Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Martes 9 de junio de 2020

Buenos días fresquitos, son las ocho y diez, escribo desde mi buhardilla, tras una hora larga entretenida en leer noticias. Siguen el viento del Este y las temperaturas agradables, casi frías, en la madrugada. Por eso puedo airear toda la casa solo dejando las ventanas abiertas en ángulo vertical, esa posición tan cómoda para la intimidad y para que no entre una lluvia posible. Ayer, durante horas, evitamos el toldo por si volvían a caer granizos, como el domingo, o se producían los chubascos previstos. Ojalá este tiempo se mantenga, es delicioso.

Ayer JC llevó a Ela a La Paz. Tiene una fractura fea, que con otra edad supondría una operación, pero que el traumatólogo descartó. La dejará con menos movilidad, pero los riesgos de una intervención son peores. Además de que la paciente no quería someterse a ella, todo hay que decirlo. Por la tarde, el pobre JC apenas había comido, tuvo que volver a irse a su casa. Los técnicos habían encontrado un huequito para medir y dejar todo preparado para la instalación de aire acondicionado que finalmente harán la próxima semana. Bien. Otra cosa resuelta. Hasta hoy, Ela había rechazado la idea, según ella por innecesaria, aunque llevaba ya varios días quejándose del calor. En estos momentos, sin embargo, resulta del todo imprescindible. Porque, desde luego, con sus años y con una recuperación que durará al menos tres meses, no se puede ir a Cercedilla, como hizo por las bravas el verano anterior. Además de frío, la bomba de calor también ayudará en el invierno, haciendo más eficaz y barato calentar el piso que con los radiadores eléctricos antiguos que todavía usaba.

Estuve sola casi todo el día y me cundió para escribir unos cientos de palabras de mi nuevo proyecto. No llegan a mil, sin embargo me animan a continuar. Hoy, más. Aunque también toca ir la compra, como todos los martes. Miedo me da, no obstante, que ya en fase 2, han vuelto a abrirse los centros comerciales y puede haber un repunte de gentes merodeantes. En todo caso, como las tiendas no abren hasta las diez y el híper lo hace a las nueve, me propongo escaparme a primera hora, para evitar el bullicio. En breve, ya que son las 8:35. Hasta mañana, entonces.