Escribo la fecha y me recuerdo a mí misma haciendo lo propio en la pizarra hace un año. Qué contenta estaba de poderme marchar. Y ahora, resulta que está a punto de acabarse mi primer curso como jubilauta. Menuda experiencia ha sido, de lo más accidentada. Absolutamente impredecible. Voy a recordar este año, ya lo creo.
Supongo que seguiré midiendo la vida así, por cursos. Es una costumbre difícil de erradicar. Todavía vivo cercana a la docencia, o hago actividades que se organizan de la misma manera. Además, aún estoy próxima al instituto y a los compañeros. Pero es solo cuestión de tiempo que ese nexo se vaya diluyendo. En cuanto se jubilen los más cercanos, y no queda mucho.
¿Cuántos cursos de pensionista resistiré? Es imposible no pensar que estoy en la última etapa de mi vida. Supongo que serán menos que los trabajados, que llegaron a ser 38. Y ya ni te digo, si les sumo los que viví como alumna: 5 de carrera, 7 de enseñanza media, 4 de primaria y no sé si uno o dos de parvulario. Voy a poner uno por no exagerar y el cómputo. 1+4+7+5 me da 17. Hago la suma total, 17+38 y alcanzo los 45.
Jolines. Qué fuerte. Desde luego que no, que no llegaré a otros 45. Más que nada porque sería centenaria y 106 es impensable, además de algo que me horroriza. Tampoco creo que alcance 38, doblando los de actividad, pues me pondría en 99, mal número, como de rebajas. Y más de lo mismo en cuanto a excesivo.
Dado lo inútil que resulta perder el tiempo en estas cábalas, apunto solo que la muerte puede estar a la vuelta de la esquina, ya lo hemos experimentado con dolor. O llegar demasiado despacio, (me temo que casi nunca acierta). Y que ahora estoy en la fase de disfrutar del tiempo de descanso que me gané con esos 45 años de esfuerzo continuo.
A punto de finalizar mi actividad estrella de este curso tan accidentado, el Taller de Proyectos Narrativos de los viernes por la mañana, (solo me quedan cuatro sesiones), tengo ya un esbozo de la novela siguiente. Lo llevaré en la segunda sesión. A ver si soy capaz de escribir algo para la tercera y la cuarta y encarrilarlo lo suficiente. Me vendría bien como proyecto para el verano.
Aunque el mes de julio no será tranquilo y no sé si podré concentrarme, porque haremos obra en el tejado. (Esta casa es un agujero sin fondo, por cierto. Esperamos no encontrarnos más trampas después de todo lo que hemos arreglado). En fin, será un buen lío, pero no podemos dejarlo más. Lo teníamos apalabrado desde enero y temíamos que tras la reclusión no pudieran venir. Sin embargo, no ha habido problema y empezarán el primer lunes. Va a ser un tostón necesario.
Hace calor, dormimos con las ventanas abiertas, se oye el tráfico y una máquina segadora industrial, deben de andar adecentando las sendas y sus praderas. Son las ocho. Buenos días.