terminar el curso y sacar adelante la prueba de EvAU. Luego me río viendo que el predictor de palabras del móvil no conoce «denodado» y se lo acabo de «enseñar» yo.

Si alguna vez tuve nostalgia y miedo de haber pedido la jubilación, se me pasó con la pandemia. De menuda me he librado. Y por los pelos.

Ya tengo 10 vídeos en el canal, en ese campo me siento cómoda. En el narrativo apenas he empezado, hoy es cuando toca. No sé muy bien cómo arrancar, simplemente haré unas pruebas. Creo que seguiré con la misma técnica y punto de vista, ya que el ambiente y la ubicación son similares. Cambian el tiempo externo y la temática. Ya veremos si puedo mantener esa manera de contar.

Hace fresco, ayer llovió un poco, con granizo incluido, veo moverse las ramas del pruno pero los trinos prevalecen sobre el murmullo del tráfico, así que supongo que ha cambiado la dirección del viento.

Ela tiene consulta médica, JC la lleva, en el hospital donde la atendieron y también a J. Esperemos que todo esté bien. No es un buen lugar al que acudir, pero no hay otro, pues los ambulatorios están o cerrados o a medio gas. El gobierno de la Comunidad de Madrid no quiere poner ni un euro en adecentar la sanidad pública. Lo ha hecho a regañadientes y por cumplir protocolos, pero se le ve de lejos. Tampoco en educación. Así nos va.

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Domingo 7 de junio de 2020

Qué raro me resulta todo. A las seis y veintiocho de este nuevo día, reflexiono sobre nuestra nueva vida, la comparo con la del año 2019 y me quedo sin palabras. No solo me extraña porque me he jubilado, que también, sino por esta nueva normalidad que nos está ocurriendo. Los ritmos que la acompañan, las actividades en las que me centro.

Poco queda de mi Taller. Tres sesiones. Mañana me pongo a escribir algún retazo, no estoy segura de qué, pero lo improviso, aunque luego no sea el comienzo de la novela. Además de mi conato de estructura. Lo que sea para aprovechar esas tres y últimas oportunidades.

En los vídeos siento que avanzo. He adquirido soltura y rapidez en hacerlos. Hablo más fluidamente, a veces de un tirón. Y es comodísimo funcionar con PowerPoint, porque puedo arreglar el audio de hoja en hoja, y no necesito un editor de vídeo.

Ayer volvimos a bailar JC y yo. Parecía que tras tanto tiempo sin hacerlo pudiéramos haber olvidado los pasos, pero no. No solo los recordamos bien, sino que nos descubrimos cada vez más coordinados. Jajajajaja. Y además corroboramos que seguía siendo una cosa muy, muy divertida.

Ventanas abiertas, tráfico y viento del oeste, pájaros cantarines, empieza otra mañana de junio.

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Sábado 6 de junio de 2020

Hoy escribo en el ordenador, aunque suelo hacerlo con el móvil. Hace una temperatura deliciosa en mi buhardilla. Escucho, como casi siempre, los trinos de los pájaros y el tráfico lejano de la M50, que solo llega si sopla el viento desde el Oeste y las ventanas están abiertas.

Ayer finiquité mi segunda novela a efectos de compartir con mis compañeros de escritura. Me propongo empezar ya con la tercera. Esos tanteos son siempre divertidos, aunque no fluyan los textos tanto como cuando ya se tiene todo encarrilado.

También fui subiendo vídeos a mi canal de YouTube y me emociona ver que se suscribe gente y que hay quien ve las lecciones. Al menos que no sea un trabajo inútil. Me motiva a continuar.

Son casi las ocho. Empieza un día bonito. Espero que lo sea las 24 horas.

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Viernes 5 de junio de 2020

Son las 6:42 de una mañana fresquita de junio. Sopla mucho menos viento que ayer, por lo que los trinos prevalecen sobre el murmullo del tráfico lejano.

Ayer tuve dos encuentros on-line que me dejaron agotada. Un webinar sobre SEO aburridísimo, del que he aprendido algunos conceptos básicos sobre el asunto y poco más (la estrategia última era vender una herramienta que por supuesto ni me interesa ni compré). Y la presentación de una novela, la tercera de EG. Empezó interesante pero se fue transformando y me fui antes de que acabase porque me crispaba. Estuvo entre pretenciosa, distendida, dicharachera y mucho tal, sobre todo tal. A pesar de mi bagaje académico, hay cosas que me estomagan. Me temo que cada vez más, que empeoran con la vejez.

El esfuerzo continuo de seguir lo que contaban en ambos sitios, los discursos de ambos, cargados de palabrería, intrincados, y a la vez vacuos, me estresó enormemente. Terminé pidiéndole a JC que nos diéramos un paseo. No caí en que se perdía su Intermedio favorito. Ya lo siento. Solo caminamos quince minutos, un trecho corto, por cansancio y porque eran las diez y ya estaba oscuro. Me sorprendió no ver a nadie por la calle, y que arreciaba un viento helado impropio de estas fechas y estas latitudes. Luego me dormí como si hubiera estado picando piedra.

