Bueno, ya está, empezamos semana y mes. El tiempo sigue pasando y nosotros, bien por costumbre, bien porque nos resulta cómodo, permanecemos en casa. Desde el último susto de Ela es que ni salimos a pasear. Reflexiono que estamos casi como en el confinamiento, pero sin la angustiosa sensación de no poder disponer de nuestras vidas.
Aunque tampoco es que podamos dirigirlas. Puede parecerlo en ocasiones, pero la realidad es que la vida da virajes y toma direcciones inesperadas. Sin que podamos elegir.
Durante el fin de semana hice dos vídeos, uno de teoría y otro de práctica, hoy debo regresar a la narrativa. A ver si le doy más vueltas a mi próximo proyecto.
Y poco más puedo contar. Trabajo en ambas áreas con constancia e ilusión. No me embarco en más asuntos, al menos de momento, porque si son demasiados, como me pasaba en el primer trimestre, me parece que desperdigo mis energías, no abarco lo suficiente y no avanzo.
Tengo poco horizonte por delante en este verano. Como mucho algún curso online. No creo. La Semana Negra la seguiré de esa manera, porque evitarán los grandes aforos y tienen prevista esa opción.
Como decía el prota de Las bicicletas son para el verano, «Sabe Dios cuándo habrá otro verano». Yo con seguir aquí con JC y tener cerca a G me conformo.