Qué raro me resulta todo. A las seis y veintiocho de este nuevo día, reflexiono sobre nuestra nueva vida, la comparo con la del año 2019 y me quedo sin palabras. No solo me extraña porque me he jubilado, que también, sino por esta nueva normalidad que nos está ocurriendo. Los ritmos que la acompañan, las actividades en las que me centro.
Poco queda de mi Taller. Tres sesiones. Mañana me pongo a escribir algún retazo, no estoy segura de qué, pero lo improviso, aunque luego no sea el comienzo de la novela. Además de mi conato de estructura. Lo que sea para aprovechar esas tres y últimas oportunidades.
En los vídeos siento que avanzo. He adquirido soltura y rapidez en hacerlos. Hablo más fluidamente, a veces de un tirón. Y es comodísimo funcionar con PowerPoint, porque puedo arreglar el audio de hoja en hoja, y no necesito un editor de vídeo.
Ayer volvimos a bailar JC y yo. Parecía que tras tanto tiempo sin hacerlo pudiéramos haber olvidado los pasos, pero no. No solo los recordamos bien, sino que nos descubrimos cada vez más coordinados. Jajajajaja. Y además corroboramos que seguía siendo una cosa muy, muy divertida.
Ventanas abiertas, tráfico y viento del oeste, pájaros cantarines, empieza otra mañana de junio.