Hoy es viernes, tengo mi Taller, pocas sesiones me quedan ya. Ha sido mi sostén emocional durante la pandemia. Que no se me olvide agradecerles a los compañeros, que lo son y a la vez no lo son, porque soy la única «de fuera». Me preocupa haber sido tratada con la condescendencia que se debe al cliente, que vi aplicar a otros en mis circunstancias y que me temo que también me otorgan a mí. Por eso creo que buscaré otra fórmula el próximo año. Ya veremos. Porque el apoyo emocional no es desdeñable.

El caso es que acumulo textos con los que no sé qué hacer luego. Me falta energía o interés para promocionarlos. Tal vez llegue más adelante, no quiero dejar de escribir por esa imposibilidad emocional mía de buscarles un acomodo editorial o una autoedición. Estoy en modo escribidora y no me pesan los textos, así que continúo. Quizá los mande a un concurso. No sé. No quiero pensarlo todavía.

JC teletrabaja cada vez más. Pronto volverá a hacerlo de forma presencial y empezaremos una obra que me voy a comer sola cada mañana. No sé si me pillará en buen momento psicológico, pero es que no tenemos opción, hay que hacerla por pura necesidad. Lo de siempre, vivir el día. Me refugiaré en la habitación de G y no pensaré más. Si pudimos en la pandemia, sin final previsto, podré con esto, que estará acabado para agosto.

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Jueves 4 de junio de 2020

Despierto hoy alrededor de las seis, con el ruido del tráfico, ya tan abundante como antes de, y especialmente aumentado por el viento que lo trae desde lejos. Las ventanas están abiertas, se agradece el fresquito, aunque incomoda que el runrún de la autopista tape los trinos de los pájaros.

Esta tarde tengo un par de citas virtuales. Una charla de sobre SEO a las seis y una presentación literaria a las siete. Veremos qué tal paso de una a otra.

Estos tres últimos días no he escrito tanto como en los anteriores, porque no tengo proyecto todavía. Me ha venido bien el descanso. Estoy animosa y sigo depurando los borradores para el próximo. Y tengo en mente nuevos vídeos para el canal de YouTube.

Zurea una paloma. Pían los gorriones. Por fin los oigo, con el tráfico de fondo. El pruno mueve las ramas. Llevo 345 días seguidos apuntando la vida aquí.

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Miércoles 3 de junio de 2020

Escribo la fecha y me recuerdo a mí misma haciendo lo propio en la pizarra hace un año. Qué contenta estaba de poderme marchar. Y ahora, resulta que está a punto de acabarse mi primer curso como jubilauta. Menuda experiencia ha sido, de lo más accidentada. Absolutamente impredecible. Voy a recordar este año, ya lo creo.

Supongo que seguiré midiendo la vida así, por cursos. Es una costumbre difícil de erradicar. Todavía vivo cercana a la docencia, o hago actividades que se organizan de la misma manera. Además, aún estoy próxima al instituto y a los compañeros. Pero es solo cuestión de tiempo que ese nexo se vaya diluyendo. En cuanto se jubilen los más cercanos, y no queda mucho.

¿Cuántos cursos de pensionista resistiré? Es imposible no pensar que estoy en la última etapa de mi vida. Supongo que serán menos que los trabajados, que llegaron a ser 38. Y ya ni te digo, si les sumo los que viví como alumna: 5 de carrera, 7 de enseñanza media, 4 de primaria y no sé si uno o dos de parvulario. Voy a poner uno por no exagerar y el cómputo. 1+4+7+5 me da 17. Hago la suma total, 17+38 y alcanzo los 45.

Jolines. Qué fuerte. Desde luego que no, que no llegaré a otros 45. Más que nada porque sería centenaria y 106 es impensable, además de algo que me horroriza. Tampoco creo que alcance 38, doblando los de actividad, pues me pondría en 99, mal número, como de rebajas. Y más de lo mismo en cuanto a excesivo.

Dado lo inútil que resulta perder el tiempo en estas cábalas, apunto solo que la muerte puede estar a la vuelta de la esquina, ya lo hemos experimentado con dolor. O llegar demasiado despacio, (me temo que casi nunca acierta). Y que ahora estoy en la fase de disfrutar del tiempo de descanso que me gané con esos 45 años de esfuerzo continuo.

A punto de finalizar mi actividad estrella de este curso tan accidentado, el Taller de Proyectos Narrativos de los viernes por la mañana, (solo me quedan cuatro sesiones), tengo ya un esbozo de la novela siguiente. Lo llevaré en la segunda sesión. A ver si soy capaz de escribir algo para la tercera y la cuarta y encarrilarlo lo suficiente. Me vendría bien como proyecto para el verano.

Aunque el mes de julio no será tranquilo y no sé si podré concentrarme, porque haremos obra en el tejado. (Esta casa es un agujero sin fondo, por cierto. Esperamos no encontrarnos más trampas después de todo lo que hemos arreglado). En fin, será un buen lío, pero no podemos dejarlo más. Lo teníamos apalabrado desde enero y temíamos que tras la reclusión no pudieran venir. Sin embargo, no ha habido problema y empezarán el primer lunes. Va a ser un tostón necesario.

Hace calor, dormimos con las ventanas abiertas, se oye el tráfico y una máquina segadora industrial, deben de andar adecentando las sendas y sus praderas. Son las ocho. Buenos días.