Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Martes 2 de junio de 2020

Otro día más. El calor se ha instalado y las ventanas abiertas dejan pasar los trinos habituales. También un fondo lejano de tráfico que hasta hace poco no se notaba. No sé si es que cada vez se mueve más gente o si ha cambiado el viento dominante.

La vida sigue y nosotros con ella. JC y G teletrabajando, B en su farmacia, agotada por tantas jornadas laborales extremas, aunque, menos mal, dice que ahora se van suavizando. Desde que la gente ya puede ir a «otras tiendas» y al médico, ya no acude en masa. Yo, mientras tanto, me mantengo ocupada a mi manera. Nada comparable, lo sé.

Trazo los primeros esbozos de mi tercer proyecto. Empiezo el último mes del curso y no sé si haré otros más adelante. Puede que me dedique a escribir sin más y luego pida a alguien que me lo mire. Me saldría más a cuenta. Excepto en lo que significa tener compañía. En medio del confinamiento me ha venido muy bien, me animaba ver caras y compartir el gusto de escribir. Todavía me pasa. Preparo mi tarea pensando en el viernes, y la comparto siempre muy ilusionada.

Los meses previos a esta situación excepcional, me encantó conocer la Escuela y acudir a ella, a pesar de la distancia. Pero mientras la pandemia no remita, no voy a arriesgarme a dos horas de transporte público. No empezaré curso presencial en octubre. Y de los online estoy un poco cansada.

Son las 6:40. Hoy me he despertado muy pronto. Encuentro unas líneas de KD «Hi you guys, how are you both getting on these days? God Bless, Kenny». Compruebo que justo hace un mes nos mandó otro mensaje y me enternece pensar que nos ha incluido en su ronda de comprobaciones. Fue una dura pero interesante experiencia la que vivimos en Irlanda del Norte.

Qué calor. Me daré una ducha y empezaré la jornada. Buenos días.