Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Miércoles 10 de junio de 2020

Hace un año estaba viviendo mis últimos días de docencia y mi última EvAU. Reviso las fotos del móvil y compruebo que la última con fecha en la pizarra es del 18 de junio de 2019. Parece que todo sucedió en otra vida. Ahora vivo otra existencia.

Mañana vuelve a ser jueves y once. No hay tregua, el tiempo pasa, a veces deprisa, a veces lento, pero inexorable. Y me quedan tres sesiones de Narrativa. Y luego, las vacaciones.

Me apetecen, aunque parezca que no hago sino lo que quiero. Llevo buena marcha de trabajo y de presión, aunque sean autoimpuestos. Necesito un cambio. Y va a llegar de una manera poco glamourosa, con la obra. Veremos cómo lo sobrellevo.

G anda contento, reservando para sus vacaciones, no sé si con poca consciencia de que el maldito coronavirus sigue ahí o con la fuerza juvenil que todo lo arrolla. O ambas. Espero que les salga muy bien. Nosotros resistiremos hasta septiembre u octubre, luego se verá. Este verano, como mucho, los mismos chapuzones esporádicos en la piscina que otros años. Incluso menos.

Me desperté demasiado pronto. No son ni las siete y ya he dedicado una hora a las noticias y media a este blog. Sigue el tiempo fresco y agradable.