Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Viernes 5 de junio de 2020

Son las 6:42 de una mañana fresquita de junio. Sopla mucho menos viento que ayer, por lo que los trinos prevalecen sobre el murmullo del tráfico lejano.

Ayer tuve dos encuentros on-line que me dejaron agotada. Un webinar sobre SEO aburridísimo, del que he aprendido algunos conceptos básicos sobre el asunto y poco más (la estrategia última era vender una herramienta que por supuesto ni me interesa ni compré). Y la presentación de una novela, la tercera de EG. Empezó interesante pero se fue transformando y me fui antes de que acabase porque me crispaba. Estuvo entre pretenciosa, distendida, dicharachera y mucho tal, sobre todo tal. A pesar de mi bagaje académico, hay cosas que me estomagan. Me temo que cada vez más, que empeoran con la vejez.

El esfuerzo continuo de seguir lo que contaban en ambos sitios, los discursos de ambos, cargados de palabrería, intrincados, y a la vez vacuos, me estresó enormemente. Terminé pidiéndole a JC que nos diéramos un paseo. No caí en que se perdía su Intermedio favorito. Ya lo siento. Solo caminamos quince minutos, un trecho corto, por cansancio y porque eran las diez y ya estaba oscuro. Me sorprendió no ver a nadie por la calle, y que arreciaba un viento helado impropio de estas fechas y estas latitudes. Luego me dormí como si hubiera estado picando piedra.

Hoy es viernes, tengo mi Taller, pocas sesiones me quedan ya. Ha sido mi sostén emocional durante la pandemia. Que no se me olvide agradecerles a los compañeros, que lo son y a la vez no lo son, porque soy la única «de fuera». Me preocupa haber sido tratada con la condescendencia que se debe al cliente, que vi aplicar a otros en mis circunstancias y que me temo que también me otorgan a mí. Por eso creo que buscaré otra fórmula el próximo año. Ya veremos. Porque el apoyo emocional no es desdeñable.

El caso es que acumulo textos con los que no sé qué hacer luego. Me falta energía o interés para promocionarlos. Tal vez llegue más adelante, no quiero dejar de escribir por esa imposibilidad emocional mía de buscarles un acomodo editorial o una autoedición. Estoy en modo escribidora y no me pesan los textos, así que continúo. Quizá los mande a un concurso. No sé. No quiero pensarlo todavía.

JC teletrabaja cada vez más. Pronto volverá a hacerlo de forma presencial y empezaremos una obra que me voy a comer sola cada mañana. No sé si me pillará en buen momento psicológico, pero es que no tenemos opción, hay que hacerla por pura necesidad. Lo de siempre, vivir el día. Me refugiaré en la habitación de G y no pensaré más. Si pudimos en la pandemia, sin final previsto, podré con esto, que estará acabado para agosto.