Si no escribo nada más despertarme, se me va el santo al cielo. Son las diez. Dentro de una hora tengo mi videoconferencia y no había anotado nada aquí todavía. Qué horror.
Llevo dos días completos enfangada en mi primera novela, cargándola de otras emociones y dándole nuevas perspectivas. Y por eso, hoy, de pronto, siento ajenos mis textos para la nueva, la que quiero proponerle a mi grupo. Acabo de comprobar por mí misma, entonces, que se me da mal escribir dos historias simultáneamente. A no ser, como hago respecto a los vídeos, que les adjudique tiempos diferentes y me ciña a los horarios. De momento me concederé un poco más de margen y lo voy a intentar.
Todo esto sucede porque quiero dales contenido a las sesiones del taller que me quedan, la verdad sea dicha. Si no fuese por esa obligación, estaría de lleno con Nina y nada más. Sin embargo, hagamos del defecto virtud, puedo buscar más propuestas de creación y someterlas a su escrutinio y así darme a mí misma más posibilidades. ¿O será una locura? He de reflexionar sobre el asunto un poco más. Me quedan tres sesiones, tampoco es cosa de dispersarme mucho. Será suficiente con bosquejar el nuevo proyecto.
La ola ártica que nos deja a 10ºC por las noches todavía nos acompaña. Es un clima agradable, nada habitual en estas fechas, que dicen las previsiones que no durará más allá del domingo. Qué lástima, con lo bien que se duerme con esas temperaturas. En fin, tampoco hay que extrañarse si llega el calor, porque la próxima semana será el solsticio de verano y eso es lo esperable. Mientras tanto, disfruto de esta buhardilla fresquita.
Me pongo a repasar mis textos, que hace días que no los miro. Hasta mañana.